¡Shema Israel!

judos

¿Qué le ocurre a este pueblo ancestral que no termina de mirar hacia adelante, que sigue optando por el ojo por ojo, que prefiere seguir arañando tierra a sus hermanos árabes en vez de sentarse a firmar la paz y celebrarla y regalarla a sus hijos y a los hijos de sus hijos? ¿Qué le ocurre a este pueblo hermano que desoye a sus Pofetas, a su Hijo más excelso, que quiere seguir durmiendo abrazado al fusil de asalto y despertar acorazado. Triunfa Benjamin Netanyahu y pierde la entente, el diálogo, la negociación imprescindible. Pierde el derecho de los palestinos a constituirse en Estado independiente. Gana el líder del Likud y con ellos los de las escavadoras, los de los muros infinitos, los que creen suyos todos los campos de limoneros.

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¡Gracias Don Miguel!

quijote

Yo creo que se pasea y recrea libre por una Mancha inmensa, sin forajidos, ni asaltantes, sin gigantes, ni molinos. Yo no creo que Cervantes esté ahí, en esos huesos desbaratados y carcomidos, en esa estancia tan lúgubre del Convento de las Trinitarias.

Dicen que es Cervantes, que en esa osamenta arrinconada, podrida está el genio, el autor de la obra cumbre. Yo no creo que la muerte tiene aguijón, ni el sepulcro victoria. Yo no creo que somos cuerpo, envoltorio que devoran un tiempo embaucador, unos gusanos hambrientos. Yo creo que somos almas que avanzamos a pie, en asnos o Rocinantes por caminos de infinitas aventuras, que atendemos batallas y desafíos interiores en un eterno aprendizaje.

El verdadero Don Miguel siguió seguramente mojando la pluma, escribiendo en papeles más ligeros novelas sin tiempo cargadas de conocimiento, narrativa iniciática rebosada de enseñanza. El envoltorio no es el alma. ¿Y si el espíritu hace ya casi cinco siglos que emprendiera vuelo y después retornara? No sé si a la misma Mancha, a Sierra Morena o a alguna “insula” perdida, pero yo creo que Cervantes volvió después a la Tierra, entonces con los dos brazos, con todos los dientes, sin tener que pasar por Lepanto, ni por el cautiverio de Argelia, entonces sin tener que recorrer los pueblos de Sevilla requiriendo lastrantes monedas, desorbitados impuestos.
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Somos todas las civilizaciones

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Civilización es una forma de estar en el mundo, de imaginar a Dios y Su Misterio, una manera de relacionarse con el medio, con los semejantes. Negar la civilización es negarnos a nosotros mismos y nuestro pasado colectivo, negar el potencial del ser humano para crear y recrear en diversidad.

Somos todas las civilizaciones, todas nos engrandecen y hacen de nuestro presente el más rico, el más nutrido de todos los tiempos. Somos las catedrales góticas y su sed de luz, las cariátides griegas sosteniendo impasibles piedras y nubes, los soberbios acueductos romanos trayendo el agua y la vida desde las cumbres, las mezquitas rodeadas de sus fuentes y sus risas, las sinagogas y todos sus candelabros encendidos… Somos el templo hindú desbordado de flores y de frutas, el tipi del indio inundado de sagrado tabaco. Meditamos sin mover un dedo en el jardín zen, pero damos vueltas sin parar en la “sema” de los derviches… Somos los templos de todos tiempos albergando todos sus dioses. Somos por supuesto los toros de Senaquerib, los palacios asirios y sus colosales esfinges aladas tomando impulso para alzarse a los cielos… Somos esa elevada civilización que brotó a la orilla del Tigris 3.000 años antes de Cristo y que sólo el insensato ahora puede pretender reducir a añicos.

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Hoy más que nunca el arte

Cidades-0012-www.templodeapolo.net---Ruínas-da-entrada-do-palácio-de-Nimrud

El día pasado, los yihadistas comenzaron a saquear y arrasar con topadoras y excavadoras la ciudad asiria de Nimrud, joya arqueológica del norte de Irak, una semana después de destruir valiosas esculturas preislámicas en Mosul. Pensábamos que había muerto para siempre el “¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!” de aquel desafortunado general franquista. Pensábamos que tras el grito de aquel triste 12 de Octubre de 1936 en la Universidad de Salamanca, todos, cada quien en su forma y medida, amábamos la cultura.

Se nos pide un plus de compasión al contemplar como los fundamentalistas destruyen todo rastro de cultura y de arte en los territorios ocupados por el denominado Estado Islámico. Plus de compasión para aquellas almas tan dormidas, incapaces de apreciar la belleza. Plus de compasión para volcar sobre esos seres que arremeten mazo en mano contra tan valiosos legados. Plus de compasión para quienes se emplean tan a fondo en la destrucción y la muerte.

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