Hemiciclo sin trincheras

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Camisas impolutas, pero verbo impropio, a menudo rastrero. Una y otra vez se lanzan a la yugular de diferente color, al ataque del adversario político con toda la artillería verbal que hacen acopio. ¿Palacio de Congresos o pulcro campo de patética batalla? No les colma la gresca sempiterna, no les aburre la pelea en cada uno de los asaltos. ¿Siquiera en algún instante piensan en el bien colectivo, en verdaderamente mejorar “el estado de la nación”? Ceda ya el disparo reincidente, la palabra hiriente, la cifra engañosa, la intervención que falta al oponente, que no se ajusta a verdad… Ceda el solo deseo de que triunfe el partido propio a costa del hundimiento del ajeno.

Mejoren sus señorías su propio estado, si de forma sincera quieren mejorar el de la nación. Ceda la obsesión por dañar al contrario, en vez de construir en cooperación. Ceda el empeño de pensar exclusivamente en clave de sus siglas. Nazca el anhelo de compartir, de ayudarse unos a otros más allá de las ideologías que dividen. Nazca la causa, el trabajo, el horizonte común. Resurja el interés por los valores que aglutinan, brote una forma absolutamente nueva de hacer política.

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Nunca más la guerra…

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La nieve no terminó de inundarnos con su infinita, apabullante paz. No cesan los destellos de artillería en mitad del inmenso blanco. Pareciéramos atrapados, congelados en esos fríos antiguos, en esa pesadilla con ínfulas de eternidad. A la vista de las duras imágenes bélicas que nos llegan desde las regiones de Donetsk y Luganks inevitablemente nos preguntaremos, ¿por qué la guerra sigue a nuestro lado?, ¿por qué aún nos continúa acompañando? Pensábamos que la habíamos ya abandonado para siempre en la cuneta de esos duros inviernos, hace ya más de veinte años en las montañas de los Balcanes…
Todavía escupimos hierro para dirimir las diferencias, todavía fuego atroz cuando no terminamos de ponernos de acuerdo. Todavía geografía de odio, destrucción, y muerte; población civil dejando atrás todo, huyendo en masa de los combates, bajando a los heladores refugios, porque aún no se ha hallado otra mejor forma que la guerra para solucionar los conflictos con el vecino. ¿Así hasta cuándo? La conflagración armada es de nuevo en Europa, cuando nos creíamos libres de su brutal azote. Pensábamos que ya habíamos pasado definitivamente página, que la sangre de la población civil inocente no escribiría un solo capítulo más en la historia del viejo continente…

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Manos libres, nunca atadas

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Ahora toca atar al compañero o la compañera en la cama y empezarle a dar a azotes en el trasero… Después hay que taparse los ojos con la máscara veneciana esa y echar mano de la artillería al uso… Hollywood nos marca el guión en la cama, el Hollywood de fuera y de dentro, el Hollywood depravado que auspiciamos nosotros comprando 100 millones de libros o haciéndonos sólo en España con 155.00 entradas. Todas ellas están ya vendidas con antelación.
Antes los cánones de lo correcto los marcaba la moral católica al uso, ahora se establecen en los despachos de las grandes productoras americanas. ¡No, ya vale! No canten nuestra música más íntima. Salgamos de ese baile que tratan de colocar en nuestras cabeceras. Nadie debería escribir nuestros guiones, menos aún los de alcoba, menos aún cuando sólo nos abocan a la dependencia, a la desgracia. Ahora dicen que toca bajar a la tienda erótica y comprar el juego de la peli y practicar todos lo días para poder explorar más allá del margen de lo conocido y comedido. La peli nunca cantará que despojado el sexo de amor la deriva está asegurada; que la carrera hacia ninguna parte, más allá del tierno dar y recibir, sólo puede traer consecuencias desastrosas. La peli nunca nos dirá que la imaginación, la creatividad, la infinita posibilidad de juego que Dios nos ha regalado tenía otra finalidad, otro objetivo más altruista y generoso, que el lúgubre sado.

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Tik tak, tik tak…

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Tik tak, tik tak…, pero en realidad las agujas corrían también para nosotros/as, el gran reloj sonaba desde el fondo de nuestros propios bolsillos. ¿Se acercará la hora en que habremos de estar listos? ¿Quién no tiene pendientes en la cita con lo nuevo? Queremos inaugurar nueva etapa, fijar un límite en el tiempo para los relevos de fuera, pero seguramente el gran cambio estaba llamado a ser también por dentro…
Sí, había que poner el reloj a andar. El secuestro de las libertades, el control…, no lo eran para siempre y había que decirlo. Demasiado cortijo, demasiado ordeno y mando, demasiado meter mano en la hucha pública… Pero el reloj en realidad, siempre suena por nosotros mismos. Las campanadas de fuera no deberían distraernos. Intentamos sintonizar el íntimo reloj y el eco de fuera. Procuramos responder al momento…

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Sumar por la paz en Ucrania

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Es curiosa la condición humana. Será cierta dificultad de hallar nobleza de ideales en nuestro interior, la que a menudo nos impide hallarla en el interior de los demás. Una alta mandataria, preocupada por la peligrosa deriva de la guerra en Ucrania, coge el viernes a la tarde un avión y va al paso de otro dirigente en busca de la paz. Lo dice con claridad al día siguiente tras cinco horas de entrevista con Vladimir Putin: “No tenemos otra alternativa: o hablar o la guerra.” Abunda en que no tenían otra salida, que EEUU está presionando fuertemente para encauzar el conflicto de forma militar. No saca pecho, simplemente afirma con rotundidad que cree en la diplomacia y que han hecho lo correcto, y, que pese a las enormes dificultades, lo seguirán intentando.

¿Qué pasa por nuestras cabezas, qué nos ocurre que se resisten a concebir un gesto de nobleza en el otro, que pensamos que siempre se guía por intereses más rastreros? ¿Qué nos ocurre para cegarnos a la bondad que al otro y por lo tanto a nosotros también, nos habita? Si yo no doy opción a que la virtud medre en el otro/as, me estoy negando a que medre igualmente en mi interior. La mente lo es todo en la creación de las realidades.

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