La comunicación como oportunidad de servicio

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Ponencia para el Congreso de Alicante: “La cultura del servicio”
Febrero del 2014

* Imagen: Dorota Gorczakowska

Deseo en primer lugar manifestar mi sentido agradecimiento a la organización. Primero porque con la invitación me habéis dado la suerte de poder estar aquí, en medio de tan magníficas compañías, aprender de tantas ponencias de interés, disfrutar de un mar que se echa tanto en falta, en un marco de suprema belleza, pero es que a la vez me habéis dado la oportunidad de encarar una reflexión pendiente. Esta reflexión que ahora comparto, me ha dado igualmente la posibilidad de profundizar en el oficio de mensajeros, meditar sobre su finalidad última, sobre su apuesta convencida y maravillosa. Pocas veces nos tomamos el lujo de reflexionar sobre lo que hacemos desde la mañana a la noche. El mensajero no lo es sólo cuando se pone delante de la pantalla, lo es a tiempo completo. Lo es cuando escruta por doquier, en los cielos en la tierra, en los rostros, en los amaneceres, en el papel, en la Red…, un buena noticia, una noticia de esperanza que llevar al mundo. Es un permanente acecho, es una constante caza sin descanso alguno. Ni falta que hace. El mundo está tan falto de buena nueva.


Comunicar es un oficio querido, sobre todo cuando llevamos esa buena nueva en nuestros labios o en la punta de los dedos que teclean. Hacer correr la buena nueva es una ocupación que no la cambiaría yo ni por plata, ni por oro. Aunque bien pensado, sí hay un cometido por el que merece la pena renunciar a comunicar buena nueva. Es el ser nosotros propiamente buena nueva, el encarnarla, de forma que cuando nos acerquemos al mundo, el mundo pueda leer en nuestro rostro buena nueva.

Por oscuras nubes que a veces contemplemos desde nuestras balconadas, por difícil que a menudo se presente el presente, siempre hay una buena nueva para compartir, siempre hay una buena noticia que comunicar a nuestros semejantes. Los avatares de la vida nos prueban en nuestra capacidad de testimoniar lo verdadero, lo auténtico que nos habita y que habita al mundo. No sólo con los labios, no sólo al teclado, a menudo también con nuestro sólo estar, con nuestros silencios. La buena nueva está destinada a abrirse paso entre todas las nieblas del ahora y del mañana, entre todas las tormentas del adentro y del afuera.

La esencia del comunicar es el compartir, llegarnos al otro con algo bello, positivo, liberador. La personalidad busca acaparar, el alma por el contrario desprenderse, dar, regalar. En esa tensión de contrarios, en esa pugna entre nuestras naturalezas, que algunos definen, como inferior y superior, discurre nuestra vida. Más compartimos, más nos realizamos como almas. En realidad hemos desembarcado en esta tierra con el objetivo prioritario de servir y compartir. Cada quien lo que tenga más a mano, sal, tomates, pan, flores…, sonrisas, software versos, esperanza… El Cielo nos ha dado la oportunidad de comunicar cosas maravillosas. Es entonces cuando nuestra comunicación alcanza su más pleno sentido.

La Ciencia de la Comunicación es por lo tanto la Ciencia del Compartir, la Ciencia del Servicio. Es la Iniciación la que nos coloca en el centro y posición adecuados para la comunicación, no necesariamente una larga carrera en una Facultad de Ciencias de la Información. En realidad la oculta y verdadera Ciencia de la Comunicación es privativa de los Grandes Seres e Iniciados. Sólo ellos están en condiciones de emitir mensajes exclusivamente cargados de amor y de luz, sólo ellos no abrigan otro interés que el de servir a la humanidad. En tanto en cuanto que aspirantes a comunicadores y por lo tanto servidores, no podremos sino ir en pos de Sus Huellas con mayúsculas. La Ciencia iniciática nos dice que más vale unos breves instantes en la presencia de Seres realizados, que muchas horas delante de doctorados académicos aquí en la tierra.

La comunicación es por lo tanto Ciencia, pero también arte. La forma no sólo deleita, sino que también entraña contenido. El fin va en los medios, la esencia en la forma. Como es el núcleo, ha de ser su expresión. El maridaje de contenido y continente garantiza el buen desembarco del mensaje. Al fin y al cabo el arte, la belleza están llamados a apoderarse de cada vez más rincones y aspectos de nuestros días.

