Siempre pura, siempre radiante

 
 “La palabra no puede ser realizadora, no puede actuar sobre la materia para trabajarla, si no está llena de amor y de inteligencia”. Llenar siempre las palabras de genuino amor, hasta que no puedan con tanta carga, hasta que se desplomen y otras las socorran portando aún más amor de lo que conocíamos por amor. Me repito una y otra vez esa sabia máxima de Omraam Mikhaël Aïvanhov…Tener presente la consigna, colgarla incluso del monitor, no significa siempre cumplirla. A veces no acontece así y la palabra no realiza y la carga es cuestionable y las líneas se tuercen porque ese amor es a medias. ¿Cómo escribir sólo para Su Gloria? ¿Cómo hacerlo sólo en Su Nombre? ¿Cómo apartarse y dejar que El/Ella teclee, cómo vaciarse, cómo esconderse mientras que las letras, unas tras otras aparecen y avanzan solas…? ¿Cómo acallar la personalidad para que sólo se vuelque el alma?

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De desnudos

 

Necesitamos el chivo expiatorio que nos permita aplazar “sine die” la asunción de nuestras responsabilidades, que nos consuele ante  nuestras impotencias. Circula por la Red  un mail en el que aparece la señora  Merkel desnuda en sus tiempos de joven en un embarcadero con dos amigas. Aún con belleza que la imagen pueda encerrar, la motivación para el envío me ha parecido un tanto obscena. Otras veces me han llegado  otras imágenes de la misma señora con el bigote  y flequillo de Hitler, con la “swástica” por estandarte y la mano  alzada… Que pena que sepamos tan poco de historia.

No he  recibido  ningún mail en el que se hable de que la máxima mandataria alemana lleva una  vida sencilla en un apartamento de Berlín, que ella  misma  hace la compra  y cocina. No he  recibido  ningún mail hablando de que el otro  día le cantó las cuarenta al verdadero tirano que representa Putin por  el cercenamiento de las libertades en Rusia… Siempre la culpa está  fuera. Alemania se ha quejado ya, muy probablemente con razón, de la imagen que de ella y su dirigente se está extendiendo.

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Alba en el “Bule”

Será la suspirada primavera que nos invita a apreciar toda suerte de brotes, por tempranos que éstos se manifiesten… No había olor a quemado, ni autobuses yaciendo sin cristales, ni mar de cascotes esparcidos… Afortunadamente nadie quiso prender la hoguera. Hubo pulso, mas no batalla. Nadie quería volver atrás, ni los unos, ni los otros; y no volvieron. Y a unos y a otros lo acontecido en su medida les honra. Hubo tensión sí, pero se evitó la máxima, el pico, la consabida y tantas veces reeditada guerra campal. Se impidió el desenlace de costumbre y unos y otros apostaron fuerte por ello.
Sí, les dignifica a los jóvenes de la izquierda abertzale el dejar los insultos y las piedras en el camino. Es de apreciar ese esfuerzo de contención ante la detención de sus compañeros. Honra también a los ertzainas ese empeño por no cargar; esa labor tan paciente como complicada de llevarse a los cientos de concentrados uno a uno. Parece que debiéramos estar con unos o con otros, que la polarizada vida política nos obligara a decantarnos. Sin embargo estamos con todos, sobre todo con su desafío de alumbramiento. Seguramente cada quien estaba en su lugar, atendiendo a su particular reto de superación.

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La Madre Naturaleza y las Leyes Divinas.

El ya poderoso sol de la primavera animaba al estudio a cielo abierto. Al final de la semana aguardaba el seminario sobre las Leyes Divinas. Marchó con los manuales y apuntes al campo. El libro más ancho, deslumbrante y colorido de la naturaleza invitaba sin embargo a cerrar los libros más reducidos de tinta y papel. ¿Qué podían expresar esos manuales que no estuviera recogido de forma indeleble en el lienzo infinito de la Vida, en las piedras y semillas, en los animales e insectos, en las plantas y los árboles…? Seguramente las Leyes moraban más fuera, que dentro de la letra impresa. “La Ley del amor y de la solidaridad universal apenas tiene quien la lea en los libros de teorías. Se expresan en toda su generosidad en los frutos, las flores, la magia, el encanto, la vida…,” pensó para sí. “¿Por qué no llegarse al centro del círculo cargando con el viento el sol y los ríos, por qué no acudir al seminario con olor a selva, con las conchas de los mares, con la nieve de las montañas…? ¿Por qué no acercarse a la cita con los mimbres rebosando de manzanas, naranjas y limones? Ellos hablarían de la Ley del amor, de la analogía, de la evolución, de la causa y efecto… Las Leyes no se leen, se aprenden comiendo una papaya, escalando una cima, o surfeando una ola…” apuntaba en su cuaderno.

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“Noble causa, justo camino” (Sobre los escraches)


No siempre será preciso agotar las gargantas para hacer valer lo justo y lo verdadero. Un silencio, un “mantram”, una canción colectiva… pueden ser  infinitamente más poderosos que una  voz forzada, desatada o rota. Los decibelios de una manifestación no la acercan necesariamente más a sus metas. Un silencio ubicado, inteligente, imperturbable, afianzado en rectitud, desbordado de compasión, puede desarmar al adversario, o lo que es más importante, ganar su sentir.

