Irradiar sin temor

Edward Snowden ha levantado todo un movimiento de solidaridad internacional en favor de su persona y por la abolición del programa PRISM. Proclama a los cuatro vientos que este programa de espionaje constituiría una conculcación del derecho a la privacidad de muchas personas en todo el mundo por parte del Gobierno de los Estado Unidos. El desnudo ha ido en aumento. Primero Julian Assange, después Bradley Manning y ahora este joven agente de la NSA de 29 años, han ido provocando un tormentoso “striptease” de la seguridad de la administración norteamericana a los ojos del mundo. Sus métodos son por doquier cuestionados.

Es cierto que nadie debe abrir ventana en el ámbito de nuestra privacidad, infiltrarse en ella sin nuestro debido consentimiento, ¿pero el tema adquiere la gravedad que se le está concediendo? Guardianes de nuestra privacidad sí, pero sobre todo celosos de lo que hacemos con ella. ¿El temor a que de tan cerca seamos espiados no acusa una cierta debilidad interna? ¿Es realmente posible el control de los seres libres? ¿Pueden en verdad cercenar nuestros movimientos y libertades desde tan lejanas pantallas? ¿No abrigamos una cierta inclinación a sumar infundados pavores?

En los días en los que los titulares de medios de todo el mundo llaman la atención sobre estos hechos, será preciso también formularse preguntas que nos permitan llegar más al fondo de la cuestión. ¿Establecemos una adecuada jerarquía entre los verdaderos problemas que nos atenazan a nosotros/as y al conjunto de la ciudadanía planetaria? ¿Hasta dónde el justificado temor a la estrecha vigilancia que ejercería la administración norteamericana sobre miles de cuentas de correo y perfiles de las redes sociales? No deseo argumentar en favor de la carta blanca al supuesto Gran Hermano de Washington, sólo reflexionar sobre la naturaleza de esta nueva alarma. Al temor a la tan mentada y omnipresente “crisis”, al aumento de una sensación de inseguridad económica y vital…, se sumaría ahora también este nuevo desasosiego por estar siendo estrechamente vigilados.

Podemos abanderar la lucha de libertades de afuera, siempre y cuando no lleguemos a olvidar que la auténtica libertad es sobre todo una conquista de adentro. El problema principal de la extendida cultura de “progreso” es que tiende a adherirse a una filosofía victimista, sin terminar de  reconocer la fuerza y la luz de los que el humano ha sido dotado. Los temores que sumemos dentro pueden representar un mayor cercenamiento de nuestra libertad, que la eventual merma de ésta desde fuera. No justifico la actuación de la administración de Obama, trato de explorar hasta qué punto al hombre o mujer libre interiormente, le importa que alguien monitoree su rastro virtual.

El ser libre y empoderado, que trabaja para el bien de la colectividad y la real evolución humana, no tiene seguramente nada que ocultar, o incluso desea que nada se oculte. Aspira a que su forma de ser y sentir, de relacionarse y permanecer sobre la tierra se propague. Su propio testimonio representa su esperanza. ¿Si nuestro comportamiento es acorde a la Ley superior del amor, si nos sumamos a la corriente de solidaridad universal, hemos de temer que una lejana Agencia acumule información sobre nosotros?

No deseo lavar la cara de ninguna administración, tan sólo subrayar la importancia del poder personal que Dios nos ha otorgado y que absolutamente nadie puede cercenar. ¿Verdaderamente nos puede llegar a afectar que remotos monitores de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos sigan nuestra pista? ¿Hay algo que en esa huella que nos inquiete? Hoy por hoy la administración de Obama no persigue, tortura y elimina la disidencia, como sí lo hacen la segunda y tercera potencias mundiales, a saber China y Rusia. El Gobierno Federal no está  fuera de toda culpa, en lo que se refiere a extralimitación de de sus competencias a la hora de recabar información, ¿pero representa el “siniestro ojo”, el terrible Gran Hermano que se menta en algunas de las campañas emprendidas contra el cibercontrol? ¿Es lo mismo este Gobierno que el que hace décadas tumbaba o ayudaba a tumbar los socialismos que legítimamente eran aupados al poder en América Latina?

Benedetti decía algo así como, “No me juzgues por mi pasado, porque yo ya no estoy allí…” Obama no ha atropellado, por lo menos a gran escala, los derechos humanos, no ha armado a la “contra”, ni ha derrotado ningún Allende… Ha quedado además patente que en esa solicitud de información a las grandes compañías de la Red, mediaba fundamentalmente una finalidad altruista (protección de la población, evitar suicidios…). Nadie quiere ningún Gran Hermano, pero otras opciones de Guardianes Planetarios pintan mucho peor.

No tenemos nada que esconder. Todo lo contrario, operamos a la luz del día y deseamos que nuestra información y postulados alcancen los confines de la tierra, también las denominadas “cloacas” de los Estados. En realidad trabajamos también para iluminar esas cloacas. La luz está llamada a iluminarlo todo y tratamos de operar como servidores de ella. Deseamos verter la luz, de la que eventualmente seamos portadores, sobre más y más espacios y geografías. El sol no se oculta. No tiene miedo a que nadie almacene, supervise, controle… sus rayos. Aspiramos a ser los hijos del sol y no tememos lo que harán con nuestros incipientes rayos. Sólo nos preocupa irradiar con más alcance, emitir más fuerte y amable, más claro y cálido…

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