Germinados o el milagro del brote entre los pucheros.

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No son brotes, son enteros jardines que con reverencia conducimos a la boca; son tiernos milagros que nos comemos a manos llenas, que con respeto masticamos. Es pura vida recién despertada, magia que explota en nuestros cristales, alimento cargado de frescor y nutrientes. Llevamos un mes con los germinados y ya no imaginamos la cocina sin esos botes de cristal que cada día llenan nuestra mirada de pasmo, nuestro espíritu de agradecimiento y nuestro cuerpo de salud. No rechazamos el fuego que suave y amoroso transforma el grano más duro. No cargaremos contra la llama que hace más llevaderos estos inviernos, pero nuestra boca urge también de ese frescor del pequeño y tierno tallo. Nos hemos acostumbrado a mascar y englutir esos destellos de clorofila, esas semillas reblandecidas, esas ensaladas tan colmadas de color y de salud.

Nos seguiremos rindiendo al milagro por cotidiano que éste se manifieste; nos seguiremos maravillando al contemplar cada día el diminuto tallo cargado de futuro, de información para la planta, romper con sumo silencio y suavidad la dura cáscara. El germinado diminuto nos enseña que todo puja siempre hacia la luz. Él invierte todo su esfuerzo en quebrar por algún lugar su semilla, en emerger a la claridad, en perpetuar la vida. ¿Qué amable elemental le pondrá en sus orejas el silencioso despertador? No sabemos de dónde le viene el mandato, pero lentamente se estira y aflora. El agua es una vez más la orquestadora del prodigio.

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Peregrinación a las Fuentes

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Me hubiera gustado vestir su taparrabos y recorrer igualmente descalzo, con su palo de bambú en la mano, esa India sin locura de ruidos y coches; marchar rumbo a las Fuentes del Ganges con su calabaza llena de agua y su ajada manta al hombro. A menudo nos falta un plus de valentía para acometer las empresas más importantes de nuestra vida.

De cualquier forma le he acompañado en un viaje que jamás olvidaré. Hay libros capaces de marcarte para el resto de tus días. Un gripazo oportuno me ha clavado en la cama y permitido devorar “Peregrinación a las Fuentes”. Me he postrado a los pies de Ghandi y otros tantos maestros y shadus, he llorado a la princesa de piel blanca, ahuyentado a los cuervos que, a los pies del Himalaya, acechaban su cuerpo moribundo… Vengo tocado por el largo viaje con Lanza de Vasto por la India ancestral de los años treinta. Escribo bajo el impacto de lo que vivió y escribió el fundador de las Comunidades del Arca en aquel alarde de fortaleza juvenil e interior. Porque Shantidas a la edad de treinta y cinco años no era sólo un guía humano, un maestro sincero, grande, exigente consigo mismo, sino que era también un cronista y sobre todo poeta extraordinario.

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En defensa de la austeridad

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La  austeridad  es una palabra que  ha entrado con fuerza en el debate político y económico actual. No está de más que analicemos su genuino mensaje apartidista, su vigencia universal. La oposición a ella, como bandera principal, acaba de llevar a la formación de Syriza al poder en Grecia. Austeridad poco tiene que ver con pobreza, menos aún con miseria. Hay palabras que son secuestradas, en cierta medida re-significadas  y que después no es fácil devolverles su eco original. Reivindicar la austeridad no implica necesariamente arrimarse a las tesis de la poderosa canciller alemana.

 La naturaleza está regida por la ley de la economía, nunca por el exceso. Sólo iniciándonos en unos hábitos más sencillos podremos comenzar a sentirnos uno con el latido de la vida y la naturaleza. Reivindicamos la austeridad como un principio que no muere.  De sobra sabemos que la Madre Tierra no puede  soportar los caprichos de 7.000 millones de humanos. ¿Algún día pasaremos el turno del “privilegio” a otros o decidiremos simplemente vivir con menos para vivir  todos mejor?

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¿Pregunta sin respuesta…?

