A la vuelta de Plum Village. Reflexiones tras un estancia plena y cargada de aprendizaje

Siquiera unas letras aceleradas entre el sonido del “gong” y el cuerno, siquiera un reporte a la carrera entre Plum Village y Pirinea (www.pirinea.org ), siquiera unas breves líneas antes de hacer de nuevo la mochila para dar cuenta de los días de intenso gozo, magia y aprendizaje en la comunidad de Tich Nhat Hanh cerca de Burdeos.

Han pasado los días y aún seguimos mirando para atrás y en cualquier orilla aparecen los nenúfares y en cualquier colina la imaginación coloca un templo de esos tan bellos de teja roja y aleros ondulados. El caso es que algo se quedó allí en medio de esas aldeas de monjes y monjas donde verdaderamente viven como hermanos. Aún resuena una campanilla en el momento más inesperado por los caminos del mundo, llamando al recogimiento. Siquiera unas líneas cargadas de sana nostalgia. ¿Qué es lo que busca esa mirada que continuamente vuelca hacia atrás, hacia esa Francia perdida y profunda, de interminables viñedos y campos de girasol, de ancha y verde campiña? Trato de explorar la esencia de esa añoranza. ¿Será seguramente esa suerte de reverencia sostenida por cuanto nos rodea y nos alcanza o esa determinación de imprimir a cada instante la más plena conciencia? ¿Será el anhelo de un futuro donde todo el mundo se sienta corresponsable y comprometido, al tiempo que apoyado, protegido y en comunión? ¿Será una vez más el irrefrenable anhelo de genuina fraternidad…?

Liderazgo descalzo

Tich Nhat Hanh es uno de los Grandes que en estos momentos caminan por la tierra. Volcado sobre su porción de humanidad, ha procurado un sentido elevado de la vida a miles y miles de personas. La genuina y profunda compasión que palpita en su corazón ha logrado a su vez abrir otros muchos corazones. Sus campanillas han invitado a la plena conciencia a gentes de los más diversos países y geografías. Thay, así es como se le menta en el entorno de la “shanga” (comunidad budista), añade siempre un plus de compasión, de generosidad en su discurso. Va más allá de los parámetros de entrega y amor que tenemos internamente establecidos. Nos reta, nos interroga, nos emplaza en lo más profundo de nosotros/as mismos/as. Por ello nos llama su palabra y testimonio, por ello en definitiva nos acercamos a su presencia y mensaje.

No conozco la obra escrita de Thay excepto algún libro suelto de los más de cien que constituye su colección entera. He podido leer en la Red también algunos de sus escritos. En medio de una “nueva era” en que dibujamos sin pudor los maestros y los caminos a nuestro antojo, en medio de un folclore espiritual, tan a menudo a la imagen y medida de nuestros deseos, los verdaderos maestros despuntan, entre otras poderosas razones, por su nivel de exigencia. No se venden a nuestros caprichos. Desconozco por lo menos en profundidad la obra de Thay, una vasta biblioteca se abre ante estos ojos que se pretenden abiertos y reverentes. He tenido sí, la suerte de conocer y rendirme ante su obra material y humana. En esa obra le hemos podido conocer y por supuesto constatar su acierto y magnitud. Hemos tenido el gozo de caminar tras sus pasos, junto a cientos de meditadores de diferentes naciones; hemos disfrutado con sus pláticas de certero y poético verbo en medio de una multitud expectante. Un día se abrió un gran bosque y también comimos con él en agradecido silencio, sólo quebrado por unas notas de violín y chelo que inundaban el espacio.

Plum Village representa la constatación de que las tradiciones espirituales son de gran ayuda para conseguir elevados objetivos comunitarios. Desde unas firmes raíces se pueden alcanzar elevados Cielos. “Cielo en la Tierra” al fin y al cabo de todos nuestros esfuerzos y anhelos… Cada quien lo conquista de la forma que puede, en el lugar que le corresponde, siguiendo la tradición a la que mejor se adecua. Los budistas de Plum Village han llegado muy alto, han acercado algo de ese Cielo a muchos buscadores… Han proporcionado mapa. Una vez dentro han sugerido también planos detallados. Poco importa que los hábitos tengan uno y otro color, que el altar albergue unas u otras imágenes o símbolos… Lo importantes es ese fervor que nos lleva a ese altar, el gozo que pueda permanecer en nuestro interior incluso al dejar el saco a las cinco de la mañana, al lavar las letrinas, al rascar los pucheros, lo mismo que al unirte al grupo en canto y oración… Lo importante es la audacia y el valor para encarnar aquí y ahora valores superiores.