Así pues servimos cuando nuestra comunicación emerge del alma y se dirige a otro alma. En realidad sólo podemos compartir lo que nos gana, lo que nos llena e inunda, lo que nos embelesa. Ensayamos comunicar desde lo más puro y noble que nos habita. Quizás al contrario de lo que las Telenovelas y el Tele 5 nos proporcionan, es decir una comunicación que parte de la naturaleza inferior y se dirige a la naturaleza inferior, tratando de estimularla. Sin embargo estamos llamados a llegarnos al otro llenos de vida, llenos de Dios o como quiera que denominemos a esa Fuente de toda Luz y Amor, a ese Origen de cuanto es y será. Por lo tanto, antes que nada llenarnos nosotros de buena nueva que es esa Luz, que es ese Amor. Buscarla ya en lo profundo de nosotros mismos, ya fuera en la Creación, ya allí donde late en medio de la ancha y diversa humanidad. Si no abrigamos buena nueva en nuestro interior, si por encima de todo, no somos sonrisa, acogida, perdón, abrazo…, tendremos poco que comunicar.

Si algo sobra ahora en estos momentos en el mundo es información. Nos llega a raudales por todo tipo de medios y formatos. ¿Pero cuánta de toda esa ingente cantidad de información merece la pena retener, representa en realidad buena nueva? No abundaremos en lo que abunda, no nos entretendremos en describir el género de información alienadora que nos asalta por doquier. No perderemos el tiempo en ello. Clamaremos sí al Cielo para acentuar nuestra capacidad de discernimiento, para poder encontrar la aguja en medio de todos esos mediáticos pajares.

Hasta hace bien poco la posibilidad de emitir información residía sólo en unas reducidas agencias informativas que monopolizaban la información y estaban en condiciones de modelar la conciencia ciudadana. Hoy en día esto ha cambiado radicalmente. Hoy en día todos somos virtuales agentes de información. Las posibilidades de emitirla se han democratizado en gran medida, merced a las nuevas tecnologías. Hoy tenemos las herramientas precisas para convertirnos en agentes de información de considerable alcance.

Formas de comunicación
La palabra es un arma poderosa, pero la comunicación no la podremos limitar a la ella. La palabra escrita y hablada es una herramienta maravillosa que el Cielo ha otorgado al ser que ha alcanzado la condición humana, tras su largo recorrido por los otros reinos. Dice el Maestro Omraam Mikhaël Aïvanhov: “La palabra no puede ser realizadora, no puede actuar sobre la materia para trabajarla si no está llena de amor y de inteligencia. Las palabras vacías, huecas, las palabras lanzadas al aire no pueden producir nada. Así pues, esto nos obliga a entender que el discípulo que es consciente y desea actuar sobre toda la creación, ya sea en el mundo visible como en el mundo invisible, a fin de poner en marcha los hombres, los Ángeles, los Arcángeles, los espíritus, los elementales…, cuida que su palabra esté llena de inteligencia, de luz, pero también de calor, de amor y de la plenitud del amor. Sólo en este momento se convierte en poderosa”.

El Cielo nos ha otorgado por lo tanto un poder enorme para actuar sobre lo visible y lo invisible a través del correcto uso del verbo. Si reparáramos verdaderamente en ello, quizás hiciéramos un uso más consciente de esa facultad. Antes de lanzar la palabra, constatar que va cargada de su consabida dosis de amor y luz, de lo contrario siempre el silencio será, no sólo un buen refugio, sino también un prudente testimonio. El silencio y la palabra no son contrarios sino complementarios, sobre todo si van unidos por esa misma esencia de amor y de luz.

La palabra es por lo tanto poderosa, realizadora, pero no es la única y exclusiva forma de comunicación. El Cielo nos ha colmado de recursos. Se nos ha otorgado además de ese silencio a veces tan elocuente, la punta de los dedos, la mirada, los labios, las propias manos… Cuando estos días atravieso el bosque nevado y me llego hasta la roca que domina todo el valle, mi brazo se levanta espontáneo y mi mano abierta se dirige a todo cuando la vista abarca. Va expresando, comunicando a los grandes espíritus de la naturaleza, a los devas y elementales, a los “apus” de las montañas… profundo, sincero agradecimiento. Lo hace en un idioma abierto, universal. En realidad podemos comunicar buena nueva de muchas formas. Cada quien ha de escoger las suyas. Todos somos anunciadores de buena nueva. El soporte, la herramienta de comunicación es secundario. Los profesionales de la comunicación no son siempre necesariamente los que mejor comunican. No es sólo una cuestión de estudios, de control del medio y de la técnica, de poder en la tierra…, es un tema fundamentalmente de contacto con el alma.

