“Fuimos semilla”. A propósito de la nueva Ley del aborto aprobada.

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Hay cuestiones que, por su controversia y a la vez trascendencia, requieren ser abordadas de una forma distante, a la vez que desnuda; a poder ser fuera del tiempo y el entorno cultural de quien opina. Será necesario intentar trascender las circunstancias que rodean al criterio y que impiden atender el tema de forma debida, objetiva y serena. El polémico asunto del aborto, cuya legislación acaba de ser modificada en España, poco debería tener que ver con la liza ideológica o religiosa.

El ser humano en su desarrollo va adquiriendo un creciente compromiso con la vida en toda su extensión, ya adquiera ésta cualquiera de sus formas: mineral, vegetal, animal o humana. Más allá de lo que se clame desde las trincheras de uno u otro signo, la persona ha de encarar en algún momento el misterio de la vida. Esa exploración del Misterio siempre comportará una responsabilidad añadida. Nadie sale indemne de esa tentativa. A partir de ahí, la esfera de nuestro abrazo está destinada indefectiblemente a ensancharse. Nos debemos al cuidado de la planta, del animal y por supuesto también del humano, en todas su condiciones y fases de desarrollo. Más conciencia equivale por lo tanto a más compromiso, pero no a una espada blandida con añadida fuerza, sino a un amor susurrado con más delicadeza y convencimiento en el momento y lugar oportunos.

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Manos en el bolsillo, corazón en los labios

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Es la esencia de una cultura que quiere vivir y que en el sonido deposita su esperanza. Es un orgullo callado que asoma cada cuatro años, otra suerte de olimpiadas en la que todos ganan. Es el vigor de una forma de estar en el mundo, de una lengua ancestral que quisieron callar. Son los “bertsolaris”, poetas y bardos confinados de por vida en la entraña de un pueblo.

Es lo efímero que puja por durar, el poder del verbo vibrando en cada alma, afirmando su poderío. Es el tiempo que consiguen detener garganta y labios serenos. Es el verso que se improvisa y sin embargo puede devenir eterno; la sola palabra despertando las memorias, inundando un colosal aforo. Es el humano inmutable corriendo tras el vocablo preciso.

Nadie prende un incienso, ni aviva una vela, sin embargo la ceremonia está servida. Hay un alma grupal que se expresa por medio de quienes no sacan las manos de los bolsillos, ni el corazón de los labios. Sólo airean esas manos para abrazarse. Nadie menta la fraternidad, pero hay una comunión que se desborda. Sobra el altar cuando se consagra en Barakaldo esa entrañable fraternidad.

Mil esker Arzallus eta Lujanbio!!

Más info del evento: http://www.eitb.com/eu/kultura/bertsolaritza

España junto a Catalunya

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Nos ha costado toda una vida descubrirlo. El devenir de la historia no lo constituía la sucesión de reyes y sus batallas, tampoco el encadenamiento de diferentes modos de producción, como hemos defendido durante tantos años, desde una reducida perspectiva materialista-marxista. Somos mucho más que la elemental materia, que la condición de esclavos, vasallos u obreros, a la que hemos sido sometidos a lo largo de los sucesivos modos de producción más o menos inhumanos. Igualmente a nivel territorial, se impuso la ley del más fuerte, ganó el agravio, la bota militar, pero ese recorrido va poco a poco culminando. Aprendidas aquellas duras lecciones, estamos en condiciones de construir un presente en el que por fin se consagren los valores y derechos humanos, a lo largo de los siglos conculcados.
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¿Voluntad de Dios?

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“Un día me sorprendí pensando que cuando un ser consiga realmente traducir en toda su persona el espíritu de Cristo, ya no es la sangre lo que se escurre de su costado, de sus manos y de sus pies, sino aceite, la bendición del Cielo y de la Tierra…”, confiesa a su querida Chiara un Francesco, en gran medida arrepentido por tanta autoexigencia de sacrificio. Acontece ello en el libro una y otra vez releído de “El secreto de Asís” de Daniel Meurois Givaudan. Sin embargo esa disyuntiva de la sangre y del aceite, de la penalidad y del gozo, forma parte también, en alguna medida, de nuestras propias vidas. Nuestro presente se deja mecer a menudo en esa mezcla de líquidos tan diferentes. ¿Cuántas veces no hemos imaginado al santo de la Umbría reconstruyendo con los “frateli” su ermita de San Damián, pero somos hoy convocados al mismo sacrificio de manos y pies desnudos?

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