Thay avanza despacio por la sombra preciada del bosque con los niños tomados de la mano. Tras él cientos y cientos de caminantes siguiendo sus huellas, siguiendo las pautas del “walking meditation”. Ése es el liderazgo que urge nuestros días, ese liderazgo descalzo que camina por los mismos senderos, que se sienta a comer en el mismo suelo, que invita a un compromiso con el mundo y no a una devoción para sí… Después vendrá también el “working meditation”. Habrá que mantener la misma y plena conciencia al vaciar los wateres secos, al limpiar las verduras o al ordenar los cientos de cojines de la gigantesca sala de meditación.

El día a día

Meditamos, caminamos, cantamos unidas las gentes más diversas en un ambiente de grata armonía… Cogemos el bol cargado de grano y hortalizas ecológicas y vamos en silencio hasta el lago de nenúfares. La escena no semeja de este mundo. Se ha colado del futuro. La estamos gozando en una geografía que pertenece a otras esferas… Cuando ese silencio nos llama a tantas gentes al unísono es que estamos cruzando cierto umbral colectivo. La armonía entre cientos de personas se manifiesta sin necesidad de recurrir a ningún rígido reglamento. Fluye una convivencia a gran escala con gran naturalidad. No en balde cada quien ha interiorizado el mensaje esencial de no nutrir las semillas del egoísmo, la intolerancia y el resentimiento que todos, en una u otra medida, albergamos en nuestro inconsciente. No en balde cada quien se esmera, desde que suena la gran campana a buena mañana, en regar y alimentar las semillas del amor, la generosidad, la comprensión…, de los cuales igualmente somos depositarios. No hay pues alarde de doctrina en el mensaje de Thay, sino pautas sumamente prácticas para poder acercarnos a los aledaños del verdadero gozo y felicidad colectivas.

Volvemos profundamente agradecidos por lo vivido en Plum Village. El liderazgo es necesario, seguramente imprescindible al día de hoy para acometer grandes realizaciones como la de este conjunto de aldeas capaz de acoger en cada verano a centenares de gentes llegados de todo el mundo. Sólo los grandes maestros reúnen esfuerzos y voluntades tras grandes propósitos. Sólo ellos y ellas son capaces de concitar crisol de naciones. Diferentes árboles, diferentes idiomas, diferentes cantos… Llega la tarde y cada uno de los árboles reúne a una familia diferente. Los españoles, alrededor de la treintena, nos reuníamos bajo un gran roble. Allí cada quien se expresaba desde dentro. Se desplegaban y agitaban los grandes abanicos, ante el calor inclemente, se abrían igualmente las almas a la sombra del gran árbol. Thay habla de que “somos un organismo, no una organización”, y quizás por eso la gente se manifestaba desde tan adentro y la comunión iba ganando en capas y fuerza a cada puesta en común. Tras la cena habrá incluso tiempo de tomar en solitario el sendero del lago cuesta abajo. Habrá oportunidad de ofrecer a esa aguas toda la calma y la paz acumuladas durante el día. Habrá ocasión de sumergirse en ellas sin el más mínimo ruido, en pura ofrenda, con la mayor suavidad, en íntimo agradecimiento.

Los meses fundamentalmente de acogida son Julio y Agosto, también hay seminarios en Junio y Navidades. El resto del año, los monjes se repliegan en su propia vida comunitaria. Entre las cinco diferentes aldeas o “hamlets” son alrededor de ochenta. Todos visten rigurosa túnica marrón. Thay viaja con buena parte de ellos. La comunidad o “shanga” es también en sus desplazamientos y giras. La mayoría de los monjes y monjas son vietmanitas, pero también los hay occidentales. Su vida es austera y apartada en la mayoría del año. Mantienen un especial vínculo de compromiso con la infancia pobre de Vietnam. Conducen una parte de sus ingresos hacia diferentes proyectos asistenciales y de educación en ese otro extremo del mundo.

De repente hay un punto que brilla más arriba y que apela igualmente a hacer brillar más nuestros propios días y existencia. De repente hay una referencia más elevada instándonos también a anchar nuestros silencios, a concientizar nuestros pasos, a ralentizar nuestro masticar, nuestro hablar, a reconsiderar nuestro amar… No hay alarde al afirmar que no somos los mismos al avistar de nuevo los Pirineos de retorno a casa. Volvemos con el acelerador más levantado y la mirada fijada en el retrovisor. Poco a poco despegaremos los ojos de lo vivido, pero ojalá en la pupila del alma no se nuble la esencia y enseñanza de tan intensa experiencia.