Nuevas tecnologías, responsabilidad añadida
Ahora pulsamos “manzanita control” y en un segundo tenemos duplicado un libro enciclopédico. Antes no era así. Antes esa misma operación podía ser cuestión de años de trabajo. Antes comunicar a gran escala entrañaba un enorme esfuerzo, a menudo no exento de riesgo. Antes hubo de ser la “txalaparta”, la señal de humo, el “boca a oído”… Antes buscar las fuentes podía representar peligrosa aventura hasta alcanzar los pies del Maestro, largo peregrinaje por geografías ignotas. Estamos por lo tanto en un tiempo absolutamente privilegiado de enormes ventajas, no exentas de compromiso. Más avances, más herramientas en nuestras manos, equivale sin duda a más responsabilidad.

El Cielo, la Jerarquía, los Grandes Seres…, el nombre es lo de menos, tantas veces los nombres nos han dividido, han puesto en nuestras manos las nuevas tecnologías. En un alarde de confianza esperan que hagamos un apropiado y positivo uso de ellas. La pelota está pues en nuestro tejado. Internet no es el resultado de la tarde aburrida de un funcionario del Pentágono, tal como se nos ha pretendido dar a entender. Internet es un valiosísimo instrumento que el Cielo ha puesto a disposición de la humanidad, confiando en que sus servidores y los seres conscientes harían un uso positivo.

Nunca hemos tenido tanta responsabilidad como la que en este momento se nos ha otorgado. No es lo mismo situarse ante una página en blanco que ante una pantalla igualmente vacía. La cuartilla en blanco tenía siempre una difusión limitada, en cambio lo que escribimos a la pantalla lo podemos llegar a colocar en la pantalla de miles y miles de personas. Esa es la magia, ésa es también la enorme responsabilidad de nuestros días. Ambas siempre van juntas. Si el Cielo coloca más magia en nuestras manos, es porque nos considera más responsables. De lo contrario no lo haría. No podemos por lo tanto defraudar a los Grandes Seres que nos tutelan y confían en nosotros.

Hubo cuartillas escritas a mano que tuvieron una gran repercusión y difusión. Pensemos en la que escribió Lutero en 1517. Contenía sus 95 tesis en contra de las abusivas indulgencias que por entonces acostumbraba vender la Iglesia católica. El iniciador de la reforma clavó su proclama en la puerta de la Iglesia del Palacio de Witenberg y, después gracias a la imprenta recién inventada, se difundió enseguida por toda Europa. Pensemos también por ejemplo en los manifiestos con contenidos iniciáticos que colocaban los rosacruces en las puertas de las Iglesias de una Europa que comenzaba a sacudirse toda un edad media de oscurantismo. Enseguida una turba se arremolinaba encima de esos papeles. Tan pocas comunicaciones había entonteces, tan poca gente sabía leer…

Estamos de cualquier forma hablando de excepciones. La cuartilla tenía en el pasado muy limitadas posibilidades de revelarse al mundo. La capacidad comunicativa de nuestros días no tiene sin embargo parangón alguno en nuestro pasado. Hoy en día por ejemplo quien se opone a un régimen de oprobio, a una dictadura, en algún lugar buscará un teclado con conexión a Internet, de alguna forma burlará la censura y emprenderá su legítima reivindicación de libertades y de defensa de los derechos humanos.

Ayer compartir buena nueva implicaba grandes esfuerzos y sacrificios, hoy todo resulta más sencillo desde el momento que nos situamos ante una pantalla. Benditas esas redes que nos conectan a seres de todas las razas, colores, religiones, clase y condición… Podamos cumplir con nuestra parte ante tan prodigiosas ventajas. Que no olvidemos lo que hemos de hacer viajar y correr a través de ellas. Que tengamos siempre presente que pertenecemos a una Hermandad, a un Plan, a un Trabajo…; que nos voluntariamos para sembrar esperanza en esta tierra bendita. Que recordemos que quisimos estar aquí y ahora en estos momentos clave, definitivos en el que se nos brindarían tan ventajosos instrumentos para servir al Propósito Superior, a ese Afán divino que nos desborda y nos seguirá desbordando por los siglos de los siglos.

