Las dos humanidades

coche


Podemos encontrar historias bellas hasta en los lugares más insospechados. Yo vengo de hallarla en medio de un cementerio de coches. Allí llegó en grúa mi vehículo moribundo, de allí salió resucitado. Los hombres buenos a veces visten viejo buzo y grasa hasta el cuello. He visto a un fogueado mecánico, curtido en las mil y un calamidades del motor, literalmente correr de un lado para otro afanándose en recomponer el cisco que le llevaba. Durante dos días se empleó en salvar mi coche con piezas de desguace y al final lo consiguió. 


Conocer a un hombre bueno a veces sale caro, pero compensa. Un panorama de máquinas destrozadas acorrala al protagonista de nuestra historia. Las apariencias nos siguen engañando. El dolor y la inconciencia permanecen aún grabados en los aceros retorcidos, pero la nobleza también medra entre la herrumbre. Tras burlar una avería mortal, nuestro buen hombre me entregaba las llaves del coche satisfecho. Me cobraba un precio muy inferior a lo que supone una avería de esa categoría. Ha debido de cambiar infinidad de piezas. La correa de trasmisión se había roto desencadenando el estropicio. Quien me vendió el vehículo de segunda mano, me aseguró que la había cambiado, como es preceptivo, a los 100.000 kms, pero no fue así.
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¿”Panrico” o pan rico?

pan

Queremos pan rico de aquel con levadura madre, agua de manantial, fuego lento y grano entero. Queremos los olores que ya marcharon, los oficios que se olvidaron, la salud que perdimos… Queremos los pequeños hornos de leña inundando de nuevo nuestras geografías.

No deseamos volver para atrás. Hacia atrás fuimos cuando al grano le quitamos la cáscara y el germen, cuando al pan se le echaron los conservantes y la legión de cancerígenos “Es”, cuando ya en forma de molde, se metió en una funda de plástico y se puso a viajar cientos de kilómetros en grandes camiones, lejos de su origen. El paso para atrás fue cuando olvidamos el sabor genuino de los alimentos y nuestro paladar dio por bueno lo adulterado, cuando nos acostumbramos a ingerir cualquier sucedáneo cargado de aditivos químicos.
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Nación a debate

rosa rodero

Han sufrido por la muerte violenta de un ser querido y el día pasado se juntaron en un puente y tiraron flores en su recuerdo. Y sus palabras cuando esas flores navegaban por el Nervión fueron de perdón, de reconciliación de mirar con esperanza al futuro, de que podremos vencer las divisiones pretéritas y legar un mañana de paz y unidad a nuestros hijos… El orgullo colectivo puede nacer de los más diversos sentimientos de pertenencia: una camiseta que llevan unos ídolos, un color político, una enseña, una marca… El orgullo puede también surgir del deseo de opositar a esa casta de hombres y mujeres que no les doblegó el dolor, ni el odio y tiran claveles rojos y blancos a los ríos de la vida y alientan esperanza a los cuatro vientos.

El mismo día del homenaje en Bilbao al sargento de la Ertzaintza, Joseba Goikoetxea, muerto por ETA, el nobel Mario Vargas Llosa, con motivo de un galardón otorgado, arremetía con dureza en las páginas de “El Mundo” contra los nacionalismos. Cargaba también contra los de signo pacífico y democrático. No hay una tregua, no ceden las andanadas artilleras desde la gran alcazaba mediática.
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Una inmensa piel

inmnesapiel
Quizás sólo nos falte comprender que a todos los humanos nos recubre una misma piel. La colorean diferente pigmentos, la bañan estos y aquellos océanos. Quizás todos calzamos una misma epidermis, extensa, azotada por los diferentes vientos, templada por los variados soles, acariciada y arañada por tantos azares. Las pieles del mundo son nuestra piel, abrigan nuestro propio cuerpo. La cuchilla que hiere su envoltura también sangra la nuestra.

Un solo corazón, una sola piel, una sola humanidad. Sólo reclamamos a los políticos, sólo nos pedimos a nosotros mismos las cuchillas sin filo, el hierro romo. Sólo queremos cubrirnos con una inmensa y compartida piel sin heridas. Las hojas afiladas, recién reinstaladas, en la verja de Melilla, producen profundos cortes en las manos y piernas de los inmigrantes. Ante la intensificación del flujo inmigratorio desde África, no decimos que deba necesariamente mediar el abrazo, la calurosa y masiva acogida, cuando aquí también medra la necesidad, pero cuchillas no. No más hierro afilado contra el humano-hermano, contra el subsahariano necesitado. Algo falla en este mundo que afila tanto las cuchillas y levanta tanto sus muros. Algo no hicimos bien, cantan las verjas ensangrentadas.
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¡Adelante Chile!

Bachelet

La política no es tierra quemada, territorio irrecuperable para el servicio. No todo ese cuestionado campo está contaminado o perdido. De América Latina también nos llegan buenas noticias. Observamos con esperanza el proceso de Chile, el ascenso de Michelle Bachelet, su prácticamente asegurado triunfo en la segunda vuelta del 15 de Diciembre.

