Los ecos del Grillo

 

 

El movimiento “5 Estrellas” del cómico Beppe Grillo ha logrado posicionarse como tercera fuerza política en la vecina Italia. Observamos en su reducido firmamento astros que brillan radiantes. Otras de sus estrellas se nos antojan menos atrayentes. Bienvenido por su puesto todo el postulado de una democracia más limpia y directa que posibilita el uso adecuado e inteligente de las nuevas tecnologías e Internet. La elección de sus candidatos en estas y otras pasadas elecciones ha sido un ejemplo del que podrían tomar nota los políticos de estos y otros lares. Bienvenida la importante carga  verde con que desembarcan en la escena política italiana, bienvenida por supuesto su frescura y originalidad.

Sin embargo habrá que moderar las formas, limar aristas y otras belicosidades; sin embargo en su “eurofobia” no podremos acompañarlos, tampoco en un  radicalismo que previene contra toda otra fuerza política. No hay futuro que no pase por la Unión, unión en Europa y en casa, por supuesto en diversidad, por supuesto siempre mejorable. Toda  distancia es poca con respecto a Berlusconi, pero la entente  con Bersani será vital para  poder salir de la honda crisis política en la que se halla la nación hermana.

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¿Nuevo Papa?

Todas las crónicas que se van filtrando vienen a indicarnos que el anciano Papa no tenía ya fuerza suficiente para asir la escoba que ha de barrer el polvo y detritus acumulados por los rincones de las estancias vaticanas. A un buen alemán seguramente no le hubiera complacido una limpieza a medias. Ante tan duro desafío es humano que le tentara la paz de una cercana celda de clausura. No es objeto de estas líneas hacer leña del árbol que ya se inclina, ni siquiera el de analizar la naturaleza de los elementos y aspectos en franca descomposición en el seno de la Iglesia. Los pormenores de los escándalos e intrigas van saliendo a la luz solos día a día.

Ante ese desalentador panorama, deseamos más bien enfocar la mirada hacia adelante. El derrumbe de lo “más santo”, quizás sea inequívoca señal para  intentar reinventarse de nuevo, reinventarse a partir de la esencia que no caduca, del Verbo que nunca muere; rehacerse a partir de Jesús y su mensaje eterno de fraterno amor. El escándalo rayaría tan alto que, ahora más que nunca, primaría empezar de cero.

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Algodón sin arrugas

No, no es la epidermis, la que une a las parejas. No es la piel con piel lo que consuma la unión. Es el acero con el algodón lo que termina de unir al hombre con la mujer. Una feliz tarde encontrarás tus camisas, tu ropa interior planchadas y entonces  ya estarás “muerto”, ya no hallarás escapatoria.  Entonces te deberás el resto de tus días a esa mujer que metió todo su cariño en ese vapor, a esa compañera que planchaba con gozo, mientras tú aporreabas un teclado. Permanecerás ahí clavado. Si una noche de engañoso verano te tienta la huida, antes de saltar por la confundida ventana, deberás siempre recordar aquel montón de algodón tan pulcramente planchado.

No, no sería la piel con piel lo que uniría a la compañera con el compañero, serían los actos cotidianos de muda, cuidadosa y total entrega. Ahí están de prueba esas  camisas que lucirás como nunca lo has hecho. Ahí está la canción que ella puso en sus labios, cuando creíste que ella holgaba y en realidad pensaba en ti y en quitar la última arruga de tus camisas.

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Gobierno de nuestros cuerpos

Los escándalos en los hospitales se multiplican. Vienen de todos esos centros en Inglaterra, en España… donde el objetivo del negocio aventaja al de devolver la salud. ¿Cuántos Stafford hay escondidos, sin salir a la luz? ¿Cuántos no se camuflarán en el mañana privatizado? Mucho apunta a que esa dejación de principios, esa materialización de lo vital, esa banalización de nuestro latido puede ser sólo el comienzo. La “marea blanca” parece que tenía sus fundadas razones para tomar el asfalto. Sin embargo ese triste avance del afán de lucro por encima de las personas, esas noticias aparentemente negativas de cambios en la política sanitaria, pueden albergar también su aspecto esperanzador. La crisis puede lograr que nos hagamos un poco más los dueños de nuestros propios cuerpos, que comencemos a gestionar más nosotros/as, por lo menos dentro del ámbito de lo cotidiano, nuestra propia  salud.

Quizás ese reencuentro también estaba en la  agenda. Quizás ya estaba acordada esa cita con el sol, con el aire, con el agua, con las plantas y los alimentos  sanos, con la paz que nos debíamos… Quizás faltaba la crisis, los hospitales convertidos en grandes cajas de hacer dinero, para recordárnoslo. Quizás a partir de  ahora más camino de la huerta, de la montaña, de nosotros mismos y nuestras posibilidades de  regeneración, que de las colinas donde se emplazan los macro-hospitales. Allí donde se cuida y preserva la vida, pero también donde a menudo se intenta recuperar la salud con exceso de química y artificio.

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Revolución de la entereza

Todo apunta a que no ha de llegar la catarsis colectiva de los mandatarios, que, pese a las palmarias pruebas, seguirán acorazados. La entera franqueza no tiene prisa por acercarse a los labios de quienes nos gobiernan. ¿Debía asomar la verdad  tras el atril, delante de los focos o bastará que proyectemos luz sobre nuestras propias verdades? Larga cadena de frustraciones nos animan a concluir que el progreso social no se urde tanto en Calle Génova, en Ferraz o la Moncloa, como en más íntimas sedes.

En realidad buena parte de este sistema, no sólo de una opción política, está  fundamentado en la falsedad: la ficción del dinero como norte, de la rivalidad como progreso, de la competitividad como valor rector de nuestras relaciones… Los engaños nos acorralan: la química cura, los animales nos son ajenos,  el veneno  es preciso para que los campos florezcan en abundancia y el asfalto es el inevitable escenario de nuestros días. No nos convence tampoco ese aparente brillo en la chapa de nuestros vehículos, cuando el hambre rueda aún a gran velocidad por tantas geografías. Gobierna el embuste de que la vida se acaba cuando  el cuerpo físico se agota, de que no nos alcanza latido para prolongarnos en los senderos de la eternidad… Nos ocultaron sobre todo que la existencia es experiencia y servicio, no materia y placer; que el gozo tiene que ver con el volumen de la entrega al prójimo, no con el grosor de un sobre cargado de dinero negro.

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