Responsabilidad de los medios

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La  responsabilidad de los medios de comunicación en la perpetuación  del odio y el fomento de la  confrontación es enorme. Una de las cabeceras más importantes de Madrid lleva días  tras  el rastro de militantes  de ETA  anclados en el pasado. Se limita a quienes no   han atravesado la iniciación del perdón, a quienes andan ya libres, pero que no han asumido sus  graves responsabilidades del pasado.  Ayer  la  entrevista  al “carnicero de Mondragón”  era  la noticia  más  importante en la edición digital de ese influyente  diario del Estado. No había nada más  trascendente que las declaraciones de ese violento irreductible.  Horas después  el Ministro de Interior aludía a esas declaraciones.

No, no es relevante  la luz que nos inunda  en este momento privilegiado y único, sino la menguadísima sombra que se resiste a partir. No, no son noticias  las decenas de miles  de personas  que en el País Vasco se  han arrancado en una nueva  vida, están realizando su recorrido,  tan difícil como decisivo, del  rencor al  perdón. No, no es de llevar a portada  la  conciencia  insobornable de paz y de reconciliación que  desborda los  rincones  de Euskadi. No, no es de reseñar el anhelo  irreductible de   todo un pueblo de construir   un futuro para todos  y para todas  sin excepción, la  voluntad de aprender de los  errores del pasado. No, no  son  buena nueva  las iniciativas artísticas, culturales y sociales que un día  sí y al otro  también se suceden en nuestra geografía en el anhelo de  derribar las barreras y  fronteras humanas del pasado, de fomentar la armonía entre los otrora diferentes. La noticia  son los  cuatro  y un tambor  que aún se  agarran a la violencia, no porque  ahora la  promuevan, sino porque no quieren reconocer  lo baldío de  su pasado.

El importante diario  adquiere una  enorme  responsabilidad suscitando  bilis, alentando rencores, fomentando y tratando baldiamente de perpetuar un ambiente de tensión. La responsabilidad de los  medios de comunicación en el asentamiento de nuestra paz es absoluta.  Más pronto que  tarde se den cuenta de ello sus responsables. Para  vender  cuatro periódicos más no es necesario desenterrar la miseria; para  hacer más tirada será preciso  ensalzar  valores y dar  micrófono a quienes en verdad los defienden.

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