Cantar al llegar, cantar al partir…

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“La muerte no existe. El hijo de Dios es libre… Sólo hay una vida y esa es la vida que comparto con Dios” dice el libro del “Curso de milagros”. Cantar desde el alma sea quizás una de las más formas más gratas de compartir la vida con Dios. En el intermedio de esa vida una, al tomar un cuerpo cantaremos, al dejarlo también. El tomar y entregar debieran estar al fin y al cabo envueltos por un mismo y sublime canto de agradecimiento.

Unos buenos amigos han traído al mundo una criatura maravillosa por nombre Oaia. La recibieron en un ambiente familiar alejados del hospital. Nos compartían felices como la bebé vino entre cantos. Lo primero que la pequeña oyó al salir del vientre fueron los cantos de sus padres y allegados, unas melodías dulces, que no se interrumpieron ni en los momentos más difíciles del parto. Un día nuestros seres queridos, nosotros mismos partiremos también con el sonido de sublimes cantos. No sé qué es lo que cantaremos, pero debe haber melodías que nos aguardan para este menester de despedida. Debe haber cantos que nos permitan penetrar en el otro mundo lenta, suavemente, sentirnos en la esfera recién alcanzada como en nuestro propio hogar. Dicen que, si es de ley, seremos recibidos por brazos angélicos más tiernos que los de nuestra propia madre. Al renacer a la vida espiritual otra suerte de canción de cuna nos puede acompañar. Quizás al otro lado del velo nos alcance ese eco, quizás tomen cuenta de que la Tierra y su humanidad también se están transformando y elevando. Los músicos se habrán de poner al pentagrama para crear las canciones de la despedida física que ya empezamos a necesitar. Apenas tenemos cantos para la nueva era de luz que ya se acerca.

El canto nos ayuda a llegarnos a las alturas de nosotros mismos. Lejos, muy lejos irá quedando el luto y su desgarro. Ritualizar lo que hasta ahora era más o menos banal, mecanizado, más o menos alegre en el caso del nacimiento, más o menos triste en el caso de la partida. Deseamos imprimir conciencia a los momentos más importantes de nuestra vida, a la sazón cuando venimos y cuando nos vamos. Entrar y salir con cantos, quizás en ello consista algo de la nueva era que ya se está inaugurando. A la vuelta de todas las convulsiones y azares de la vida física, ojalá nos aguarde un hermosa melodía. Entrar y salir con paz, con serenidad, con agradecimiento. Las fraternidades “kobdas” de la antigua Atlántida despedían de esa forma a los seres que partían. Sacaban a sus jardines con estanques a esos seres prestos a dejar el cuerpo y hacían sonar sus arpas. Formaban coros y entonaban sus himnos sublimes.

Hay muchas cosas que cambiar en este mundo, pero difícilmente un cambio real, definitivo podrá operar sin tomar conciencia de la fugacidad de nuestro paso por la materia, de nuestra vocación de vida eterna. La real transformación personal y colectiva sólo podrá ser cuando tomemos idea de nuestra real identidad en cuanto seres espirituales que circunstancialmente hemos tomado cuerpo en este mundo físico, almas que vamos encarnando en diferentes geografías, condiciones, género… Recuperar algo de ese canto que nunca se acaba, tomar noción de nuestros diferentes cuerpos y dimensiones, profundizar en nuestra verdadera naturaleza…, nos servirá para finalmente abrazar los más elevados postulados de fraternidad humana y filiación divina. Sólo así los encarnaremos con la fuerza del alma. La fraternidad no es una bandera revolucionaria, es un latido interior y por lo tanto florecerá de forma natural y espontánea, al amparo de una canción casi silenciosa.

Mantener ese Canto, esa melodía que nos devuelva a la sensación profunda de unidad con cuanto nos rodea, ahondar en definitiva en nuestra verdadera identidad espiritual, nos permitirá igualmente concluir que todos los humanos son nuestros hermanos, que nos hemos reunido aquí para cooperar, ayudarnos, crecer juntos. Nos llevará al convencimiento de nuestra divina herencia, de la cual apenas podemos conocer los más inmediatos obsequios.

Del libro en preparación. “Sólo un hasta luego. Para los que lamentan la partida de un ser querido”
http://www.artegoxo.org

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