En los tiempos en que medra un populismo que exacerba las emociones de resentimiento, cuando no de odio, tranquiliza contemplar el progreso de una mandataria que construye puentes sociales, en vez de saltarlos por los aires. Tomen buena notan los líderes políticos latinoamericanos que desean perpetuar las dos orillas, la confrontación entre clases e ideologías. Bachelet es para nosotros/as ejemplo de ejercicio político enfocado en el genuino servicio, referencia de inclusividad, ejemplo de perdón.
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Vamos juntos compañero/a…

aquiestamano

Hay un Plan de Amor y de Gloria. Hay Quienes conocen ese Plan, pues alcanzaron la perfección y la entrega más absoluta. Hay un Sendero para llegar a Ellos/as. Démonos la mano, ahora que estamos más juntos, ahora que estamos más despiertos, ahora que tenemos más oportunidades que nunca. Démonos la mano y avancemos unidos por ese Sendero más y más iluminado.

Ahora que se derrumba esta civilización no ajustada al Superior Propósito, ahora que cunde el despiste, la desorientación, el temor…, ahora es cuando podemos comenzar a salir de nuestras madrigueras, reunirnos en las plazas de asfalto y virtuales y empezar a susurrar esa Aurora, esa nueva civilización por fin ajustada al Plan, al Divino Designio de Paz, Amor y Fraternidad.

Ya no atajos, ya no excusas, ya no prórrogas: ¿cuándo sino ahora, cómo sino unidos y con la ayuda de los Grandes Seres? Juntos quisimos estar en este particular presente que ya ha llegado. Sí al Face, al Twiter, a los blogs, a las webs, al “Guasap” ese que no sé cómo funciona y menos se pronuncia y escribe…; sí a todas las nuevas tecnologías que el Cielo nos cede, pero no olvidemos el qué y para qué teclear; no olvidemos por qué y para qué nos citamos en esta hora; por qué y para qué solicitamos nos fueran cedidas estas potentes máquinas, estas sofisticadas herramientas de comunicación y difusión.
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¿Misión a Marte?

Lucy Naldos
El cielo infinito puede esperar. Primero viajar hasta el corazón de nosotros/as mismos/as. Primero alunizar en medio de los cráteres abiertos de nuestra conciencia. Los cohetes más allá de la atmósfera no debieran apresurarse. Llegará el tiempo de los viajes interestelares, pero primero billete de “cercanías”.

Hoy nos cuentan los periódicos que la India vuela a Marte, pero centenares de millones de indios viven en la más absoluta pobreza. Llevo aún incrustada en mi retina la miseria de los slums de Calcuta y de Bombay, de cuando reunimos valor y caramelos para entrar con la nariz roja en aquellos infiernos. Encender la mecha de esas sondas supersónicas puede ser una broma de mal gusto, cuando tantos niños del país mantienen su mano extendida pidiendo una limosna.

La broma, digo el cohete en cuestión, sale a setenta y tres millones de dólares la pieza. No interpretaremos la cifra lujuriosa en clave de estómagos saciados. No la traduciremos a kilos de arroz, a litros de aceite y paquetes de azúcar y sal. No haremos el trasvase. El disparate no requiere ser adornado con tanto cero. Dicen que ha sido un éxito la primera misión de la India a Marte…, pero aún no acierto a captar qué se les ha perdido a los indios allí arriba, en aquel recóndito planeta rojo. No termino de comprender ese anclar tan lejos la mirada, mientras que tantos conciudadanos no tienen qué llevarse a la boca.
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“Mujer sagrada, no p.”

mujersagrada

Trescientos cuarenta y tres intelectuales franceses han suscrito un manifiesto a favor de la prostitución, cuyo título reza “No toques a mi a mi p.” Mejor huérfanos. Mejor que nos guíe el viento, la intuición, las estrellas… No podemos ser conducidos por cierta intelectualidad “progresista”, so pena de abocarnos a profundo abismo. Mejor nos conduzca la propia vida que es entrega, generosidad, pureza, armonía…

Debieran estar siempre juntos. El amor es al sexo , lo que el agua a la planta, lo que el aire a los pulmones, lo que la sal a la mesa… Todo el oro del mundo no debiera valer para comprar los labios de una mujer. Hay néctares sin precio de mercado, sólo asequibles a una incondicional donación, cuya única letra de cambio lleva por nombre fidelidad. Hay gozos que nunca debieran estar sujetos a monedero. No es purismo de púlpito, no se trata de una cuestión religiosa, sino de una ética universal que ha de ir progresando, una ética crecientemente consensuada que frene las derivas intelectuales, que ponga límites a la compra venta, que recoja todas las dignidades.

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Partir despacio. Reflexiones sobre el Alzheimer

olvido

Nuestra civilización denomina enfermedad a todo lo que se le escapa, a todo aquello que no alcanza a comprender. ¿Y si el olvido no fuera una enfermedad, sino un recurso para escaparse sin hacer ruido? El olvido puede ser liberación. Imaginemos que el alma dejara su cuerpo de testigo, de recuerdo; que no se atreviera a despedirse de una vez, de repente y por eso se marchara lentamente ¿Será el Alzheimer en realidad una cortesía, un detalle, un adiós sin decir “¡adiós!”? ¿Será un partir por capítulos, una separación lenta…, hasta que aquí sólo queda el cuerpo físico, el etérico y el astral, hasta que ya sólo pulsan los instintos del cuerpo de carne, los deseos de ese vehículo de emociones? Todo apunta a que en el llamado enfermo de Alzheimer resta únicamente la condición animal, desprovista de mental superior y espíritu. Iría poco a poco quedando sólo la personalidad inferior, el animal, dicho esto con todo el amor y el cariño, el animal con toda su inocencia y su hermosura. “No quiero prescindir de tener que esquivar sus mordiscos”, me decía alguien demasiado allegado y que no querría que mentara su nombre.

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