Alba en el “Bule”

Será la suspirada primavera que nos invita a apreciar toda suerte de brotes, por tempranos que éstos se manifiesten… No había olor a quemado, ni autobuses yaciendo sin cristales, ni mar de cascotes esparcidos… Afortunadamente nadie quiso prender la hoguera. Hubo pulso, mas no batalla. Nadie quería volver atrás, ni los unos, ni los otros; y no volvieron. Y a unos y a otros lo acontecido en su medida les honra. Hubo tensión sí, pero se evitó la máxima, el pico, la consabida y tantas veces reeditada guerra campal. Se impidió el desenlace de costumbre y unos y otros apostaron fuerte por ello.
Sí, les dignifica a los jóvenes de la izquierda abertzale el dejar los insultos y las piedras en el camino. Es de apreciar ese esfuerzo de contención ante la detención de sus compañeros. Honra también a los ertzainas ese empeño por no cargar; esa labor tan paciente como complicada de llevarse a los cientos de concentrados uno a uno. Parece que debiéramos estar con unos o con otros, que la polarizada vida política nos obligara a decantarnos. Sin embargo estamos con todos, sobre todo con su desafío de alumbramiento. Seguramente cada quien estaba en su lugar, atendiendo a su particular reto de superación.


Porque sabemos del pasado, tomamos conciencia de lo que representa por fin este desenlace pacífico. Ese Boulevard ha registrado durante décadas innumerables y duras batallas callejeras. Una nueva forma de intentar desenredar nuestros conflictos se consolidaba el pasado viernes, cuando Donosti aún dormía. Esta Euskadi no se reconoce en su reciente historia, es verdaderamente otra. Nadie dude que tras los hechos como los acontecidos ese día a las 6’30 de la mañana en el Boulevard de la ciudad, vamos entrando en una era definitivamente diferente.

Se están venciendo las inercias del ayer obstinado, la propensión de los jóvenes a la feroz confrontación. Éstos comienzan a adoptar firmes métodos de pasiva resistencia. Las plazas rebosantes de color y esperanza del 15M se debieron quedar en la retina de los radicales. Los jóvenes de la antigua “Segi” han por fin concluido que las tiendas de campañas en el momento y lugar adecuados son un arma mucho más poderosa que todos los adoquines y “cocteles” juntos. ¿Por qué no elogiar también ese salto cuántico del “Gora ETA” y la dura trinchera, a los labios apretados y las sentadas pacíficas en el asfalto?

Ya no glosan la muerte, acampan por sus respetables ideas. Ya no volverán al pasado, ya no olvidarán estas lecciones al borde del alba. La música del “Lepoan hartu” era en vez del “ETA mátalos”. La canción ya mítica de Monzón era en lugar del “Txakurrak kanpora”. La ertzantza guardó también sus polémicas pelotas de goma. Sacaron uno a uno a los integrantes del “muro popular” hasta detener a los jóvenes que buscaban. Ya hay en la clase política quien se ha pronunciado a favor de más dureza, pero la nostalgia, menos aún de la “bronca”, nunca es buena consejera. No, no era de noche junto al kiosko cuando desembarcaron las “sirenas”. Con más fuerza que nunca pujaba la luz del alba.

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