Competir, no gracias…

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Hay vida más allá del competir, vida con mayúsculas. Hay vida sana, pura, entera más allá de ese diabólico verbo que nos ha tiranizado. Hoy ya no es cuestión sólo de “ser”, hoy hemos de “ser competitivos”, sino no somos, no tenemos futuro… Competir es un verbo que conjugamos muy a menudo en este mundo con exceso de individualismo. Lo mentan hasta la saciedad desde demasiadas tribunas. Insisten en que, “hoy más que nunca, en este planeta global es preciso estar despierto y así prosperar”. Si es necesario incluso, que sea a costa del otro. Los adalides de este sistema invitan a marchar ligeros de principios, a dejar a un lado la carga de ética.

Sin embargo es posible el ganar todos (“win win”). Mejor no pierda nadie. Ni la Madre Tierra, ni los derechos de los trabajadores, ni quien genera el mismo producto o servicio. Es cuestión de organizarse, de repartirse, no tanto el mercado, sino la satisfacción de las verdaderas necesidades colectivas. Hay un sitio para todos/as bajo este Cielo, no sin embargo para todas las ambiciones. Si es caso, competir sólo con nosotros mismos para poder servir más y mejor; darnos por entero sin perjuicio de nadie, persiguiendo sólo el beneficio ajeno. En tanto que empresa tratar igualmente de ser útiles, intentar ofrecer a la sociedad un buen servicio o producto. No pierda nadie. Que la publicidad sea sólo el producto. No más piernas bonitas sobre brillantes carrocerías. No más indigna utilización de la mujer para vender el último modelo de coche que corre más hacia ninguna parte y con el que se liga más rápido.

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El más grande desafío

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Es muy fácil proclamarlo, teclearlo en el calor del hogar, frente a las primeras llamas de este otoño que por fin comienza a mostrar algo de su fiereza. Es infinitamente más difícil aplicarlo, pero de cualquier forma nos lo habremos de repetir una y otra vez hasta comenzar a interiorizarlo. No hay otro camino: sólo la bondad y la generosidad pueden aligerar un dolor causado por otros. La ira, la revancha nos atan más a ese dolor. Sólo el perdón emancipa. Ningún progreso humano se puede concebir anhelando o procurando el perjuicio ajeno.

Nos lo habremos de repetir cuando el arrebato trate de tomar nuestro mando: El mal jamás libera. El mal deseado a otros nunca puede suponer ningún tipo de alivio. En cualquiera de los casos, sólo puede entrañar más sufrimiento propio. El itinerario del odio al amor y la comprensión es el recorrido paulatino pero ineludible, el desafío vital que más pronto o más tarde todo humano deberá, en un crucial momento, saber afrontar.

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Justicia detrás de la justicia

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Hay una Justicia detrás de la justicia. El ser humano en su ignorancia puede llegar a pensar que todo se dirime en los tribunales de la tierra, ante unos togados con su particular origen, pasado y circunstancias. En su desconocimiento de la ciencia divina, puede llegar a creer que esquivando esta justicia terrena, puede salir indemne de sus errores o abusos. Nada más lejos de la realidad. No hay contador a cero. El ser humano se reencuentra en otros planos con el dolor que ha generado a otros/as. Sólo viviendo en carne propia ese dolor, logra concientizarse de que no lo debe volver a causar.

¿Cuán poco sabemos de la vida oculta, mismamente de nuestras anteriores encarnaciones que la Eterna Ley, en su misericordia infinita, tuvo a bien borrar de nuestra mente inferior?¿Quién puede asegurar que no nos habita en alguna medida un despiadado dentro, que en otra vida no empuñamos nosotros el arma agresora? La ignorancia de lo que fuimos debería cuanto menos imprimir cautela en nuestros juicios. Todo apunta a que la miembro de ETA, Inés del Río, cometió abundantes y graves actos, ¿pero qué no nos encontraríamos muchos cavando en el pozo insondable de nuestras existencias anteriores? A toda costa hemos de librarnos de la tentación del fácil juicio.

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Mujeres valientes, no brujas

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Sin memoria no somos nada. Si nos roban la memoria, nos quitan todo, nos privan de nuestro anclaje, se quedan con nuestro futuro. Paseo los inmensos hayedos desde Etxalar hacia Zugarramurdi intentando atrapar algún fugaz susurro de esa memoria desilachada. Nuestra memoria se esconde bajo las hojas del otoño, en el canto de los ríos, en el viento de nuestros valles… Se refugia silente en la llama del hogar, en la semilla del granero, en el corazón de la montaña… Nuestra memoria rueda también en el asfalto de la plaza. La encontraremos en los labios que balbucean nuestra lengua antigua, en los mayores que protegen en su corazón el legado.

Nuestra memoria se une a otras memorias y juntas conforman el acerbo común de los cantos de los ríos, de los soplos de los vientos…; el tesoro planetario de las lenguas antiguas, de las nanas de las madres y las artes y costumbres de los mayores, de las formas diferentes de ver e interpretar el mundo… Nuestro canto a la Madre Tierra-Amalurra, se suma a otros cantos y juntos elevan una misma alabanza a la Creación entera. A la memoria no llegamos a través de la cultura subyugante y desnortada, ni tras bombardeo de “novedades” groseras… La Madre creadora y sostenedora sostiene también el hilo de la memoria. Encontraremos ésta igualmente en la suma de contenidos y valores elevados que no cedieron, que no cayeron en el “tsunami” de la uniformización, que no tragó la globalización alienadora.
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Pasar la página

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Torpe gobierno aquel preñado por el espíritu de la revancha, que no avanza con la historia, que actúa  como si los tiempos  no hubieran radicalmente  cambiado y el sol no se hubiera por fin alzado, tras muchas décadas, sobre nuestras montañas. Torpe gobierno  aquel que actúa como si la paz y la armoniosa convivencia no  hubieran por fin tomado nuestras plazas, calles y avenidas, que pretende enterrar y no fomentar la aurora, que trata de boicotear y no alentar el encuentro entre los dispares; que sigue  deteniendo, persiguiendo y juzgando como si  aquí no hubiera pasado nada, como si las armas no hubieran callado, como si la esperanza  no ardiera irreductible en nuestros corazones…
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¡Viven los montañeros!

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Hoy más nunca, en la era de tanta luz, de tanta claridad en tantas pantallas, comenzar a saber quiénes somos en realidad, cuáles son nuestros cuerpos, cuáles son las estadías del alma, una vez abandona el vehículo físico. Hoy más nunca descubrir, cómo se burla esa autopista fatal, cómo dónde y cuándo acontece el reencuentro con los seres queridos. Hoy no queremos poesía, menos aún religión. Queremos ciencia con mayúsculas, ciencia en pantalla grande, ciencia burlando la niebla más cerrada, ciencia paralizando esa rabia terrible, ese reguero de lágrimas gratuitas, ese dolor a veces tan cercano, tan grande.

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La dársena de nuestros corazones

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Y si mañana el trigo no se dora y el hambre aprieta. Y si hay que buscar barca, mares y nuevo horizonte. Y si mañana el agujero es en nuestro bote y el agua en nuestro cuello… La historia siempre ha jugado con los grandes vientos. Mañana el remo desesperado puede ser en nuestras manos. Encendamos pues los faros de las atalayas olvidadas. Arrojemos los flotas, los salvavidas demasiado amarrados. Lancemos ahora una esperanza bien hinchada en los mares de los naufragios. Su suerte es la nuestra. Navegamos en sus buques destartalados rumbo a una costa amiga…

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