No nos pondremos ante la cuartilla o la pantalla en blanco sin preguntarnos previamente lo que el Cielo desea que comuniquemos al mundo. No ejerceremos de comunicadores sin reparar que somos instrumento, que estamos al servicio de un Plan, que estamos en Misión de amor y compasión en esta tierra bendita.

Desde el momento que tomamos conciencia de ese Plan Superior nos olvidaremos de que somos “freelance”. Podemos ir por nuestra cuenta, podremos acudir a los frentes que se nos antoje, pero siempre tendremos que responder ante el más severo jefe, nuestra propia conciencia. Deberemos interrogarnos si cuanto hemos reportado, sobre ésta o aquella cuestión, sirve al progreso de los valores eternos a los que nos debemos, sirve en definitiva al avance del Plan en la Tierra. La libertad es siempre un espejismo mientras que no alcancemos a conocer su finalidad última. Nuestra personalidad quiere atarse un pañuelo al cuello, cargarse con toda la artillería de aparatos y volver de la batalla con la crónica firmada por nuestra pluma valerosa…

Entonces es cuando no hemos comprendido nada. Cuando desconocemos a qué hemos venido aquí, a Quién y a Qué servimos; cuando colocamos nuestra personalidad en el altar equivocado. Podemos ir de “freelance” si nos gusta la independencia y la aventura y el calor de los países tropicales, pero si nos olvidamos a qué servimos, Quién nos envió en Misión, Quién nos otorgó esos maravillosos equipos, habremos olvidado lo fundamental y malogrado los días.

¿Qué comunicar?
El Plan Divino para nuestra bendita tierra difícilmente podía progresar sin el concurso de las nuevas tecnologías. De ahí el regalo de estos poderosísimos aparatos. ¿Qué comunicaremos entonces a través de ellos? Internet es utilizado por las mafias, por los fundamentalismos de todo signo y pelaje. Las páginas pornográficas son las más visitadas en la Red de Redes, pero todo ello no nos debe hacer olvidar que Internet era para nosotros, para los trabajadores y servidores de la luz, en todas su formas, modalidades y colores. Internet era para los devotos de la humanidad, no para los devotos de los juegos, los adictos a la páginas de sexo poco sagrado o para los que quieren fabricarse bombas baratas o pistolas en 3D. Internet era para todos aquellos que albergan el sueño de una tierra fraterna y en paz, para quienes pujan por un mundo más justo y solidario, para quienes quieren compartir anhelo de eternidad, certitud en una vida que nunca, nunca se acaba… Internet era para “conecting people”, para poder edificar ya en una esfera virtual compartida, el mundo enlazado y fraterno que después emergerá en la realidad física-material; para poder dar cuenta del emerger del nuevo paradigma en todos los ámbitos de actividad humana.

Habida cuenta por lo tanto de la enorme responsabilidad que hemos asumido, ¿qué comunicar? Todo cuanto emane del alma. Primero instalarnos cómodamente en su elevada atalaya. Primero pedir escribir, comunicar para Su Gloria, en Su nombre, después coger el cuaderno, el Ipad, el portátil… De lo contrario, hay quien en nuestros propio interior puede tomar el mando y jugarnos una mala pasada. La inmediatez de esos suaves teclados puede dar protagonismo a quien no queremos. La personalidad puede tomar las riendas y malograr la comunicación.

A veces lo inmediato que salta a la pantalla, puede que parta de una naturaleza más inferior y no precisamente del alma. Recogimiento, meditación, alerta y vigilancia son pautas de siempre, pero particularmente de nuestros días tan acelerados. ¿Cuántas veces no nos hemos arrepentido de haber pulsado demasiado pronto el botón de envío? ¿Cuántas veces no hubiéramos querido una segunda oportunidad para escribir desde más arriba de nosotros mismos? Alerta y vigilancia más sobre nosotros que sobre el otro. Pediremos ser humildes canales, ser emisarios para redondear la letra, para que todo llegue con la mayor carga de fe, vida y esperanza. Comunicar hoy es de una enorme responsabilidad a la vista de las herramientas que gozamos. En cada momento hemos de preguntarnos si aquello que baja a la punta de nuestros dedos, es el sentimiento más luminoso, amoroso que albergamos. Habremos de preguntarnos si el contenido está ubicado, si va con la forma apropiada, si es lanzado en el momento justo y el lugar idóneos; si su comprensión está al nivel del destinatario. Se nos pide trabajar con inteligencia y eficacia, para poder ser más útiles. Así recibiremos también el apoyo superior al que aspiramos. En todo momento habremos de discernir quién teclea, en todo momento garantía de que aquello que lanzamos al mundo ayuda a nuestros congéneres y empuja el progreso del Plan para esta tierra bendita.

