“Maternal, angélico amor”. Los ángeles y la gestación en el seno de la madre. Comentario y extractos de libro.

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Ahora estamos en condiciones de sumar conciencia a las libertades que tanto nos han costado conquistar y que aún debemos seguir conquistando. Podemos querer disfrutar del libre albedrío, pero qué haremos con él, si nos falta la Luz para guiar adecuadamente nuestros pasos. Un ser verdaderamente libre y consciente de su elevado destino, en poco se ve determinado por las leyes de la tierra. En lo que al debate actual sobre el aborto en nuestro país se refiere, por supuesto la mujer gobierne su cuerpo, pero también podemos todos y todas comenzar a tomar conciencia de la sacralidad de la vida sin distinción, podemos reparar en la dedicación que supone el tejido de las diversas formas al otro lado del velo. Podemos investigar la admirable entrega “tras las bambalinas” por parte de los “creadores de las formas” (devas y elementales) que implica la manifestación de una nueva vida en la materia.

Ha sido mucho itinerario hasta alcanzar unas mínimas libertades, para que ahora no tratemos de hacer un uso elevado de ellas. De cualquier forma, las verdaderas libertades no se alcanzan por decreto-ley, sino cuando comienza a calarnos algo de esa Luz sin tiempo, ni geografía; cuando el sentido de la responsabilidad comienza a hacerse con cada uno de nuestros pensamientos y nuestro actos.

He abordado el tema del aborto desde diferentes puntos de vista en diferentes artículos y libro, pero ahora deseo encarar la delicada cuestión desde un enfoque diferente. Este enfoque complementario deriva de la lectura de un libro breve. Se trata de “El milagro del nacimiento” del teósofo Geoffrey Hodson, que se halla disponible gratuitamente en la Red. Adentrándonos en sus reveladoras páginas, podemos tomar conciencia de lo fuera de lugar se halla el debate político sobre temas tan cargados de misterio y urgidos de estudio. En medio del todo el ruido y barullo interesado sobre el tema, tratamos de recordar las palabras que Jesús nos lanzó con toda su carga emancipadora: “Sólo la verdad os hará libres”

Creo que es preferible acercarnos más a la verdad, que a la barricada política. Será necesario intentar desentrañar los procesos ocultos que renuevan la vida; llamar con humildad a la puerta del misterio de la concepción, la gestación y el nacimiento humano, para poder formarnos criterio personal con respecto al tema del aborto y de esa forma poder actuar en consecuencia. Los misterios están siendo revelados, pero a menudo preferimos permanecer en el debate estéril, más que en la búsqueda interna y la exploración seria y reveladora. Me permito traer aquí algunos aspectos de la vida intrauterina hallados en el libro mencionado y que pienso pueden ser importantes a la hora de formarnos una opinión sobre la controvertida cuestión.

En anteriores artículos ya mencionamos que la vida en la materia se empieza a gestar incluso antes del momento de la concepción, cuando al espíritu reencarnante le son presentadas, por parte de sus tutores, guías o protectores, diferentes opciones de padres que él puede elegir para que le proporcionen cuerpo y ternura en la materia.

Hodson declara que es partir del cuarto mes cuando el espíritu empieza a penetrar el cuerpo en gestación. Éste hasta entonces es gobernado mayormente por el espíritu de la madre. El espíritu del “nasciturus” ha estado empeñado activamente en la construcción del nuevo cuerpo, pero no comienza a entrar en él hasta entonces. Apunta el teósofo inglés de comienzos del siglo pasado, que el espíritu se instalaría plenamente en el cuerpo en el sexto mes de gestación. Añade: “La forma diáfana dentro de él es expresión de su conciencia.”

Hodson en este manual sin desperdicio, abunda en la función que cumplen los devas, constructores del cuerpo mental y emocional, así como las miríadas de seres elementales (minúsculos operarios del mundo dévico) que tienen a su cargo. Sobre todo nos habla del maternal amor con el que cumplen su función. Nos refiere cómo protegen al “nasciturus” de toda influencia exterior adversa, “compartiendo con la nueva forma sus propias fuerzas vitales” ¡Que tamaño ejemplo de silente entrega la del mundo angélico! Así es la vida, así se escribe las historia… Nosotros tirándonos los trastos a la cabeza en una visceral batalla política más, mientras que los devas o ángeles, los seres en definitiva hacedores de las formas, trabajan sin cesar en el seno de las madres por perpetuar la vida; se afanan en silencio, sin ninguna suerte de reconocimiento, sin protestar lo más mínimo si en un momento decidimos frustrar su obra de mucho tiempo. Ellos (utilizamos el masculino genérico pero en realidad no tienen sexo) constituyen un ejemplo de incondicional entrega, que aún no conocemos los humanos.

