España junto a Catalunya

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Nos ha costado toda una vida descubrirlo. El devenir de la historia no lo constituía la sucesión de reyes y sus batallas, tampoco el encadenamiento de diferentes modos de producción, como hemos defendido durante tantos años, desde una reducida perspectiva materialista-marxista. Somos mucho más que la elemental materia, que la condición de esclavos, vasallos u obreros, a la que hemos sido sometidos a lo largo de los sucesivos modos de producción más o menos inhumanos. Igualmente a nivel territorial, se impuso la ley del más fuerte, ganó el agravio, la bota militar, pero ese recorrido va poco a poco culminando. Aprendidas aquellas duras lecciones, estamos en condiciones de construir un presente en el que por fin se consagren los valores y derechos humanos, a lo largo de los siglos conculcados.

Más allá de nuestro cuerpo físico, somos almas que van progresivamente, encarnación tras encarnación, adquiriendo grados superiores de conciencia. El avance de la historia representaría por lo tanto el desarrollo de esa conciencia colectiva. Sería la progresión en infinidad de vidas, desde nuestra condición casi animal, hasta nuestra realización como seres colmados de luz y compasión. Nos forjamos en esas batallas. Se curtió nuestro valor, se apuró la lección en los campos de sangre y fuego que se extendieron por todas las geografías.

Somos seres que tropiezan y se levantan, que han sufrido y crecido. Somos conciencia que avanza por las muy anchas avenidas que delimita un Plan Superior, somos almas tras la reconstrucción de Reino de Dios en la Tierra. Al final de este largo periplo evolutivo se alza el arco crucial, el portón iniciático en el que deberemos perdonar a quienes nos causaron mal. “El olvido de los agravios es la nota de nuestros tiempos”, dice el Maestro Dwal Khul. Sin ese olvido no hay progreso hacia mayores cotas de realización personal y colectiva, olvido en el sentido de perdón, no de fomento de desconocimiento.

El dolor acercó ya demasiadas veces sus cosechas en forma de luz y de amor. Ahora es cuando la historia ya no nos modela, sino cuando nosotros/as empezamos a modelarla a ella. Comenzamos por fin a vivir un presente de seres y pueblos más empoderados. Todo apunta que estamos llegando a ese punto definitivo, a ese portón del olvido, a ese lugar en el que alcanzamos, a la vez que más conciencia, también mayores libertades. A nada que aligerados de rencor, saquemos partida a las lecciones del pasado, podremos dar arranque a una nueva era más fundamentada en los valores de mutua entendimiento, apoyo y armonía.

Sí, quizás desde la capitalidad de España se obró de forma reiterada en contra de la singularidad y la autonomía catalana, pero los foros y congresos del presente pueden ser una oportunidad también para reinaugurar historia y poner el contador a “0”. Pero si unos han de olvidar los pretéritos ataques, otros han de estar a la altura de la hora, del presente de plenas libertades, han de demostrar su autenticidad democrática. Bajo ningún concepto moral, ni político, ni social se puede impedir a un pueblo decidir sobre su futuro.

El presente difícil, complejo y a la vez apasionante nos brinda trabajo y desafío para todos. Si Barcelona tiene el reto de intentar pasar página, Madrid tiene la obligación incontestable de, cuanto menos, permitir el referéndum de autodeterminación por el que se ha decantado el soberano Parlamento catalán. No nos termina de convencer el Congreso de “Espanya contra Catalunya” que se inaugura hoy. En estos momentos tan delicados, ahonda la distancia y actualiza la herida, pero tampoco nos convence la cerrazón incomprensible de unos mandatarios socialistas y populares que se autodenominan demócratas y después, de una forma indigna y totalitaria, impiden que los ciudadanos catalanes se acerquen de forma civilizada un domingo a las urnas para decidir sobre su futuro.

Los pueblos ibéricos estamos llamados a estar juntos, a conformar una gran federación. Mucho es lo que nos ha unido, mucho más aún lo que juntos hemos de construir, pero ese avance hacia una creciente unidad en la diversidad, sólo será posible en un marco de libertad y de decisiones propias de los pueblos. Añaden crispación dolor, retrasan la historia quienes tratan e impedir un proceso tan inevitable, como elemental y democrático.

No abrigamos dudas: Espanya y Catalunya juntas, pero en plena libertad, en mutua comprensión, en férrea solidaridad. No hay otro camino. Lo demás es volver para atrás, más de lo mismo. Ahora es el momento. Puedan estar las dos partes enfrentadas al nivel de la oportunidad grande que nos brinda el presente. Puedan hacer gala de la generosidad y altura de miras que esperamos de ellos/as.

Imagen obtenida de la web: http://www.sipoll.com

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