Al lah, el eterno dibujante

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Al lah, el eterno dibujante

Al término de su orgía de balas y sangre, debieron gritar “Al lah es grande”. Era el sello místico de su “hazaña”, la pretendida justificación sublime de tamaña brutalidad. Una vez vaciado todo el cargador, quizás les alcanzó incluso cierta paz de deber cumplido. Sí, Al lah es grande, muy grande, infinitamente más grande que quienes en Su Nombre ametrallan a dibujantes armados con su solo lápiz. Al lah es grande y compasivo y por eso está horrorizado.

Al lah también pinta y dibuja en paleta de los colores inimaginables, en lienzo sin marco, en afán sin tregua, por eso ama la libre creación. Lápiz también en mano, Al lah se aplica en expandir la vida, jamás invita a cercenarla. Al lah proclamó que la “yihad” era contra uno mismo, pero ellos rebanan cuellos ajenos, disparan contra pechos inocentes. Al lah se divierte con las críticas más mordaces, con las viñetas más satíricas, pero no así quienes proclaman ser sus más fieles servidores. No debiera haber límites al humor en una sociedad libre, en un mundo de hermanos. Encajar cualquier tipo de sátira, hasta la más puntiaguda es síntoma de una emocionalidad controlada, de un elemental nivel evolutivo. Sin embargo hay humanidades aún muy lejanas de ese nivel en que la mofa no llega a afectar bajo ninguna de sus formas.

Quizás entonces no afilar tanto el lápiz, no porque no creamos en la libertad de expresión, sino porque algunos de nuestros hermanos, en este caso musulmanes, no están aún preparados para disfrutarla. La expresión en su inconciencia no tiene barrera, pero en su ejercicio consciente tiene el límite del comienzo del dolor o de la afección del hermano, por poco evolucionado que éste se encuentre. No afilar tanto el lápiz, no por miedo, sino por prudencia; no sólo porque se pueda repetir la barbaridad perpetrada en la redacción del “Charlie Hebdo” en París, sino porque vivimos en un mundo con muchas humanidades, algunas de ellas ni siquiera preparadas para la ironía y la risa; porque nuestro arco evolutivo es enorme y algunos humanos ni siquiera están en condiciones de poder abrir y ojear una revista de humor.

Hay libre licencia para conformar un Dios reflejo de nuestras más bajas pasiones. Cada quien dibuja su Al lah a voluntad. El odio feroz, la sed de venganza también pueden fabricar, como lamentablemente comprobamos, su propio Dios a su imagen y semejanza. Así es este mundo al que decidimos acercarnos para evolucionar, así es el contrato de la libertad. La triste y reciente constatación de estos abismos evolutivos sirvan para fortalecer nuestra compasión para con los sumidos en la fatal ignorancia. ¡El dolor pueda traer a la vecina y querida Francia su debida recompensa en forma de amor y de luz!

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