Piedra y memoria

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No es musgo, es húmedo, salvaje, preciado envoltorio. No son ruinas, son legado. Recoger la herramienta, tomar relevo, continuar la Obra. Sumar sudor al sudor. ¿Será entre las piedras antiguas de O Couso que tomamos más precisa noción del Divino Plan, de la Sagrada Trama? Esos muros gigantes parecían preparados para los vientos venideros, para las tormentas que los compañeros ni siquiera imaginaron. No construyeron para ellos, levantaron para el futuro. Herramienta en mano debieron intuir nuestros pasos, apreciar nuestro anhelo.

Acariciar la piedra es volcar de una la memoria, traer sus “gigas” al instante. No concebimos presente que no honre el legado, en cualquiera de sus formas y manifestaciones, de quienes nos precedieron. Nunca se acaba el reemplazo. ¿No será ese Plan que nos desborda, sino una conciencia del relevo? Es al obviar la firma cuando en verdad ensanchamos la Creación, contribuimos a Su infinita Gloria.

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Caminar los sueños. Nuevo artículo sobre “Podemos”

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¿Por dónde empezaremos las revoluciones del mañana? Parece que la gestación de futuras transformaciones pasa por una democracia más directa y participativa, menos delegada, no sólo electiva. En es reto de mayor empoderamiento social, el círculo de iguales, la asamblea parecen tomar un lugar preponderante. Sin embargo prima preguntarnos si estamos preparados para ello. La asamblea puede devenir esperanza o infierno. Esperanza si la conforman hombres y mujeres conscientes, verdaderamente entregados a una causa mayor, mermados de orgullo y afán protagónico. Infierno en el caso contrario. Devendrán además estériles si todos los errores continúan estando siempre fuera.

¿Por dónde empezaremos las revoluciones del mañana? Por nosotros y nosotras mismas, absolutamente persuadidos de que lo hermoso, lo noble, lo solidario sólo será en grande, cuando haya medrado en pequeño; sólo será afuera cuando haya brotado con fuerza dentro. Primero revolución en el asfalto más íntimo, después ya llegará Sol, y los soles de los pueblos y ciudades. Convulsas primeras asambleas hicieron presagiar un fracaso de “Podemos”, pero felizmente no fue así. Se tomó debida nota de los errores y se trataron de enmendar. Es natural que haya turbulencias cuando se está pariendo algo nuevo, algo jamás probado. Lo fácil es seguir la consigna que viene desde un lejano “comité ejecutivo”. El ensayo merece, cuanto menos, su voto de confianza.

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Redes de nylon

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La pequeña población en el extremo del mundo bullía de peregrinos. Son los valientes que aún tienen fuerza y coraje para, una vez conquistada la ciudad del apóstol, llegarse hasta esas alejadas rocas junto al Faro y allí quemar las botas y la ropa y allí volver a nacer con nueva fuerza, conciencia y fe.

En su puerto ya entrada la tarde, hilaba conversación con un hombre que me instruía sobre la vida pesquera antiguamente, allí en Fisterra. Me hablaba del luto omnipresente, de los percances marinos que ataviaban de oscuro a las mujeres ya desde muy jóvenes. El mar imponía sus pagos en forma de arrebato de seres queridos, amén de una existencia dura de gran esfuerzo y trabajo. Me evocaba a las mujeres que descalzas tenían que andar con cestas de más de 20 kilos de molusco y pescado sobre sus cabezas. Iban por los pueblos intercambiando frutos del mar por frutos de la tierra. Apenas había entonces uso de moneda.

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Prometeos, no guerreros

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El debate entre Monarquía y República está servido. Llega caliente, humeante hasta nuestras mesas. Podemos y debemos sugerir nuevos modelos. Podemos testimoniar alternativa, pero deberemos también asumir el orden imperante, siempre y cuando no represente imposición, sino deseo de una mayoría. Asumir la realidad actual no implica defenderla, ni que renunciemos a transformarla; significa que reconocemos que una importante porción de la población opta por un modelo, por poco que nos convenza, por desfasado que nos semeje. Desde el momento en que nos postulamos como agentes de un Plan que nos desborda, como servidores de una evolución que no tiene límites, intentaremos fomentar una nueva visión más acorde con modelos superiores, pero desarmaremos el verbo, nos abstendremos de suscitar división y confrontación.

Contraponiendo los modelos de Estado, corremos riesgo de fomentar la división, la confrontación entre las gentes que apoyan unos y otros modelos. Estamos llamados a armonizar, a propiciar siempre el encuentro, la cita en un punto más alto. Estamos llamados a alentar la creatividad , la participación, el debate, pero no la trinchera. El alba fecunda a la noche, no lucha contra ella, por cerrada que ésta semeje. El deseo de confrontación es una emoción no rendida, un coraje aún no sublimado, por muy disfrazado que a veces pueda manifestarse de nobles ideales. Instalados en el alma, sólo buscaremos suscitar acercamiento y mutuo enriquecimiento. Dentro de muchos de nosotros aún no se ha rendido el guerrero. Permanece despierto y alerta a que suene en alguna plaza el cornetín para la batalla, mas el alma sabe de la otra y verdadera afronta para la que nunca calla el llamado, el desafío ante nosotros mismos.
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Como aquella dama

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Unos rinden pleitesía a su monarquía, otros a sus imaginarios. El Sendero se hace largo y es entonces cuando ponemos a volar la imaginación, cuando nos soñamos ya en la Meta. Nos saltamos las etapas y creemos haber llegado al final del itinerario. Somos artistas en construir las Arcadias que aún no hemos meritado. Necesitamos inflar la luz y la gloria de la República pasada, necesitamos saber que fue, para soñar que puede de nuevo ser. Olvidaremos así una y otra vez que a ese lado también odio, también venganza. Aunque en importante menor medida que en el otro bando, también hubo desatino e impune asesinato. Olvidaremos el afán incansable de los líderes probos, como Azaña, Irujo, Agirre…, por frenar el ansia de venganza. Olvidaremos la frustración de Simone Weil , la virgen roja, al tomar contacto con los camaradas en el frente de Aragón…

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Un nuevo tiempo

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Dicen que un rey se ha apeado de su viejo y gastado trono, que prefiere ir de safari y otras aventuras sin tener que dar cuenta después a sus “súbditos”… Los grandes cambios que estábamos esperando, ya son con nosotros/as. Ya no somos súbditos. Venimos de echarnos todo el futuro a nuestras espaldas.

“Podamos” estar nosotros a la altura de las grandes transformaciones que ya están aconteciendo. Ya no es sólo que un borbón abandone y pase el cetro a su hijo; es sobre todo que emerja un liderazgo más servicial, desinteresado y puro a partir de una ciudadanía más consciente. Es sobre todo que “podamos” ser tierra fértil, campo de cultivo empapado, despierto y fructífero para que emerja una nueva “casta” de dirigentes con visión de futuro; para que líderes con auténtica vocación de entrega asuman las responsabilidades mayores.

Ya blandimos la tricolor. Ya ni siquiera es sólo cuestión de proclamar la añorada III República. Es que nosotros seamos “res publica”, que devengamos verdadero servicio al bien común, al progreso colectivo; que nuestra preocupación y devoción sea la humanidad, la querida porción de seres en la que hemos encarnado.
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