Todos los abrazos


 

La belleza deberá estar en los caminos, no sólo en los fines. Pintar los pechos y el cuerpo de negros rótulos no es quizás lo que más demanda una piel blanca. Hay una intimidad que no debería ser necesario ofrendar a la hora de apostar por un mundo en el que la mujer sea plenamente respetada y considerada. ¿Qué dolor no habrán sentido dentro esas jóvenes activistas para medio desnudarse en tantos asfaltos e inviernos?

Podemos observar las últimas imágenes de las mujeres valientes del movimiento “Femen” pidiendo en París la libertad de la activista feminista, Amina, fugada de su domicilio en Túnez por haberse dictado contra ella una “fatwa”. Sin compartir  plenamente métodos y formas, sin identificación con su espíritu de confrontación, aflorará seguramente cierta simpatía. Al tiempo recordaremos también nuestro compromiso por acercar las “fes”, nuestra responsabilidad a favor del diálogo y el encuentro entre los credos. ¿Cómo abrazar una y otra causa a la vez? ¿Cómo apoyar a la mujer y su justa apuesta de emancipación en el mundo árabe y a un mismo tiempo abrazar el encuentro imprescindible con el Islam?

No seremos nosotros, y menos desde Occidente, quienes sugiramos que ha de amanecer tras el “niqab”, el “chador” o el “burka”. Teóricamente cada quien palparía y buscaría la luz que necesita. Ellas serían las dueñas de sus miradas y sus cuerpos, ellas graduarían el ancho de sus horizontes, serían las hacedoras de sus destinos…, pero en la práctica, su tradición cultural y espiritual no se lo ponen a veces fácil. ¿Podremos abrazar al tiempo una y otra causa, la del diálogo interreligioso y la justa apuesta de ellas en el contexto árabe, o será una quimera…? La jerarquía de valores teóricamente está establecida, en la práctica resultará más complicado. Por supuesto primero ellas y sus derechos inalienables, antes incluso que el encuentro con la media luna. Sin embargo la postración, el olvido, la marginación…, sin ir contra el decálogo de manual, nos sitúan a menudo ante un mundo demasiado del pasado. ¿Cómo modulamos ese diálogo con el Islam, cómo manifestamos por ejemplo nuestro apoyo a reivindicaciones de emancipación como las de “Femen”, sin que nadie se sienta ofendido, ni interprete resquicio de islamofobia?

Sólo la verdad y la compasión pueden desarmar al adversario, en este caso a quienes persiguen con sus brutales piedras arrojadizas a esa joven tunecina. Más lejos se sitúa el contrario, más amor tocará derrochar. Sin embargo se escapa inevitablemente por alguna rendija que no logramos tapar, cierta admiración por el coraje y valentía de estas mujeres que reclaman en justicia la libertad de su compañera huída. Arriesgan en verdad con su torso desnudo. Pujan con valor por esa libertad cercenada. Tanta opresión y marginación en tantos países, durante tanto tiempo…, se tenía que desbordar un día. Llegaron las redes, las nuevas tecnologías y así aconteció…

“Mujeres de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Egipto, Irán, Irak, Siria, Jordania, Arabia Saudí, Omán, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Afganistán, Turquía, Pakistán e Indonesia: ¡cambiaréis el planeta con vuestro valor! Quien fue oprimido será libre, quien era débil será fuerte. ¡Nuestros cuerpos sólo nos pertenecen a nosotras!…”, rezaba el comunicado de “Femen” France, distribuido a través de su cuenta de Facebook tras la protesta de la capital del país. Nos adherimos a ese clamor, nos unimos también en la apuesta de acercamiento entre los credos. Nos sumamos con gusto en un rincón de su alfombra a la oración con los hermanos que profesan la religión del Profeta, que desoyen las “fatwas” medievales y que nunca arrojarán esas piedras.

¿Será que a veces deseamos abrazar demasiadas cosas, aspiramos a abarcar ideales y valores que pueden llegar a contraponerse? ¿Cómo haremos para afinar la mirada objetiva, para desnudarnos también de subjetivismos que nos impiden observar la realidad social, apoyar las expresiones y pujas nobles, de la forma más abarcante, pero a la vez menos contradictoria?

Abrazamos toda la riqueza que nos aporta el Islam. No estaremos completos  hasta no lograr vibrar dentro de nosotros/as todos los nobles latidos y sentires con los que se identifica hoy el humano en sus más diversas caras y culturas. Nos postraremos sin esfuerzo alguno en alabanza y respeto hacia la Meca, nuestra oraciones ya retumbaron en otros templos y santuarios diversos… Pero también cantaremos libertad para Amina, libertad para todas las mujeres que sienten sus pasos limitados a la hora de avanzar por sus calles, por sus arenas y desiertos; libertad para las mujeres que, con o a pesar de su tradición, están resueltas a ir en pos de sus propios destinos.

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