Sin esa seguridad, mejor es el silencio fértil, o el archivo lanzado raudo a la papelera. Sí, si en lo que tecleamos nos asaltan nuestros agregados psíquicos, nuestra sombra por nombre orgullo, irascibilidad, rencor…, el mejor destino puede ser el cajón del escritorio. A veces podemos olvidar que estamos integrados en un trabajo colectivo, que dimos nuestra palabra de teclear para la Aurora. No es nuestra firma lo que importa a la hora de comunicar, sino la contribución que podamos realizar al avance de la conciencia global. Simplemente saber desde dónde emitimos y hacia donde dirigimos nuestros mensajes de una u otra índole.

Cada quien sabe dónde se halla su fuente, su manantial para llenarse de buena nueva. Cada quien sabe dónde abrevar si después queremos llegarnos al mundo con esa agua que refresca, limpia, libera y emancipa. He querido aquí reseñar esas fuentes, esos manantiales de buena nueva. Bien podríamos ordenarlos de la siguiente forma: el Misterio o lo Inombrable, nosotros mismos, la Creación y la propia humanidad.

El Misterio como fuente de información
La más fina comunicación es seguramente la que se produce en plena unión con lo Innombrable, con el Misterio. Primero los salmos, después los evangelios. Primero caernos de rodillas rendidos ante lo Alto, después levantarnos y compartir. La primera de las comunicaciones será por lo tanto poesía reverente, éxtasis. Cuando la Noticia con mayúsculas nos engulle, cuando nos hacemos uno con la Buena Nueva, somos alabanza. Ya no hay diferencia entre el comunicando y el comunicado. El éxtasis místico representaría pues la comunicación en su estado más puro.

Nosotros mismos como fuente de información
A veces las mejores noticias las trae la simple presencia, no necesariamente la palabra escrita o hablada. A veces las mejores nuevas vienen envueltas en el embalaje puro del silencio, a veces vienen del otro extremo, del retiro necesario del mundo. La más grata noticia que podemos también compartir, somos nosotros mismos y nuestra presencia saludable, armoniosa, alegre… Nosotros somos los anunciantes y los anunciados. Que la gente pueda leer en los renglones de nuestro semblante que la esperanza sigue viva sobre la tierra. Que puedan hallar el sol en lo profundo de nuestra mirada, sobre la geografía de nuestro rostro. A veces no prima el esfuerzo por emitir noticia. A veces su éxito depende sobre todo de inundarnos de paz, serenidad, agradecimiento…

La Creación como fuente de información.
Todo es maravilla y perfección en la Creación. Todo es noticia. Ocurre que hay que saber leerla. Ahí es cuando pesan la carga académica, las diplomaturas y los doctorados, ahí es cuando hemos de volvernos sencillos, reverentes para poder leer una Creación tan colmada de noticias, con lecciones tan escondidas. Hemos de saber interpretar los mensajes que por doquier emite la Madre Naturaleza. Hemos de pasear despiertos, alertas para poder penetrar en la esencia de su mensaje.

A veces la más bella comunicación nos llega cuando venimos de la geografía de la soledad, de la comunión con la Madre Naturaleza. Ésta es noticia por doquier, pero a menudo se nos escapan sus omnipresentes teletipos. Alerta, serena expectación, mindfulness… son diferentes formas de perseguir la Noticia. Se trata siempre de la misma actitud receptiva, reverente ante el libro inmenso de la Creación. ¿Qué es el Mindfulness, sino el radar desplegado para captar la buena nueva?

