Poder a la vista…

lahoradelaverdad

Se aproxima la hora de la verdad, cuando en vez de criticar a “la casta” toque ocupar sus sillones, ponerse en las primeras filas de la historia. Deshacer, demoler, criticar, tumbar…, son verbos que conjugamos con facilidad; otra cosa es construir, levantar, crear… Todas las encuestas dan el triunfo a “Syriza” en las elecciones de Grecia. Otros sondeos más cercanos vaticinan también una victoria de “Podemos” por estos lares en las próximas generales. Todo apunta a que llega la hora del relevo, del cambio en muchas esferas de la política. Los alfiles de las fuerzas de la indignación tomarán allí y aquí muchos de los despachos ansiados.

Siempre descansaba la niebla en el horizonte que visualizábamos. Un grupo de jóvenes profesores universitarios se determinó a aventarla. Vieron la oportunidad y trazaron el plan adecuado. Saludamos el acierto de “Podemos”, el inteligente reciclaje de todo un ancho movimiento de indignación en real alternativa de poder. “Podemos” alcanzar importantes cuotas de poder político, pero el verdadero desafío vendrá a la hora de administrarlo con generosidad, de gestionarlo con acierto, a la hora de implementar didáctica, consensuada y progresivamente ese mundo tantas veces soñado. Gobierno propio, interno se impone. Progreso en pureza de intenciones, en control, en poder sobre nosotros mismos, facilita el encuentro con el poder de fuera. Ojalá pronto éste pueda ser asumido con exigente desapego, con severo impersonalismo, con elevado altruismo. Había que ir a por él, a sabiendas de que se errará una y mil veces, de que estamos en fase de prueba. Había que acudir a su peligrosa cita. Pronto tocará abrazarlo e intentar no olvidar la máxima de inclusividad, la actitud abarcante, la búsqueda del mayor bien para el mayor número de personas, nunca para una facción, para un grupo, para un partido, para una élite…

En todo momento será preciso preguntarse si sólo fue un relevo de siglas o un cambio más hondo en la forma de ejercer política. Si sólo era voltear la tortilla, mejor no asir el mango, mejor ni siquiera entrar en la alta cocina de la política. Repaso de la historia también exige. Imprescindible explorar lo que ocurrió cuando indignados de otras latitudes desembarcaron en las mismas estancias de gobierno y lujosos palacios. Imprescindible salir de esa macabra espiral de revanchas, de esa utilización tan interesada de los resortes del poderío. Acercarse al poder debiera causar temblores, zarpullidos en el alma, honda preocupación. Por lo menos resucitar los recuerdos cercanos. Se hace presente un Febrero del 36 cuando algo no debimos de hacer del todo bien, cuando fallamos, cuando prendimos demasiado fuego a la vera de nuestros sueños. Nos acercamos al poder, quisiéramos asirlo con fuerza, que no se escapara…, pero se irá, porque vendrán otros más preparados, que ejercerán con mayor atino, con más exigente virtud.

Los que cayeron y dieron sus vidas por banderas de uno y otro signo, nos animan ya a dejarlas, de una vez por todas, en el suelo. Somos invitados a reconstruir la civilización, pero ya nunca jamás al antojo de las ideologías de turno. Somos invitados a refundar un nuevo paradigma sobre los cimientos de valores que nunca caducan. No trabajamos por una nueva marca, deseamos contribuir a reconstruir las bases de un mundo definitivamente más solidario y sostenible. No trabajamos por un inquilino diferente en la Moncloa, anhelamos otro modelo en la forma de relacionarnos entre nosotros, con cuanto nos rodea.

Pocas cosas pueden detener en su ascenso a la formación de Syriza. Todo apunta a que “Podemos” se hará también con importantes resortes de poder en el plazo de un año. Los indignados se acercan a los despachos. ¿Qué harán una vez sentados en ellos? El momento demanda algo más que un viraje de estrategia. Ya nada en beneficio del partido, por progre que éste se manifieste, nada en clave de confrontación. Ya nada sin la compañía de la Tierra, nuestra Madre, ya nada a costa del hermano humano, del hermano animal. Ya nada sino es del beneficio colectivo en el más global de los sentidos. El momento demanda abrazar ideales más fraternos, principios más duraderos; enfilar hacia horizontes definitivamente más luminosos y esperanzados. Nuestro Reino sí se encuentra aquí abajo, pero no en cualquier de sus mundos.

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