Una victoria que nos emplaza

sra.merkel
La aplastante victoria electoral de la canciller alemana invita a una profunda reflexión, seguramente más en clave de psicología colectiva, que de análisis político. Una sociedad como la nuestra que no termina de aceptar sus errores y fracasos, estará siempre condenada a inventar sus chivos expiatorios, a fabricar sus Merkels de turno. La mandataria alemana semejara la madre de todos nuestros males, pero habrá que explorar si en realidad no personifica también algo de lo que carecemos. Por pocos lares la autocrítica, por pocos foros el reconocimiento de que quisimos vivir mas allá de nuestras posibilidades, por encima a menudo de la elemental cordura e incluso ética… Sin responsabilidad no se puede forjar carácter, ni porvenir. Es cierto que ésta no se reparte por igual en toda la población, pero algo ocurre cuando nadie quiere asumir su cuota. Una sociedad que sólo tiende hacia los derechos no puede percibir las responsabilidades. “El camino de la sabiduría es el camino donde persistimos en sentir esas responsabilidades.” (Parvati Kumar)

Y si Merkel ganara rozando la mayoría absoluta, para invitarnos de una vez por todas a encarar esas responsabilidades, a comenzar a aceptar por fin que somos los hacedores de nuestro presente…; que los “males” de la tan mentada crisis no son obra y “gracia” de una denostada señora, que pide gastar de acuerdo a nuestros ingresos. Y si Merkel ganara para que dejáramos de endemoniarla… Semejante triunfo acarrea serios cuestionamientos. Seguramente la canciller que reengancha por tercer vez consecutiva con holgada ventaja, no es ni ángel, ni demonio; seguramente representa también un rigor y una seriedad de los que, en alguna medida, aún adolecemos.

La mente y el corazón reparan en ese digno ocho por ciento obtenido por los Verdes alemanes, forjadores y pilares de los Verdes europeos. Nadie se lleve a engaños: apostamos por quienes apuestan decididamente por la Madre Tierra y la solidaridad humana, pero será preciso estudiar porqué se perpetúa la tan criticada mandataria. Estos acontecimientos interroguen a una sociedad como la nuestra, que siempre echa las culpas fuera, que vuelca todas las cargas en esa lejana señora; que no termina de encarar sus propios y evidentes fallos, que acostumbra verter la porquería en la acera más allá del Rhin…

No celebro el triunfo de una mujer y de una formación que cuestionan ciertas conquistas sociales, que pretenden perpetuar un sistema materialista e individualista, una civilización caduca que considero preciso ir superando. Sin embargo premisa indispensable para construir otra sociedad más justa, más sostenible, más solidaria, es la asunción colectiva del valor de la responsabilidad; es asir con fuerza las riendas de nuestro futuro; hacernos, sin concesiones al victimismo, los dueños de nuestro destino. Ya no más balones tan fuera, tan lejos. Al fin y al cabo, ese otro mañana posible no se juega en la cancillería alemana, ni en el palacio de la Moncloa, ni en Ajuriaenea…, sino probablemente mucho más cerca, en lo más profundo de nosotros y nosotras mismas.

Tenemos Merkel para rato, tenemos sobrado tiempo para reconocernos, no como las víctimas inocentes de las maquiavélicas maniobras de una “oscura” mujer, sino para asumirnos plenamente como los exclusivos constructores de un porvenir aún cargado de esperanza.

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