Hace muy poquitos días a la vuelta de un paseo solitario por la sierra nevada redactaba estas letras, emitía este “teletipo” que me permito compartiros, pues está directamente relacionado con el tema de la comunicación que ahora nos atañe:

“Cautivos de maravilla”

¿Cuál es el impacto de la belleza sublime en el ser humano? La aspiración a la belleza, el deseo de que todos los humanos conozcan la belleza. La belleza suscita un sentimiento de profundo agradecimiento al Origen de toda vida, a cuanto es, a cuanto florece y apaga y vuelve a brotar… Las primeras yemas de los árboles se abrirán para confirmarnos una vez más que no estamos solos, que nunca lo hemos estado. Nos lo susurra el hayedo cada vez que remontamos la empinada cuesta y nos acercamos reverentes a su vera. Algo, Alguien apaga cada invierno toda esa inmensa, sobrecogedora función y la vuelve a poner poco a poco en marcha con la primavera. Así silenciosamente por los siglos; así sin meter ruido por toda la eternidad…


Torpe siempre el bardo cuando sube el puerto por el sendero de a pie y se encuentra con ese sublime espectáculo blanco que le desborda. Saca el cuaderno y busca las palabras que no aún no existen y por lo tanto nunca hallará. La niebla es un manto celeste que te fusiona aún más si cabe con los árboles. Te abriga con sus brazadas de algodón, te devuelve la sensación del eterno Uno. Es cuando la Naturaleza calla, cuando la unión con ella es si cabe más íntima. Pasear solo un hayedo de blanco es llenarte de Dios a cada aliento, a cada paso. No se ha inventado aún vocabulario. El poeta claudica al hollar esa magia de otra esfera…

Calla por lo tanto el vate y habla el hombre que se pretende de ciencia. La belleza es orden, armonía, equilibrio… La belleza no es causal, es Ley. La Ley del ritmo es la evidencia de la consagración de Dios a toda la vida sin distinción alguna. Todo lo que ahora duerme despertará, irradiará, florecerá…. Mantenerte observante y extasiado ante el latido aún contenido, ante el futuro despertar del bosque durmiente es mecerte en el reconfortante sentimiento de paternidad divina y fraternidad humana.


No tengo otro libro sagrado que esa belleza inmensa y sobrecogedora del hayedo desnudo. Allí arriba se juntan todas las Escritura. No necesitamos más. Allí en las ramas desnudas, entrelazadas, se reúnen también todos los doctrinarios. Cada paso consciente, arrobado, fascinado es una página que puja grabarse para siempre en el alma. Los libros sagrados hay que leerlos una y otra vez para poder destilar su esencia. La montaña será preciso remontarla una y otra vez; el bosque patearlo con frecuencia también para embebernos de su belleza, para hacernos con su inmanente sabiduría sin dueño, ni tiempo.


Entré en tantos templos. En los viajes por todos los continentes, me postré ante los altares de todas religiones, pero definitivamente mi credo está allí arriba, encima de mi casa, detrás de las soberbias rocas. Mi fe se blinda entre esos hayas desnudos, solitarios. No tengo más religión que la de llegar un día a ser esa armonía suprema, esa donación que no cesa… Calcemos más y más las botas. En medio de la contemplación y el éxtasis, pidamos el susurro de enseñanzas a la Madre Naturaleza. Éstas irán poco a poco penetrando en nuestro interior. No lo dudemos.

El mundo como fuente de información. A la búsqueda de la noticia positiva.
Nuestro unión con el Misterio que nos habita, nosotros mismos, la Creación por supuesto, pero también el mundo es fuente inagotable de buenas nuevas a comunicar. Sólo hay que observar el devenir de la humanidad y constatar que por doquier emerge la noticia positiva, esperanzadora, liberadora, emancipadora…

Lo bueno, lo verdadero a menudo permanece oculto. No es fácil que encontremos la buena nueva a primera vista en los titulares de los medios más oficiales. A menudo la hallaremos en lugares secundarios o incluso recónditos. A menudo para buscar la buena noticia no nos servirán los grandes periódicos, televisiones, ni las poderosas agencias informativas…, a menudo las fuentes informativas no están tan a la vista, de ahí la necesidad del rastreo por veredas alternativas. De todas maneras, la información se ha desmonopolizado y democratizado increíblemente también, por lo que las posibilidades de dar con esa “buena nueva” en espacios y medios paralelos, también han aumentado. En realidad hoy cualquier persona con un ordenador o con un teléfono inteligente ya se torna virtual fuente de información, con lo que las posibilidades de difundir luz se han multiplicado también exponencialmente.