El problema tampoco será a dónde vayamos, sino lo que llevemos dentro. La no violencia activa, rezaban los manuales que manejábamos en la transición, supone  una  gran  acumulación de energía, que hay que saber invertir de forma inteligente y apropiada. Amor, sabiduría y voluntad siempre de la mano, también por las grandes y agitadas avenidas de nuestras ciudades, también en medio de estos tiempos tan apretados. Sobre todo ahora que la sangre corre el riesgo de calentarse a la vista de las escandalosas “primas a los directivos”, de las “jubilaciones de oro y platino”, de la corrupción que no cesa, de la Corona que ni de lejos ejemplifica… Los rescates a la banca no hay quién los entienda, pero las causas justas requieren afinar al máximo los métodos, so pena de hacerlas naufragar.

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El robo de la primavera

Nadie pregunte quién robó la primavera, quién la escondió con todos sus pétalos tempranos a su espalda furtiva. En los confines de algún bosque encantado encontraremos aún leña seca, flores recién despertadas… Al final de algún hayedo aún agazapados, tiritando, pero siempre vivos, nuestros sueños de luz desbordada…

 
El blanco lo inunda todo fuera del tiempo. ¿En qué lejano cajón aquella gastada bufanda de Enero? Calcetines y jerseys de gruesa lana, botas gordas… para un tiempo gordo, para un mercurio desmemoriado. Avanzan los pasos desconcertados entre una nieve aún más despistada… ¿Qué habremos hecho nosotros/as también tan fuera del tiempo, fuera del orden y los ciclos, de los prados siempre perfumados…, fuera del Plan Divino para esta Tierra bendita? ¿Qué habremos hecho para sepultar los colores de las laderas, para enterrar bajo ese ancho manto la primavera que quería y no podía, que pujaba y no explotaba…? ¡Feliz Navidad!…, perdón…, ¡Feliz Primavera, aunque tengamos que hallarla con todos nuestros olfatos sumados; desenterrarla con todas nuestras uñas y manos, con todas, todas nuestras fuerzas por fin unidas!

* En al imagen Urbasa y el balcón de Pilatos al fondo. En primer plano Artegoxo. Sábado 6 de Abril

Todos los abrazos

 

La belleza deberá estar en los caminos, no sólo en los fines. Pintar los pechos y el cuerpo de negros rótulos no es quizás lo que más demanda una piel blanca. Hay una intimidad que no debería ser necesario ofrendar a la hora de apostar por un mundo en el que la mujer sea plenamente respetada y considerada. ¿Qué dolor no habrán sentido dentro esas jóvenes activistas para medio desnudarse en tantos asfaltos e inviernos? Podemos observar las últimas imágenes de las mujeres valientes del movimiento “Femen” pidiendo en París la libertad de la activista feminista, Amina, fugada de su domicilio en Túnez por haberse dictado contra ella una “fatwa”. Sin compartir  plenamente métodos y formas, sin identificación con su espíritu de confrontación, aflorará seguramente cierta simpatía. Al tiempo recordaremos también nuestro compromiso por acercar las “fes”, nuestra responsabilidad a favor del diálogo y el encuentro entre los credos. ¿Cómo abrazar una y otra causa a la vez? ¿Cómo apoyar a la mujer y su justa apuesta de emancipación en el mundo árabe y a un mismo tiempo abrazar el encuentro imprescindible con el Islam?

No seremos nosotros, y menos desde Occidente, quienes sugiramos que ha de amanecer tras el “niqab”, el “chador” o el “burka”. Teóricamente cada quien palparía y buscaría la luz que necesita. Ellas serían las dueñas de sus miradas y sus cuerpos, ellas graduarían el ancho de sus horizontes, serían las hacedoras de sus destinos…, pero en la práctica, su tradición cultural y espiritual no se lo ponen a veces fácil. ¿Podremos abrazar al tiempo una y otra causa, la del diálogo interreligioso y la justa apuesta de ellas en el contexto árabe, o será una quimera…? La jerarquía de valores teóricamente está establecida, en la práctica resultará más complicado. Por supuesto primero ellas y sus derechos inalienables, antes incluso que el encuentro con la media luna. Sin embargo la postración, el olvido, la marginación…, sin ir contra el decálogo de manual, nos sitúan a menudo ante un mundo demasiado del pasado. ¿Cómo modulamos ese diálogo con el Islam, cómo manifestamos por ejemplo nuestro apoyo a reivindicaciones de emancipación como las de “Femen”, sin que nadie se sienta ofendido, ni interprete resquicio de islamofobia?

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Los otros Maestros…

El Cielo juega con nuestras falsas creencias y dogmas adquiridos por el tiempo y su inercia. Seguramente se divierte desmitificando lo que hemos ido endiosando a lo largo de los años. A veces el Maestro no luce ninguna barba blanca, ni habla con solemnidad, ni viste con majestuosidad… A veces los Iniciados no moran en las faldas de ningún Himalaya, sino más cerca de lo que nunca llegáramos a pensar. El Instructor, el Guía se manifiesta a menudo tras la faz más insospechada, más cotidiana… Ahora sé que no hay necesidad de seguir esos pasos santos en el otro extremo del mundo.

Apenas lo he visto en faena, pero no necesito hacer ningún esfuerzo para imaginarlo. La maestría no se manifiesta necesariamente sobre la moqueta acolchonada, entre atmósferas inciensadas, arropada entre músicas de otras esferas. En esferas más cercanas se esconden a menudo ejemplos que desconciertan. Hay infinitas formas de lavar, peinar, afeitar a una persona impedida. Imaginaros áquella que se derrocha en ternura, en cordialidad, en perenne sonrisa, en silente amor… Sólo hay un camino hasta el mar, hasta esas olas y su obligada barandilla, sin embargo hay innumerables formas de empujar un carrito, de acompañar con palabra amena a un anciano ya desmemoriado… Unos cumplimos expedientes, rozamos el aprobado, otros bordan túnica de verdadera gloria.

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