¡Paz en Ucrania!

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En este mundo estamos viviendo diferentes mundos, diferentes humanidades. Todo ello sirva para aguzar nuestra anchura de miras, nuestra comprensión y compasión. Gracias a Dios, la guerra se presenta cada vez a más humanos como una solución atávica, desfasada, cruel…, propia de seres de aún limitada evolución. Gracias a Dios, cada vez más almas claman y trabajan por una nueva tierra en la que estén plenamente consagradas la armonía y la fraternidad humanas.

Pero aún hay otra humanidad con el dedo en el gatillo, otra humanidad metida en los tanques, instalada en las barricadas, observando con el catalejos la llegada del adversario… Puede haber palabra más errada que aquella de enemigo… Redoblan desde Ucrania tan alto como desafinados los tambores de la guerra. La chispa puede saltar de un momento a otro, mismamente cuando escribimos estas letras de paz. Por enésima vez los humanos volveríamos a la batalla de hermanos contra hermanos. Así hasta agotar las balas y la gasolina, hasta prender fuego a la última barricada, hasta apurar el sufrimiento que precede al despertar de la conciencia. Así hasta que el dolor traiga su debida recompensa de luz y de amor…

Amenazan los más fríos vientos en aquellas ya heladoras geografías. Afloje esa humanidad que aún se agarra al fusil, afloje su creencia de que la esperanza puede llegar algún día de la mano de la batalla. Se instale el convencimiento de que el diálogo, la mutua comprensión y por supuesto la reconciliación, son nuestras verdaderas armas de progreso.

Frene la palabra a la bala, triunfe aquel verbo cargado con su fuego de amor. Unamos nuestras oraciones, nuestros pensamientos para que ucranianos y rusos no deban beber del amargo cáliz del dolor y de la guerra; para que encuentren en la mesa de diálogo la solución a su conflicto; para que se creen espacios plurales de convivencia en los que no sobre nadie, en los que haya sitio para todos/as. Oremos para que los señores de la guerra duerman para siempre sus caducos sueños de batalla. ¡Amén!

* En la imagen, anciana ucraniana. No se protege del frío, en realidad, reza por la paz entre los suyos.

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