La nueva humanidad emerge de forma silente y paulatina en todos los ámbitos de la actividad humana. Ahí está la noticia a reportar. No podemos centrar nuestro interés informativo en el mundo que se derrumba, sino en la esperanza que emerge. Lo que no se ajusta a la ley universal del libre albedrío, del amor, de la solidaridad universal, caerá y no es preciso que nosotros lo empujemos. Nuestra atención informativa ha de centrarse en lo que por todas partes, en todos los ámbitos está ya surgiendo, se está construyendo. Nuestra función es imprimirle esa idea de globalidad, enmarcarlo dentro de un esfuerzo y trabajo planetario, de un plan superior. Ya lo deja soberanamente claro el Tibetano: nuestras alianzas son todas las fuerzas que “reconstruyen”.

A veces la comunicación también ha de manifestarse rotunda, tornarse en firmeza. Firmeza es defensa, nunca ataque. Firmeza que puede ser protección del desvalido, del vilipendiado, del explotado, del oprimido… Entonces es cuando la palabra ha de vestirse con toda su pacífica armadura, cuando ha de hacer urgente acopio de todo su poder. Mas nunca para atacar, si ataca olvidará sus esencia, su compromiso, su palabra. Valga la redundancia la palabra que ataca es la palabra que se ha olvida de ella misma, pues en esencia es siempre luz, amor y esperanza.

Bajo ningún concepto atacar a quien oprime, abusa, explota. Nuestra palabra, nuestra comunicación habrá de estar enfocada a detenerla explotación, la opresión, la conculcación de los derechos humanos. Es preciso denunciar y frenar el abuso, la injustica, sin olvidar que quien lo comete es un hijo de Dios sumido en la absoluta ignorancia. El ataque personal no debe estar en nuestra agenda, pero sí el intento de frenar el despropósito De esa forma servimos, de esa forma ayudamos al progreso humano, pero si entramos en la confrontación, perpetuamos su dinámica, reforzamos la espiral de la violencia, de la que es tan urgente que salga ya el ser humano.

Dar a conocer el hecho sí, juzgar a la persona que comete el desatino no, pues ése no es nuestro cometido. Es la Vida la que se encarga de poner a cada quien en el lugar que por Ley le corresponde, no nosotros. Hay una suerte de Superior Justicia que no es de este mundo y en la que deberemos de confiar. La raya que a menudo separa denuncia de un hecho con juicio a una persona es a menudo muy débil, pero habrá que tenerla siempre muy presente. Quienes nos dedicamos a observar el mundo y sus aconteceres no somos togados. Nuestra emocionalidad inferior, nuestra astralidad iracunda o rencorosa siempre tiene una palabra cargada de plomo lista para ser arrojada. Lo más difícil será retenerla, frenarla. Lo más sencillo lanzarla.

A veces los comunicadores libramos ante la pantalla también una cruda batalla contra nosotros mismos, contra esa parte que precisamente busca erróneo desahogo, trifulca, confrontación. Esa fuerza al fin y al cabo destructora, ese fuego que puede tornar iracundo, es el que es preciso transmutar en luz y en amor. El fin ha de estar en los medios. No podemos avanzar hacia un mundo de más paz, armonía y equilibrio con la compañía de la palabra desairada.

También nos atrae el testimonio como noticia. El testimonio nos demuestra que otro mundo es posible y que se está logrando, siquiera a pequeña o incluso individual escala. El ejemplo no para mimetizarlo, sino para que actúe como motivante en favor del bien y de la verdad. Las personas que trabajan en el mundo del arte para difundir belleza; en el ámbito social por contribuir a la emancipación de los más débiles y desprotegidos; en el ámbito de la política por promover el avance de los pueblos hacia mayores cotas de justicia, armonía, paz y libertad; en el ámbito de la sanidad por ayudar a preservar la salud física, mental y espiritual de las personas; en el ámbito de la educación por ayudar al emerger del alma y todo su potencial creativo y liberador; en el ámbito de la ciencia arañando misterios y facilitando la vida humana, para hacerla más confortable, liberándola de tiempo para el cultivo del alma…., constituyen noticia. Es un placer ponerse a su vera con grabadora y oídos bien atentos. En un prólogo en el que presentaba las entrevistas a estos testigos de un nuevo tiempo, me refería a ellos, ellas en estos términos:

“No están hechos de una pasta especial, pero su mirada orada la bruma del mañana. Son hombres y mujeres corrientes, tan sólo vuelan y dejan estela…Son seres humanos con sus aciertos y errores, pero ensanchan el mundo y se hicieron acreedores del gozo de caminar en su compañía. A ninguno de ellos le convence el apelativo de “maestro”, menos aún de “gurú”, pero lo cierto es que han marcado la vida de muchos buscadores y caminantes de la senda del espíritu.

