Cantábrico desbocado

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Vuelve lo que enviamos. Las olas en realidad siempre han sido meras mensajeras. ¿Dónde nace esa furia que rompe nuestros puentes y amenaza nuestros hogares? ¿Será en el Cantábrico de nuestros errores, en el Atlántico de nuestros abusos, en el mar demasiado ancho de nuestros atropellos? ¿Dónde se urde toda esa fuerza tan descontrolada? ¿Qué huracán de ambiciones envió al asalto, uno tras otro, a todos esos mares?

Dique de templanza y mortero allí donde rompen nuestros impulsos y deseos incontrolados. Vuelta al equilibrio con todo lo creado, al amor con cuanto palpita, para que volvamos a pasear por nuestros puentes de siempre, por nuestras anchas avenidas del mañana. Viajo por tierra adentro, cuando me llegan las imágenes de la destrucción en nuestra tierra del borde, en nuestros litorales tan familiares y queridos.

Si queremos hallar la paz a la vera de nuestras olas, reconstruir los castillos de paz en nuestras playas de siempre , primero apaciguar nuestros temporales interiores, la ambición desmedida que hace rugir a todos los Cantábricos. Primero las aguas serenas, después desde la arena infinita, un canto de ternura hacia la Madre y sus océanos desenrizados, “Amalurra” generosa.

* Imagen del Paseo Nuevo de Donosti durante los pasados días de temporal. Imagen obtenida de El Mundo

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