Apunta a este respecto el teósofo: “Cuando el ambiente está definido por una energía espiritual, por ejemplo, durante el tiempo en que la madre asiste a un servicio religioso en la iglesia o a cualquiera otra reunión espiritual, él (el ángel) absorbe de esa energía cuanto le era posible. El ángel entonces mantiene el creciente cuerpo astral (del nasciturus) dentro de sí a fin de que la energía lo envuelva completamente, magnetizándolo y modificando cualesquiera tendencias kármicas adversas.”

“En un caso el padre y la madre habían practicado por muchos años un sistema regular de meditación diaria. Se descubrió que esto había sido de valor inmensurable y de ello el ángel derivaba gran número de ventajas. En las localidades densamente pobladas de las grandes ciudades, el trabajo del ángel consiste en su mayor parte en la protección del embrión y su cuerpo astral contra las influencias adversas. En lugares donde la atmósfera psíquica es muy densa el ángel puede llamar a uno o más de sus hermanos para que le ayuden en el trabajo.

El ángel puede producir efectos indirectos sobre el cuerpo etérico y el físico. Por lo tanto, podría atenuar los resultados de un accidente ocurrido a la madre o los de un medio ambiente adverso en ese nivel, dentro de los limites kármicos del ego. En el caso de un sobresalto ocurrido a la madre, por ejemplo, él podría aislar de ella al embrión por medio de proceso de envolvimiento previamente descrito, atenuando así los efectos de una interacción muy íntima.”

“El factor principal en todo el trabajo del ángel, sin embargo, es la actuación y la palpitación de sus propias fuerzas vitales alrededor y a través de los vehículos que están a su cuidado.”

“Su actitud (la del ángel) es la de quien está involucrado en una delicada obra de arte; algo tan raro, tan precioso y maravilloso que el más grande esfuerzo, el mayor cuidado deben ponerse en acción para llevarlo a la perfección.”

En cierta manera, semejante es la asistencia que el ángel presta a la madre. Su bellísima aura angélica la cubre a manera de manto echado sobre ella desde atrás; es de un bello azul y cubre el ángel y a la madre como manto aúrico provisto de un capuz que pasa sobre la cabeza del deva, dándole notable semejanza a Nuestra Señora. Un luminoso brillo azulado da excepcional belleza a la parte superior del aura del ángel, como si llevara un manto de luz viva.”

Hasta aquí algunos de los textos de Hodson que deseaba compartir. Ahora se acercan inevitables los interrogantes: ¿De qué nos sirve sumarnos a una trinchera, a un debate superficial, interesado y enconado que sólo prolonga a confrontación humana? ¿Qué político de uno y otro signo verterá verdadera, deslumbrante, emancipadora luz sobre el misterio del nacimiento, de la gestación de la vida y de la llamada muerte, en definitiva sobre quiénes realmente somos, por qué estamos aquí y cuál es el objeto de nuestra encarnación?

Si los humanos hacemos un sincero esfuerzo por acercarnos a la verdad, llegará el día en que no sean precisos estos ariscos debates políticos. Si queremos ser verdaderamente libres y contribuir, en nuestra humilde medida, a la defensa de la vida y el progreso de la creación, deberemos seguir explorando en el misterio. Podemos disponernos a compartir los atisbos de esa luz que comienza a llegarnos. No hay cruzada por levantar, pero sí corazones por abrirse. Por supuesto libertad para la mujer. Faltaría más, pero la libertad es necesario acompañarla de conciencia. Necesitamos Luz para poder guiarnos adecuadamente en ésta y en otras tantas encrucijadas de la vida.

* En la imagen un ángel constructor, presidiendo el acto de nacimiento de una criatura humana. Extraído de un libro de Vicente Beltrán Anglada

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