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Al poco de aterrizar en Filipinas en su reciente viaje a las islas, el Papa Francisco, después de asistir a la recepción de bienvenida en el palacio presidencial de Malacang, se saltó la agenda oficial de la visita y acudió a un hogar de niños de la calle. Allí, Glyzelle Palomar, una niña de la calle de 12 años, abrió al máximo líder católico su corazón a un tiempo dolido y aturdido. Entre lágrimas le interrogó, sobre una de las aparentes contradicciones de la religión católica. Al Papa Francisco le preguntó por qué si Dios es amor y todo lo puede, consiente que personas como ella sufran. La prensa recogió estas palabras de la pequeña: “Hay muchos niños abandonados por sus propios padres, víctimas de muchas cosas terribles como la droga o la prostitución. ¿Por qué Dios permite estas cosas, aunque no sea culpa de los niños? ¿Por qué son tan pocos los que nos vienen a ayudar?”. El Papa la abrazó y admitió haberse quedado sin palabras: “Has hecho la única pregunta que no tiene respuesta”.

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  Anchos corazones

Nadie dijo que iba a ser fácil, pero todos seguramente convendremos que será necesario intentarlo. Quizás dibujar menos caricaturas y colorear más jardines, más cuidados y acogedores espacios donde los diferentes podamos encontrarnos. Quizás menos afilados lápices y más redondos, cálidos, fraternos abrazos… Quizás la libertad no era hacer lo que nos da la gana, sino aquello con lo que más ganamos, más progresamos en cuanto entera comunidad humana.

La humanidad no va a la deriva, es acompañada. Hay grandes almas en cuyos hombros van a morir nuestras “lamentaciones”. Algunas se visten de carne, otras permanecen tras el velo. Hay conciencias muy realizadas capaces de frenar el desaire, la ira; de aliviar la crispación, el conflicto… Hay liderazgo planetario, hay seres como el Papa Francisco, el Dalai Lama, el Maestro Thich Nhat Hanh.., que por su ancho corazón, por su inmenso regazo, son capaces de acoger el dolor del mundo y reciclarlo en comprensión, fe y esperanza.

* En la imagen el Papa Francisco abraza al mismo tiempo a un rabino y a un líder musulmán junto al Muro de las lamentaciones en Jersusalem.

Cantar al llegar, cantar al partir…

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“La muerte no existe. El hijo de Dios es libre… Sólo hay una vida y esa es la vida que comparto con Dios” dice el libro del “Curso de milagros”. Cantar desde el alma sea quizás una de las más formas más gratas de compartir la vida con Dios. En el intermedio de esa vida una, al tomar un cuerpo cantaremos, al dejarlo también. El tomar y entregar debieran estar al fin y al cabo envueltos por un mismo y sublime canto de agradecimiento.

Unos buenos amigos han traído al mundo una criatura maravillosa por nombre Oaia. La recibieron en un ambiente familiar alejados del hospital. Nos compartían felices como la bebé vino entre cantos. Lo primero que la pequeña oyó al salir del vientre fueron los cantos de sus padres y allegados, unas melodías dulces, que no se interrumpieron ni en los momentos más difíciles del parto. Un día nuestros seres queridos, nosotros mismos partiremos también con el sonido de sublimes cantos. No sé qué es lo que cantaremos, pero debe haber melodías que nos aguardan para este menester de despedida. Debe haber cantos que nos permitan penetrar en el otro mundo lenta, suavemente, sentirnos en la esfera recién alcanzada como en nuestro propio hogar. Dicen que, si es de ley, seremos recibidos por brazos angélicos más tiernos que los de nuestra propia madre. Al renacer a la vida espiritual otra suerte de canción de cuna nos puede acompañar. Quizás al otro lado del velo nos alcance ese eco, quizás tomen cuenta de que la Tierra y su humanidad también se están transformando y elevando. Los músicos se habrán de poner al pentagrama para crear las canciones de la despedida física que ya empezamos a necesitar. Apenas tenemos cantos para la nueva era de luz que ya se acerca.

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Cuidar el trazo

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Al alejarse el eco de las balaceras, meditar sin la presión del instante. Quizás comenzar a revisar nuestros postulados históricos, quizás estos tiempos convulsos, complicados demandan de nosotros/as ensanchar al máximo nuestra capacidad de comprensión, implementar nuestra fuerza de compasión. Cuidar la palabra, cuidar el trazo del lápiz, para cuidar también las relaciones con mis hermanos de otros colores, de otros credos.

Confiar por supuesto en que el otro dé el paso que le corresponde, pero igualmente considerar que si nos vienen estas pruebas, quizás es porque tenemos que ser aún más exquisitos. Al fin y al cabo no le urge un rostro al Profeta. Aún no guardaremos en el cajón nuestra goma de borrar, aún hay trazos a evitar. Aún no podemos disfrutar de un mismo humor, pero podemos sentar las bases para que mañana riamos al unísono de las mismas viñetas, de las mismas y propias pequeñeces y carencias.

