Una victoria que nos emplaza

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La aplastante victoria electoral de la canciller alemana invita a una profunda reflexión, seguramente más en clave de psicología colectiva, que de análisis político. Una sociedad como la nuestra que no termina de aceptar sus errores y fracasos, estará siempre condenada a inventar sus chivos expiatorios, a fabricar sus Merkels de turno. La mandataria alemana semejara la madre de todos nuestros males, pero habrá que explorar si en realidad no personifica también algo de lo que carecemos. Por pocos lares la autocrítica, por pocos foros el reconocimiento de que quisimos vivir mas allá de nuestras posibilidades, por encima a menudo de la elemental cordura e incluso ética… Sin responsabilidad no se puede forjar carácter, ni porvenir. Es cierto que ésta no se reparte por igual en toda la población, pero algo ocurre cuando nadie quiere asumir su cuota. Una sociedad que sólo tiende hacia los derechos no puede percibir las responsabilidades. “El camino de la sabiduría es el camino donde persistimos en sentir esas responsabilidades.” (Parvati Kumar)

Y si Merkel ganara rozando la mayoría absoluta, para invitarnos de una vez por todas a encarar esas responsabilidades, a comenzar a aceptar por fin que somos los hacedores de nuestro presente…; que los “males” de la tan mentada crisis no son obra y “gracia” de una denostada señora, que pide gastar de acuerdo a nuestros ingresos. Y si Merkel ganara para que dejáramos de endemoniarla… Semejante triunfo acarrea serios cuestionamientos. Seguramente la canciller que reengancha por tercer vez consecutiva con holgada ventaja, no es ni ángel, ni demonio; seguramente representa también un rigor y una seriedad de los que, en alguna medida, aún adolecemos.
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¡Presente el presidente!

1231320_10151652291692379_889778452_n“… y se abrirán las anchas alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor…”(Salvador Allende 11 de Septiembre de 1973, momentos antes de su muerte.)

No creo que es política, menos aún ideología. No es tema de colores, menos aún de fracciones. El viento ya levantó los últimos panfletos… Si tan poderoso perdura aún el recuerdo, ha de tener que ver con el alma. Siquiera le roza en alguna esquina de su poliedro escondido. ¿Por qué nos siguen cantando aquellos cantos? ¿Qué mantiene sorprendentemente vivas aún esas antiguas melodías? ¿Por qué seguirá tan presente aquel presidente? ¿Por qué ninguno de los huracanes de la vida nos lo ha terminado de arrancar? Cuarenta años no han logrado sacar a Chile de nuestros corazones…, a Chile, Salvador Allende y sus anchas alamedas; a Pablo Neruda y Quilapayun… Con todo lo que ha llovido afuera, sobre todo adentro, tras cuatro décadas, Víctor Jara, Violeta Parra… siguen tarareando en medio de nuestras duchas, cocinas y paseos sin fin.

¿Qué no barre el viento de los años? Los nombres y fechas se olvidan. Las formas van sucumbiendo, pero queda la esencia, resta lo que no caduca, permanece el heroísmo, la renuncia; persiste el testimonio indeleble de la entrega altruista y generosa… Hoy hace justo cuarenta años le sacaron “muerto” de la Moneda, pero si nada ha movido a Allende de nuestros corazones es porque es y será modelo del líder volcado en los suyos hasta la muerte física. ¿Será el heroísmo en favor del prójimo lo que puja por anclarse en nuestro adentro?

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¡Luz sobre el dilema!

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El debate de Siria está en la calle, en los plazas reales y virtuales y ello ya de por sí es positivo, pues nos convierte en más partícipes del devenir colectivo, de la evolución planetaria. Cualquier guerra nos sacude, cualquier conflicto humano nos emplaza, no necesariamente a tomar posición por una de las partes, sino a optar por la vida, por la paz y el respeto a los derechos humanos. Siempre con el respeto debido a quien siente y late diferente, cada quien se sitúa el arrimo de quien considera está más a favor de estos valores eternos, universales, incuestionables.

Esta valoración por delante, desnudos de prejuicios, habremos de procurar aproximarnos lo más posible a esa geografía de dolor. Convendrá que hagamos un esfuerzo de imaginación y pensemos cómo reaccionaríamos si nuestros hijos fueran por centenares masacrados con armas químicas en los arrabales de una gran ciudad. Primero clamaríamos al cielo impotentes interrogando por ese merecimiento, seguramente después nuestro clamor desesperado se dirigiría a la potencia bélica capaz de detener semejante sangría. Nuestros hijos están bien a resguardo, lejos del alcance de las armas químicas del salvaje dictador de turno y ello nos puede distanciar del apoyo a la intervención limitada que se gesta.
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A la vuelta de Can Cases

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Encuentro Ibérico de Ecoaldeas (Barcelona. 29 de Agosto-2 de Septiembre)

El otoño nos atrapará sin haber digerido todas las enseñanzas de este intenso verano. El hayedo de los mil y un ocres y amarillos nos volverá a sorprender sin haber podido aún procesar tanto aprendizaje. En realidad cada una de las personas del Encuentro Ibérico de Ecoaldeas era un aprendizaje, un testimonio de creatividad, de voluntad, de compromiso y honestidad. Cuando se juntan más de 300 participantes con todos sus testimonios, sus sueños, sus mimbres, sus barros a cuestas…, puede ocurrir lo más imprevisible, lo más grande. Pero es que además aconteció en una masía situada en una colina frente a Montserrat, a la vera de una sagrada montaña que funge como centro espiritual planetario, pero es que además los organizadores/as de Amalurra se dieron por entero y el discurrir fue armónico, plenamente fraterno.

El trayecto de vuelta no bastó para asimilar lo vivido. El río junto al que tecleamos aún no nos canta todas las revelaciones. Sólo esbozamos sensaciones aún desordenadas. Venimos tan llenos de Can Cases, que aún no sabemos de qué…, de experiencias, aprendizajes, testimonios, sobre todo de instantes de mágica comunión. Hemos tenido en suerte participar de esa fraternidad de seres que arriesgan y apuestan, que reconstruyen con sus manos de callos, que hilan sobre sus piernas cestos y bolsos y así apuntalan su independencia y así no se venden a nada, ni a nadie y así sacan para gasolina para volver a sus Alpujarra o a sus Pirineos; gentes de todas las geografías de Iberia que tejen aquí y allí el otro mundo posible. Venimos llenos y convencidos de que sí es posible, de que en tantos lugares lo están intentando; persuadidos de que podemos errar y caer las mil y un veces, pero que no hay otro camino que no sea en unión con la Tierra, nuestra Madre, en unión entre nosotros sus hijos e hijas.
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