Campo abierto

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Se pasaban al día ocho horas con una motosierra que cortaba las vísceras de los animales. Ahora esas potentes máquinas se han detenido. El fuego que acabó con la factoría las ha parado. Se volverán a activar en el 2016 cuando de nuevo pongan en marcha la gran planta de “Campofrío”. Son más de mil trabajadores los que aguardan a que pasen estos veinticuatro meses para volver a tomar la motosierra, el hacha, el largo cuchillo.Tiene que haber otro horizonte, otro cielo, otra anhelo, otra fábrica, otra forma de relacionarnos con los hermanos animales. Tiene que haber otra herramienta que blandir, otro aire que respirar. Tiene que haber otro espacio sin esos efluvios etéricos del sacrificio consumado. Techos sin longanizas, sin chorizos, ni morcillas, sin tanto sufrimiento de nuestros hermanos colgando de nuestras cocinas.

Sabemos que hablamos en clave de futuro. Cuando nos ponemos a soñar, sólo encontramos animales libres y felices. Nos armaremos de paciencia, pero jamás renunciaremos a esa ternura, a ese amor que les debemos. No sé si es pronto para hablar de ese futuro, no sé si es el momento oportuno cuando alrededor de mil trabajadores burgaleses se han quedado sin trabajo. No lo sé, pero tiene que haber una fórmula en que todos seamos felices, humanos y animales, en que el trabajador recupere la dignidad que le da su trabajo, sin necesidad de empuñar esos instrumentos, sin fichar en esas granjas, en esos mataderos.

Estamos ante una cuestión de jerarquía de valores. Deseamos defender la vida en todas sus formas, deseamos que acabe la congoja para las familias burgalesas, pero estamos convencidos que no debe correr tanta sangre animal para que nadie se quede sin trabajo. El humano no podrá avanzar hacia su prometedor futuro evolutivo con un chorizo bajo el brazo.

Campo ancho y abierto, quizás mejor que “campo frío”. Hablamos en clave de mañana, pero el futuro es preciso comenzar a sembrarlo hoy, con tacto, con respeto, sin ningún deseo de herir a nadie, pero también empezando a compartir con sensibilidad los anhelos que ya no nos caben dentro, el deseo del gran encuentro pendiente, de la cita postergada del humano con los hermanos animales. No pretendemos incomodar a nadie, pero sí apuntar la evidencia de que el animal sufre enormemente camino de esas terribles descargas eléctricas, de esas motosierras; de que no necesitamos para nada ingerirlo para poder seguir viviendo. Los hermanos humanos que se han quedado sin puesto de trabajo y sufren por su situación de paro, puedan abrirse también a la parte de verdad y de corazón que acompañan a estos postulados. Sentidas gracias por adelantado.

Arteixo 23 de Noviembre de 2014

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