Arañar con todas nuestras manos las barreras culturales y religiosas para hacer hoy posible el milagro de nuestro propio reencuentro, la hazaña de la integración en el humano de todas sus partes escindidas, de todos sus razas y religiones. Alcanzada la libertad, nos resta dibujar y colorear fraternidad. ¡Vamos juntos a por esos lápices!

Poder a la vista…

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Se aproxima la hora de la verdad, cuando en vez de criticar a “la casta” toque ocupar sus sillones, ponerse en las primeras filas de la historia. Deshacer, demoler, criticar, tumbar…, son verbos que conjugamos con facilidad; otra cosa es construir, levantar, crear… Todas las encuestas dan el triunfo a “Syriza” en las elecciones de Grecia. Otros sondeos más cercanos vaticinan también una victoria de “Podemos” por estos lares en las próximas generales. Todo apunta a que llega la hora del relevo, del cambio en muchas esferas de la política. Los alfiles de las fuerzas de la indignación tomarán allí y aquí muchos de los despachos ansiados.

Siempre descansaba la niebla en el horizonte que visualizábamos. Un grupo de jóvenes profesores universitarios se determinó a aventarla. Vieron la oportunidad y trazaron el plan adecuado. Saludamos el acierto de “Podemos”, el inteligente reciclaje de todo un ancho movimiento de indignación en real alternativa de poder. “Podemos” alcanzar importantes cuotas de poder político, pero el verdadero desafío vendrá a la hora de administrarlo con generosidad, de gestionarlo con acierto, a la hora de implementar didáctica, consensuada y progresivamente ese mundo tantas veces soñado. Gobierno propio, interno se impone. Progreso en pureza de intenciones, en control, en poder sobre nosotros mismos, facilita el encuentro con el poder de fuera. Ojalá pronto éste pueda ser asumido con exigente desapego, con severo impersonalismo, con elevado altruismo. Había que ir a por él, a sabiendas de que se errará una y mil veces, de que estamos en fase de prueba. Había que acudir a su peligrosa cita. Pronto tocará abrazarlo e intentar no olvidar la máxima de inclusividad, la actitud abarcante, la búsqueda del mayor bien para el mayor número de personas, nunca para una facción, para un grupo, para un partido, para una élite…

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“Je suis Charlie, je suis aussi le terroriste…”

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Cambio no sólo el ángulo de la mirada, también el latido de nuestro corazón, el clamor de nuestras gargantas. Ya nada será como antes. Ahora nos sentamos al teclado y necesariamente nos preguntamos que diría el Maestro de la ancha Shanga. ¿Cuál sería el cartón que Thay blandiría en las frías avenidas de un París estremecido: “Je suis Charlie”, “Je ne suis pas Charlie…”? ¿Cuál sería su titular? Seguramente rezaría “Je suis Charlie, mais je suis aussi les fréres Kouchi”. Si pudiera de nuevo comunicarse con fluidez, seguramente nos diría que él era “todos los nombres, todos los hombres”, el que agarraba con suavidad el lápiz y el que empuñaba con rudeza el fusil ametrallador; el que sembró derechos y libertades con su sangre y el que cruelmente la hizo brotar con sus balas. Él sería el dibujante y el yihadista, el artista y el terrorista…

¿Por qué ha cambiado tanto nuestros sentires y palpitares, nuestros rótulos y carteles ese anciano monje que hace poco se deslizaba casi en silencio por nuestra geografía? Por su “culpa” ahora nos toca ser todos los bandos. Ya no tenemos patria, ni facción, ni tribu. No sé si le lograremos perdonar… Ahora somos el trazo que sobraba del dibujante, la bala infinitamente más ignorante del asaltante. Ahora somos los de abajo y los de arriba, los de la derecha y los de la izquierda, los extremistas de un lado y los del otro… Ahora somos quienes claman por la libertad de expresión y quienes sacralizan la imagen del Profeta. Somos los que ponen velas junto a la montaña de estilográficas, somos también quienes se regocijan acariciando su larga barba de fundamentalistas.

