Sí “Podemos”, pero…

podemos

La algarada bajó a las urnas y la rebeldía se sustanció en representación política. Podemos y debemos saludar el triunfo de “Podemos”. Podemos y debemos congratularnos de que “Podemos” haya sabido concretar en votos todo un inmenso descontento social, materializar el empoderamiento de un importante sector cívico.

Podemos y debemos alegrarnos del emerger de una nueva opción cargada de originalidad, fuerza e ilusión transformadora, que ha logrado concitar el anhelo de verdadero cambio que subyace en tantos desencantados. Podemos y debemos dar la bienvenida a una alternativa que surge espontánea de la ciudadanía, que representa ejemplo de democracia interna y participativa, que elige directamente a sus candidatos… Podemos y debemos mirar con buenos ojos una formación que trata de poner las bases de un sistema económico y social más justo y solidario, que recoge las banderas de los movimientos ciudadanos, que apuesta por la libertad de los pueblos del Estado para decidir sobre su futuro. Es cierto que Pablo Iglesias le imprime una importante carga personalista a “Podemos”, pero no es menos veraz que hacía falta un fuerte liderazgo para materializar en votos y posibilidad real de cambio, la insurrección del 15M.

Podemos y debemos saludar el retroceso de los dos grandes partidos tan caducos en formas como en contenidos…, ahora bien, el subidón emocional debe ir acompañado de una reflexión más serena y pausada. La regeneración política, no será posible sin una previa regeneración humana, sin que alcancemos primero a encarnar aquello que postulamos. Cuando “Podemos” llama a derrotar y “perseguir a la casta”, no podemos obviar que también deberemos hablar de derrotar y perseguirnos a nosotros mismos, al “Bárcenas”, al autoritario, al especulador… que, en mayor o menor media, todos/as, llevamos dentro. La “casta” no sólo mora fuera, también nos habita. Situar sólo los enemigos en el exterior, nos puede llevar al supremo equívoco de que basta cambiar las estructuras, basta reemplazar la élite, arrinconar a los del PP y PSOE, para desembocar en la Arcadia. El viejo orden se desmoronará, una vez nos hayamos tumbado a nosotros mismos y nuestra naturaleza también individualista, materialista, depredadora…

“Podemos” apoya la izquierda radical europea, la candidatura a la presidencia de Alexis Tsipras, mago en echar todos los balones fuera, en depositar todas las responsabilidades en Merkel y en la Troika, como si la crisis económica griega fuera algo que ha caído de repente del exterior y en la que los propios griegos no tienen responsabilidad alguna. Es hora de que la izquierda y la derecha, los políticos en general terminen de reconocer que los males manifestados fuera, sólo se erradicarán con un cambio paulatino y profundo en el seno del propio humano.

La izquierda belicosa de Alexis Tsipras se postula para derrotar al “establishment” político y económico actual, pero ¿quién nos garantiza que, una vez entronizados en el poder, lo harán diferente? No nos plantean otro modelo civilizacional, sino un poder que viste de otro color. La historia es un cúmulo de revoluciones frustradas, porque al humano siempre le resultó más rápido y sencillo derrotar a los de fuera que comenzar a regenerarse a sí mismo.

Los Verdes europeos sí que cuestionan este modelo civilizacional, este desarrollismo desnortado en exceso y plantean alternativas. No sólo tumban, también reconstruyen; no sólo son descontento, también esperanza. La esperanza del cambio político en España tiene que mucho ver por lo tanto con la colaboración de las formaciones alternativas a la “casta”. “Equo” y el ya gran bagaje político de los Verdes europeos tienen mucho que aportar a una formación emergente y llena de posibilidades como es “Podemos”. A su vez “Podemos” puede aportar todo su joven e inmenso caudal de gentes con creatividad, generosidad y coraje para construir un nuevo orden.

La tan extendida indignación pueda ser canalizada en apuesta responsable, positiva y regeneradora. Ojalá, de cara a los próximos comicios, se pueda concretar una ancha alianza con esos dos ejes aglutinadores. Es la hora de la verdad, quiero decir de apear el puño y abandonar la trinchera, de arremangarse la camisa y empezar a sudar en la real construcción del otro mundo posible en los diferentes ámbitos. La unión de Izquierda Unida ya sería la guinda, pero para ello habrían de abandonar todo resquicio de leninismo, desarmarse de toda esa pesada artillería, salir de esa dinámica casi exclusiva de confrontación, empezar a ser el cambio y no sólo clamar por él. El tsunami de “Podemos” nos empuje a otra playa, a otra orilla, a otra geografía de eternos valores, de renovados ideales por fin consagrados.

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