No, no hay dársena de atraque definitivo. No hay necesidad de correr a comprar el ancho gorro cónico. Mañana no nos raparemos el pelo a cero, ni comenzaremos a rezar en vietnamita. No, no hay puerto de llegada, hay que seguir navegando, acercando y unificando genuinas tradiciones y nobles voluntades. Hay eso sí inmenso reconocimiento por Thay y por todos los Grandes que en estos tiempos difíciles aceptaron vestirse de carne, alimentarse de un bol con palillos, escoger un tupido bosque y caminar con nosotros. Hay un supremo agradecimiento por quienes, como este gran maestro budista, se voluntariaron a conducir con acierto, audacia y belleza enteras humanidades.

Tocar la vida bien adentro.

¿Vais a formar “shanga” en vuestro lugar…? Nos preguntaban los compañeros al despedirnos. ¿Es que podríamos hacer otra cosa después de lo vivido? Sí, aunque el templo tenga otra arquitectura y las canciones otro tono y los rezos otra escritura… Sí, vamos a crear “shanga”, pues que otro sentido más alto puede tener la existencia, después de haber vivido, siquiera por breves días, el gozo de la fraternidad… Ya había visto la misma y sobrecogedora estampa de cientos de personas de diferentes países orando y meditando unidos al alba. Ya había visto la misma humanidad simiente preparando el Reino de Dios en la Tierra. Otra comunidad, otro maestro, pero en el fondo las mismas pautas y enseñanzas; unos y otros gestando la misma Aurora. Arriba trabajan unidos, es aquí abajo donde toca difuminar las fronteras entre las verdaderas escuelas espirituales.

Apenas sé de este movimiento y su maestro, pero ya hemos recibido tanto. Plum Village nos ha dado mucho y tocado bien adentro. Nos ha ganado esa práctica de intentar “sentir profundamente la vida en cada momento”. Nos ha ganado su testimonio tan colmado de promesa. Vaya sólo el botón de muestra en las palabras de Thay cargadas de esa tan actual profecía: “Es posible que el próximo Buda no tomará la forma de un individuo. El próximo Buda puede tomar la forma de una comunidad practicando la comprensión y la bondad, una comunidad de práctica de vida consciente. Esto puede ser la cosa más importante que podemos hacer para la supervivencia de la Tierra “. En Plum Village hemos visto esa comunidad ancha y viva, cargada de futuro.

Sólo agradecimiento…

Vayan por lo tanto estas letras en muestra de supremo agradecimiento. Plum Village nos ha reconfortado en la esperanza, nos ha reafirmado en el “sí se puede”. Claro que se puede, hemos podido constatar en aquel gigante asrham. Sí se puede, pero quizás en silencio, quizás con paso más consciente y sereno. Sí se puede, pero sin fruncir ceño, con la compasión en la mirada y la sonrisa en el alma. Sí se puede, pero haciendo sonar una campanilla, un gong que secuencialmente nos devuelva a nuestro interior y nos evite el extravío ya personal, ya colectivo. Sí se puede, pero conquistando primero la paz y los nenúfares de nuestros lagos de adentro.

Se abren ya las alamedas de belleza y silencio donde pasean un hombre, una mujer nuevos, más conscientes, más reverentes. Las campanas no suenan para el mañana, no son para el futuro. Suenan aquí y ahora, porque cada instante puede ser de auténtico gozo y de realización, cada instante nos acerca más y más al Instante que siempre creíamos tan postergado. No dejen de sonar esas campanas llamando a “estar realmente vivos, presentes y en armonía con quienes nos rodean, con cuanto estemos haciendo”…

Cielo mediante, Thay vendrá a España la próxima primavera. Éste es el género de noticias que merece la pena colocar en nuestros muros físicos y virtuales, en nuestros blogs, webs… La presencia cercana de un maestro realizado puede ser de gran utilidad para mucha gente. Toda la información al respecto en http://wakeupspain.org/

Info de esta “shanga” en España:http://momentopresentemomentomaravilloso.blogspot.com.es/ 

 

Galería de fotos de la estancia en Plum Village en el facebook de Portal Dorado.
https://www.facebook.com/Portaldorado

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