Sumar por la paz en Ucrania

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Es curiosa la condición humana. Será cierta dificultad de hallar nobleza de ideales en nuestro interior, la que a menudo nos impide hallarla en el interior de los demás. Una alta mandataria, preocupada por la peligrosa deriva de la guerra en Ucrania, coge el viernes a la tarde un avión y va al paso de otro dirigente en busca de la paz. Lo dice con claridad al día siguiente tras cinco horas de entrevista con Vladimir Putin: “No tenemos otra alternativa: o hablar o la guerra.” Abunda en que no tenían otra salida, que EEUU está presionando fuertemente para encauzar el conflicto de forma militar. No saca pecho, simplemente afirma con rotundidad que cree en la diplomacia y que han hecho lo correcto, y, que pese a las enormes dificultades, lo seguirán intentando.

¿Qué pasa por nuestras cabezas, qué nos ocurre que se resisten a concebir un gesto de nobleza en el otro, que pensamos que siempre se guía por intereses más rastreros? ¿Qué nos ocurre para cegarnos a la bondad que al otro y por lo tanto a nosotros también, nos habita? Si yo no doy opción a que la virtud medre en el otro/as, me estoy negando a que medre igualmente en mi interior. La mente lo es todo en la creación de las realidades.

Si yo acompaño a la señora Merkel, si yo apoyo su dura negociación con un adversario intransigente, beligerante, yo estaré abriendo caminos de paz. Pero si yo determino que Merkel ha cogido un avión el viernes a la tarde en medio de una Europa cubierta de nieve, porque no tenía otro plan mejor, porque quería defender los intereses alemanes, porque quería asegurarse el gaseoducto…, estaré contribuyendo a frustrar el éxito de esa difícil negociación. Los demás son también lo que nosotros determinamos que sean.

¿Por qué habremos de dudar de las motivaciones de la dirigente alemana? ¿Por qué metemos en su cabeza lo que no lleva? Angela Merkel fue a Moscú con una sola idea en su mente, tal como lo ha confirmado en rueda de prensa: la paz, la merma del dolor inocente, pero sin embargo nosotros le endosamos toda otra colección de muy dudosas motivaciones. Nosotros fabricamos la realidad. En la medida que vemos bondad en los demás, la bondad medra y se expande por el mundo. En la medida que nosotros vemos mezquindad, la mezquindad igualmente medra y se difunde.

Urge sumar pensamientos por la paz en Ucrania, investir a los dirigentes de auténtico anhelo de acuerdo. Me niego a dudar de las buenas intenciones de la cancillera alemana al ir al encuentro ayer con Putin. Me niego a ver en su voluntad negociadora menos que la nobleza y la virtud, sobre todo cuando los hechos lo atestiguan. Me niego a concebir un mundo en el que todos los dirigentes están motivados por intereses rastreros. Como es arriba es abajo. No son ni más ni menos que nosotros, pero ellos, ellas sí que urgen de nuestro sostén positivo.

No nos gane la desconfianza, porque lo habremos perdido todo. Pertenecemos a otro mundo que se está gestando ya en la esfera de nuestros pensamientos, otro mundo en que los dirigentes se desviven altruistamente por alcanzar la paz y la concordia internacional. Pertenecemos a ese mundo y trabajaremos sin descanso, con la fuerza de nuestro pensamiento para descenderlo y encarnarlo en esta dimensión física. Porque nada, nada es más poderoso que la fuerza de nuestras mentes aunadas. La paz se construye con cada pensamiento positivo, con cada letra, con cada oración … que enviamos al punto del conflicto; con toda la luz de la que somos capaces de revestir a los actores principales del complicado tablero.

* En la imagen manifestante en marcha en Moscú por la paz y en protesta por la “agresión rusa contra Ucrania”.


Sé que me saldría más barato callarme… En mitad del chaparrón que le cae estos días, ella sigue trabajando. Sortea la nieve y se presenta ante el zar que promueve la guerra en Ucrania, que representa el primer causante del conflicto que genera día a día decenas de muertos en su mayoría civiles inocentes… Vuela y le plantea ahora junto con Hollande un plan de paz. Mientras que otros hablan sólo de armar a Ucrania y por lo tanto de agudizar el conflicto, ella viaja en mitad del invierno y explora soluciones ante el verdadero causante del infierno. No termino de creerme lo de los demonios que me presentan un día sí, al otro también las fuerzas de progreso.

El que no arremeta contra la señora Merkel no es progresista y sin embargo nadie critica a ese beligerante dictador ultranacionalista que es Putin. Será que no toca nuestro bolsillo. ¿Es que todas nuestras críticas han de estar siempre asociadas a nuestros bolsillos? ¿Cuándo a los derechos humanos?

Pienso en los miles y miles de ucranianos pro rusos y pro Kiev para quienes esa mujer es su real esperanza de paz y por lo tanto de vida. Pienso en las decenas de miles de ucranianos que malviven bajo cero en los refugios, para quienes el desembarco de Merkel hoy en Moscú es la única ilusión de resolución del conflicto que pueden abrigar.

Washington calienta motores de una guerra que nadie quiere, pero la canciller presenta un plan de mayor autonomía para las provincias prorusas, plantea una real salida a este guerra que nos estalla en la Europa del siglo XXI. No todo es blanco o negro, por más nieve que cubra estos días nuestras geografías. Sé que me saldría más barato callarme…, pero seguramente no todo es censurable en esa mujer que ponemos como diana de tantos y tantos dardos.

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