¿Si es arriba, por qué no abajo…?

escocia

No ha rugido el monstruo del Lago Ness. No ha habido ningún herido, ningún terremoto, no se ha caído ese plomizo cielo, no se ha registrado catástrofe alguna… Unos señores y señoras muy educados cogieron su paraguas y su voto y se dirigieron  a un colegio electoral. Pacífica, civilizadamente los escoceses decidieron su futuro. Nadie generó crispación, menos aún violencia en la jornada clave de un puro y sencillo ejercicio democrático.

¿Si es arriba, por qué no es abajo, si es en Escocia porque no en Catalunya? Cuando el ministro Margallo dice que contemplan suprimir la autonomía catalana si se convoca el referéndum de autodeterminación, sólo está fabricando independentistas al por mayor. Por el contrario, Gordon Brown, una de las figuras más relevantes en la campaña del “no” a la independencia escocesa, declaraba camino del “polling place”: “Hemos luchado dos guerras mundiales juntos…”. Hay un abismo entre ordenar, “Tú vienes conmigo porque yo lo quiero y punto.” y sugerir algo así como, “Nuestros muertos reposan en los mismos campos de batalla, tenemos mucha historia y cultura en común. Nos apenaría que marcharas…”

¿A quién se le puede escapar que la pertinaz obstaculización por parte del Gobierno español de la consulta catalana sólo consigue polarizar el discurso nacionalista? El “no”  a la independencia escocesa se ha logrado porque Londres se ha volcado en ello, pero sobre todo porque Londres ha jugado “limpio” y ha  abierto la mano. No está claro que en Cataluña ese mismo “no”  triunfara ayudado por una españolidad aún escasamente curtida en democracia y recelosa de brindar oportunidades a la periferia.  Queremos seguir unidos a los catalanes, pero ese vínculo sólo puede emanar de la más absoluta libertad. Si el vínculo es coaccionado, si se prohíben legítimos referéndums auspiciados por aplastantes mayorías y parlamentos soberanos, a la hora de la verdad se está contribuyendo a la separación de Catalunya.

Queremos un mundo, una Europa, una España unida, confederada, pero libremente, jamás, jamás a costa de lo más sagrado que es la libertad y el derecho a decidir. Creemos firmemente en el valor supremo de la unidad en la diversidad, pero esa unidad ha de emerger de la libre voluntad de las partes, no de la imposición de una de ellas. Quienes abogan contra el referéndum catalán hablan de “hipnosis colectiva” y “lavado de cerebro” por parte de TV3 y adláteres. Cuestiono sinceramente que el escoramiento de la televisión catalana en pro de la consulta supere al de TVE en contra de ella. En caso de duda, ahí las videotecas.

La instrumentalización de los medios de comunicación se ha generalizado en esta cuestión tan absurda e inútilmente crispada, pero la crispación arranca originalmente de la tozuda y antidemocrática prohibición. Es en este marco enrarecido, en este mundo de abuso mediático de las diferentes partes, que el ciudadano de a pie catalán, vasco…, al igual que el escocés, tiene la última palabra. No la sigamos negando, so pena de prolongar una tensión tan gratuita.

¿Por qué contener la respiración el pasado 18 de Septiembre? ¿Acaso nos la jugábamos a una carta entonces en Escocia o mañana en Catalunya? Allá al fondo, queremos creer que nos aguarda un futuro sin fronteras humanas. Hacia ese mañana de mayor armonía y fraternidad hemos de avanzar libremente, con todo nuestro poder de decisión en cada etapa, con urnas en los principales hitos, sin coacciones de ningún género. Puedan reparar en ello quienes, en nombre de una forzada unidad de España, tanto están dificultando ese avance.

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