La era de los milagros

tablet.

Ha entrado con tanto sigilo que quizás no nos hemos percatado de su omniabarcante presencia. El milagro ha llegado, pero apenas lo hemos saludado. Lo que jamás siquiera ayer imaginábamos hoy es presente, universal, cotidiano. Vivimos la era de los milagros en el ámbito de la ciencia y la tecnología, de la maravilla otrora ni remotamente concebida. Sólo tenemos el peligro de avanzar en esta era prodigiosa sin necesaria conciencia, sin debida reverencia.

Ese pulgar moviéndose familiarmente por la pantalla tiene detrás toda una historia humana, bruta, dificultosa, sufrida…. Vivimos los tiempos del privilegio. Apenas un levísimo toque para que el milagro se consume. La punta del dedo se desliza suave y vamos a cualquier parte del mundo virtual. Pienso entonces en mi padre que no le dio tiempo a llevar su dedo a la pantalla, que aún no pudo vivir la magia del doble “click”. Pienso en mi abuelo cuando armaba rudimentarias radios en su casa de forma artesanal. ¿Cuál no sería su asombro ante estas pequeñas ventanas al mundo entero? Reparo en quienes apenas se pudieron asomar a la era de los milagros, trato de imaginar todos los esfuerzos que nos precedieron hasta deslizar el dedo por la “tablet”.

Sí, ayer sábado nosotros también nos metimos en la vorágine de los grandes almacenes, hicimos inmensa cola con la cajita. Los navegadores del “Mac” portátil ya estaban obsoletos y decidimos sumergirnos en la locura de una gran superficie. Era mi primera “tablet”. Ya en casa, el asombro se desató sin medida. Me consta que es algo universalizado pero a mí ayer, a las tantas de la madrugada, me seguía emocionando. Peleaba contra el sueño, pues de alguna forma el sueño se situaba ya al alcance de mi dedo.

¡Que presente el que hemos elegido para encarnar…! En nuestras manos está el hacer un elevado uso de estos prodigios. Lo lacerante y lo apasionante pujan por hacerse con este tiempo único. Que las nuevas y milagrosas tecnologías no nos borren la memoria. Que podamos ofrendar esta dicha a quienes nos precedieron, pues el privilegio que ahora gozamos, en importante medida, se lo debemos a ellos/as. Los avances no fueron gratuitos. El ya habitual y cotidiano “clickeo” no merme una interna expresión de sincera gratitud. A fuerza de deslizar los dedos por los revolucionarios dispositivos, de viajar con la pantalla a donde queramos, de disfrutar de sus infinitas posibilidades (¿se dice apps”?), podemos llegar a perder noción de la deuda. El asombro por el presente, vaya siempre acompañado de nuestro abrazo al pasado.

Han sido muchos esfuerzos, mucha abnegación y renuncia hasta llegar a esa universal pantalla de cristal. No sé lo que nuestros ojos verán, lo que la punta de nuestros dedos acariciarán mañana. Podamos hacer elevado uso de las tecnologías que ya están llegando, de las que mañana el Cielo tendrá a bien facilitar a la humanidad para su avance evolutivo, para la creciente interrelación entre los humanos, para la facilitación de su vida y el progreso de su conciencia.
Un sublime “Adeste fideles” resuena al otro lado de la casa. Alguien saca a la tablita de cristal recién estrenada unos villancicos para la próxima convivencia. Mientras en otro aparato, escribo e intento compartir magia y asombro. Nunca ceda la fascinación por lo que nos está alcanzando, por lo que de Arriba nos están cediendo. La reflexión que tecleo, los cantos que ensayaremos puedan ir imbuidos de nuestro infinito agradecimiento.

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