“Si vis pacem, para pacem”

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El fuego de la guerra puede ser fomentado desde la terraza de un café, con nuestra sencilla tableta. La palabra también es artillera, con su mayor o menor calibre, aún con la suavidad del “disparo” desde el teclado digital. Escribí “La puerta de los Cielos” antes de que se derramara una gota de sangre en el enésimo reabrir de la contienda en Tierra Santa. Aún con todo me reafirmo en su contenido.Por supuesto que el Estado judío carga sobre sus espaldas el terrible peso de la responsabilidad de más de 600 muertes que pudo haber evitado. Es urgente clamar ante la salvaje devastación y bombardeo de los israelíes sobre Gaza. Es urgente detener el reguero de víctimas inocentes, pero no es menos urgente clamar para que también Hamas cese en su ofensiva.

Neutralidad ante el conflicto no es apoyo del “genocidio sionista”, es confiar en un punto final que habrá de llegar y que nosotros lo podemos acercar. Es alentar un gesto generoso por alguna de las partes. La ya vieja espiral de horrible violencia ha de detenerse en algún momento. La neutralidad quiere expresar que Hamas tiene también alguna responsabilidad en el padecimiento enorme de su pueblo. Sus elementos exaltados tienen su cuota de culpa en el sufrimiento de sus conciudadanos. Sin ir más lejos, ahí está la tregua que rompieron y que habían abierto los israelíes para iniciar conversaciones.

Por supuesto que los palestinos merecen su Estado propio, pero cada misil Quasam que cae estrellado en las afueras de Tel Aviv o Jerusalem, lejos de acercar ese Estado, lo aleja “sine die”. Apoyar las justas reivindicaciones palestinas no implica decantarnos por ninguna de las partes en esta nueva guerra cruel y sin sentido, en este último conflicto armado que se inició con el lanzamiento de cohetes desde Gaza. Sí, somos neutrales ante este nuevo conflicto, pero para nada insensibles ante el dolor. ¿Quién puede no sentirse afectado al ver las escenas de los niños palestinos llorando y temblando de miedo? Ningún dolor nos es ajeno, menos aún el de los más débiles. La única forma de atajar y futuros y tan masivos dolores y muertes es alentar conciencia de reconciliación y de paz, no estimulando a una de las partes que contienden.

Dicen desde ciertas páginas de la RED que con “bellas palabras” apoyo “el genocidio sionista”. Si acusamos tan gratuitamente comenzamos a reproducir el conflicto a nuestra pequeña escala. No trato de defenderme. No puedo, ni debo invertir en ello la más mínima energía, trato de argumentar ante queridos amigos sobre la necesidad de que quienes apoyan la causa palestina, insten también a su organización armada a cesar las hostilidades, inviten a que ésta ceda también en su política de clientelismo con la que atrapan a su población, gran parte de ella sumida en la pobreza. Si traigo el tema a colación, no es por iniciar polémica, sino para que reparemos en la responsabilidad que, en cierta medida, podemos adquirir desde lejos en la prolongación de la guerra.

Elevemos juntos/as en contra de la guerra nuestra firme voz, pero no obviemos que los responsables de su continuidad se hallan a ambos lados de ese tan cercano desierto.

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