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Ángeles de la niebla

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Gozo grande de volver a acariciar teclado, gozo profundo de reencuentro en la pantalla. Casi nos traga la niebla, nos engulle en su magia engañosa, casi nos quedamos en medio de su geografía leve, incierta, desconcertante. Salimos de esa niebla y vemos colores definidos, contornos claros y nos sentimos en prórroga y no paramos de dar gracias al Cielo. En una curva en mitad de la niebla hemos tenido en suerte renacer y conocer seres extraordinarios. No sabemos de su identidad, de su origen, sólo de su generosidad y arrojo. De seguro que no leerán estas letras, pero queremos de cualquiera de las formas, muy sinceramente agradecerles.

Fue ya entrada la oscuridad en el día de Reyes, volvíamos felices de los momentos vividos en familia. Viajábamos cargados con nuestros regalos hacia casa. Fue en la nacional I, en un puerto de Etxegarate bañado en la niebla y con un tráfico constante. Era una de las últimas y pendientes curvas. El viejo coche quiso detenerse justo ahí en el lugar más delicado para seguramente morir, para probarnos a nosotros, para conocer siquiera por unos instantes a gente maravillosa. Del “capó” salía una enorme humareda. No nos habíamos percibido anteriormente de ella debido a la niebla. En seguida salimos para tratar de evitar con nuestra presencia y las manos bien en alto un choque en cadena. Aún no sabemos cómo, pero milagrosamente lo logramos. No hubo colisión alguna. Una vez logramos ralentizar el tráfico y colocados los triángulos, era urgente, en medio del tráfico, escorar el coche al bordillo para evitar colisones, pero no podíamos con el peso del coche cuesta arriba. No hubo que llamar a nadie. Varios coches aparcaron al bordillo. Tres personas corrieron a donde nosotros. Seis manos vinieron a ayudarnos y logramos arrinconar el vehículo. Respiramos profundamente, el peligro había pasado.

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Al lah, el eterno dibujante

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Al lah, el eterno dibujante

Al término de su orgía de balas y sangre, debieron gritar “Al lah es grande”. Era el sello místico de su “hazaña”, la pretendida justificación sublime de tamaña brutalidad. Una vez vaciado todo el cargador, quizás les alcanzó incluso cierta paz de deber cumplido. Sí, Al lah es grande, muy grande, infinitamente más grande que quienes en Su Nombre ametrallan a dibujantes armados con su solo lápiz. Al lah es grande y compasivo y por eso está horrorizado.

Al lah también pinta y dibuja en paleta de los colores inimaginables, en lienzo sin marco, en afán sin tregua, por eso ama la libre creación. Lápiz también en mano, Al lah se aplica en expandir la vida, jamás invita a cercenarla. Al lah proclamó que la “yihad” era contra uno mismo, pero ellos rebanan cuellos ajenos, disparan contra pechos inocentes. Al lah se divierte con las críticas más mordaces, con las viñetas más satíricas, pero no así quienes proclaman ser sus más fieles servidores. No debiera haber límites al humor en una sociedad libre, en un mundo de hermanos. Encajar cualquier tipo de sátira, hasta la más puntiaguda es síntoma de una emocionalidad controlada, de un elemental nivel evolutivo. Sin embargo hay humanidades aún muy lejanas de ese nivel en que la mofa no llega a afectar bajo ninguna de sus formas.

Quizás entonces no afilar tanto el lápiz, no porque no creamos en la libertad de expresión, sino porque algunos de nuestros hermanos, en este caso musulmanes, no están aún preparados para disfrutarla. La expresión en su inconciencia no tiene barrera, pero en su ejercicio consciente tiene el límite del comienzo del dolor o de la afección del hermano, por poco evolucionado que éste se encuentre. No afilar tanto el lápiz, no por miedo, sino por prudencia; no sólo porque se pueda repetir la barbaridad perpetrada en la redacción del “Charlie Hebdo” en París, sino porque vivimos en un mundo con muchas humanidades, algunas de ellas ni siquiera preparadas para la ironía y la risa; porque nuestro arco evolutivo es enorme y algunos humanos ni siquiera están en condiciones de poder abrir y ojear una revista de humor.

Hay libre licencia para conformar un Dios reflejo de nuestras más bajas pasiones. Cada quien dibuja su Al lah a voluntad. El odio feroz, la sed de venganza también pueden fabricar, como lamentablemente comprobamos, su propio Dios a su imagen y semejanza. Así es este mundo al que decidimos acercarnos para evolucionar, así es el contrato de la libertad. La triste y reciente constatación de estos abismos evolutivos sirvan para fortalecer nuestra compasión para con los sumidos en la fatal ignorancia. ¡El dolor pueda traer a la vecina y querida Francia su debida recompensa en forma de amor y de luz!