Alguno se conforma con el apelativo de “líder”, otros de “guía”, otros ni siquiera eso. No se autoconceden esos privilegios. El caso es que ponen los pilares del mañana , de una era definitivamente más fraterna y espiritual. Son los “testigos de un nuevo tiempo”, los que sugieren los principios y valores del futuro, a veces incluso también los encarnan… Sí, los hay quienes incluso vivencian y ponen en práctica lo que proclaman y es así como se tornan un buen día “imprescindibles”. Ni que decir tiene que fue un placer haberles conocido, haberse contagiado de su fuerza, amor y luz.

Comunicar sin firma
El servicio se consagra en el anonimato. Una vez que hemos dado con algo grande, que hemos encontrado en la Creación, en su Origen, en el mundo o en nosotros mismos, algo digno de ser comunicado, enviar esa carta, esa luminosa misiva sin firma, ni nombre. No hay mejor rúbrica que aquella ausente. Entonces es cuando la consagración al Plan y a Quienes lo sirven es total.

Una y otra vez, sobre todo al teclado, nos habremos de formular la pregunta que nos hace el Maestro Tibetano: “¿Serán Vds. capaces de trabajar como lo hacemos Nosotros, detrás del velo sin concesión alguna a la personalidad…?” Esta sería la última cuestión a compartir. Hablando de buenas noticias, ¿hablaremos de los grandes Seres, de Quienes conocen y sirven al Plan? ¿Hablaremos de la Comunión de seres realizados que guían los destinos de la humanidad? ¿Cuándo hablar, cuándo callar? ¿Cuándo atender a la invitación superior de revelar la existencia de un Propósito divino y de Quienes lo tutelan? Ésta es la pregunta que nos hacíamos muy recientemente con un amigo. Concluimos que no hay al respecto letra escrita. Hay, eso sí, que aguzar discernimiento y apurar humildad. Cuando surge la posibilidad, dar cuenta de los Hermanos que nos aventajan y sirven y monitorean, dar cuenta del Gobierno espiritual del Mundo, y así dar también constancia de que nunca hemos estado solos. Compartir, comunicar igualmente la existencia del reino dévico-angélico al que todo le debemos y con el que la humanidad tiene pendiente un definitivo abrazo… Cuando surge la oportunidad, responder a ella, pero de lo contrario mejor callar. No sea también que nuestro orgullo se desfogue. Si no es el lugar, ni el momento, ni las conciencias están receptivas, es preferible callar, pues podemos sembrar más confusión que luz. El don de la ubicación es imprescindible para el buen comunicador. Hemos de ser muy responsables con aquello que comunicamos.

La buena nueva del Nazareno es preciso renovarla y adaptarla a nuestros días Aspiramos a ser heraldos de su amor sin frontera alguna. Con tiento y humildad, con respeto y cuidado, hemos de seguir contagiando de alguna forma la más reveladora y emancipadora noticia de todos los tiempos. La humanidad lo necesita. Somos todos Prometeos solares que arrancaron al sol la buena nueva del dar sin esperar nada a cambio. Somos heraldos de la Noticia entre las noticias, portadores del fuego más poderoso que es el del amor fraterno y la filiación divina.

Reza la Gran Invocación que hay un punto de Luz en la Mente de Dios y que ésta ha de afluir a las mentes de los hombres, nosotros podemos operar como sus humildes comunicadores. Reza esta oración que el Cielo ha otorgado a toda la humanidad, que hay un punto de Amor en el Corazón de Dios que ha de afluir a los corazones de los hombres. Nosotros podemos ser llamados a fungir como humildes anunciadores de ese Amor. Dice esta oración que está en los labios de hombres y mujeres de todas las razas, credos y condiciones sociales, que hay un centro donde la Voluntad de Dios es conocida y que ese propósito ha de guiar a las pequeñas voluntades de los hombres, nosotros podemos ser los propagadores de ese Propósito, de forma que un día se realice el Plan de Amor y de luz y se selle la puerta donde se halla el mal; de forma que más pronto que tarde la Luz, el Amor y el Poder restablezcan el Plan Divino sobre esta Tierra bendita.

Koldo Aldai

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