Anchos corazones

Nadie dijo que iba a ser fácil, pero todos seguramente convendremos que será necesario intentarlo. Quizás dibujar menos caricaturas y colorear más jardines, más cuidados y acogedores espacios donde los diferentes podamos encontrarnos. Quizás menos afilados lápices y más redondos, cálidos, fraternos abrazos… Quizás la libertad no era hacer lo que nos da la gana, sino aquello con lo que más ganamos, más progresamos en cuanto entera comunidad humana.

La humanidad no va a la deriva, es acompañada. Hay grandes almas en cuyos hombros van a morir nuestras “lamentaciones”. Algunas se visten de carne, otras permanecen tras el velo. Hay conciencias muy realizadas capaces de frenar el desaire, la ira; de aliviar la crispación, el conflicto… Hay liderazgo planetario, hay seres como el Papa Francisco, el Dalai Lama, el Maestro Thich Nhat Hanh.., que por su ancho corazón, por su inmenso regazo, son capaces de acoger el dolor del mundo y reciclarlo en comprensión, fe y esperanza.

* En la imagen el Papa Francisco abraza al mismo tiempo a un rabino y a un líder musulmán junto al Muro de las lamentaciones en Jersusalem.

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