¿Llamadas al combate?


No se amilanaron ante el fuerte desafío que ya fue la rueda de prensa en la que anunciaron su reivindicación patriótica. No vestían triste y uniformante caqui. No hicieron dejadez de sus atributos de inherente belleza. No pestañearon ante los focos. Su mirada firme, su discurso decidido congregó multitud de medios: quieren estar en primera línea de combate, allí donde silva la muerte, allí donde la vida se sortea a cada instante. Cuatro mujeres soldado norteamericanas, entre ellas dos condecoradas por su valentía en Afganistán, acaban de demandar al Pentágono por su política de mantener a las mujeres lejos de los campos de batalla.

La preguntan brota tan respetuosa como incontenida: ¿Y si se mantuvieran en retaguardia alumbrando vida? En realidad no queremos ni frente, ni retaguardia, en realidad no queremos nunca jamás, ninguna guerra. Pero si tiembla la tierra, si de nuevo baila  el plomo, ojalá no muerdan trinchera, no vistan galones, ojalá no calcen rencor, no anuncien siquiera un luto lejano… Ojalá quede cuanto menos una geografía pura, unas manos limpias, un beso sin mácula… Ojalá que en sus vientres nadie huela pólvora, en sus pupilas sólo la sangre de sus propias entrañas.

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¿Paga extra?

En medio del apuro cada vez más generalizado en que vivimos, en el mantel de la Navidad puede sobrar algún turrón de marca, algún vino añejo. Aún estamos a tiempo de librar algunos animales de una cruel olla. Quizás no pensar tanto en lo que pueda faltar para colmar aún más nuestra mesa, sino en lo que urge en la de al lado. En realidad todo está “al lado” en un mundo que las nuevas tecnologías de la comunicación y el transporte han tornado tan pequeño.

Las fiestas que ya se acercan no necesitan más consumo, seguramente sí más original sentido, más valiente solidaridad, más genuina fraternidad. Más “Navidad extra” que “paga extra”, de una vez por todas la mirada más puesta en los corazones enlazados que en los bolsillos individuales. Es precisamente el consumo lo que puede terminar de ahogar el candor que aún le queda a estos días señalados. Si algún significado cobra aún la memoria de Jesús es para invitarnos a la siempre viva responsabilidad del compartir. ¿O es que todo va a quedar hueco y envuelto en papel de celofán, es que ya no le resta ningún profundo sentido a nuestras celebraciones más generosas y entrañables?

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Su pañuelo en nuestro cuello

Será que aún nos queda inocencia. No sé por qué pensaba que las redes sociales sólo servían para acercar, para enlazar, para unir… Nunca pensé que pudieran ser utilizadas para cantar a la muerte, para ensalzar la vida segada. El ejército israelí se vanagloria en las redes sociales de haber acabado con el jefe del brazo armado de Hamas en Gaza. “Eliminated” reza el rótulo junto al rostro duro del miliciano asesinado. Es el  aséptico  jpg  que la poderosa armada ha colgado en la cuenta que tiene en Twiter.

Los de Hamas por su parte se congratulan de haber alcanzado los barrios de Tel Avid con sus últimos cohetes, de haber acabado con civiles inocentes. Esos cohetes tienen ahora más propulsión, llegan más lejos y sangran más. He ahí su progreso: su muerte amenaza las urbanizaciones de la capital que ayer eran en paz. Israel también ha vuelto a matar niños en Gaza. ¿Cuándo el progreso se medirá en niveles de compasión y no de herida y perjuicio al adversario? Estamos en la tierra para ensalzar la vida no para apagarla, tenga ésta  el color que sea, palpite a uno u otro lado del “check point”, alabe a un Dios con más o menos barba, se exprese en un idioma con más o menos arena y desierto…

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Dueños de nuestros destinos

A propósito de la huelga de hoy

Lo lamento. No tengo interés en esta huelga. Lo digo sin vergüenza, ni pudor. No estamos de vuelta de nada. No estamos afiliados a la patronal, ni a la formación en el poder. Nunca la esperanza pulsó con tanta fuerza en nuestro interior. Conocemos los grilletes en las muñecas, las largas noches en los calabozos. Hemos salido cientos de veces a la calle, pero nos jugábamos algo, había ideales.

“La culpa siempre la tienen  otros…” Si siempre echamos la responsabilidad a terceros estaremos siempre a su albur, nunca nos haremos los dueños de nuestros destinos. Salir a la calle tras manidas consignas que vienen de centrales lejanas es sencillo; lo difícil es tomar verdaderamente las riendas, la responsabilidad de nuestro propio futuro.

¿Es que no podemos comenzar aquí y ahora a levantar el otro mundo? ¿Es qué es tal la axfisia, la explotación que no hay margen alguno para erigir la alternativa? ¿Es que no hay resquicio y sólo nos queda cruzarnos de brazos, o lo que es casi lo mismo, llamar a la huelga? ¿Es que la “matrix”, es que el sistema cierra absolutamente todas las puertas, todas las posibilidades? O es por el contrario que “combatimos” el sistema, pero seguimos obedientes sus códigos. A la hora de la verdad nos regimos por sus pautas. Nos clavamos durante horas antes su pantalla tonta, compramos sus productos adulterados, nos entrenemos con su ocio alienante, nos “curamos” con sus pastillas, nos encerramos en sus hospitales, en sus centros comerciales, en sus pabellones de fútbol…, pero sí, el 14 de Noviembre nos pondremos pañuelito rojo al cuello y saldremos a pasear por la Castellana de nuestra población, cargando contra el gobierno y el sistema. Sigue leyendo

Claraluz.org o el alfabeto del alma

“Es siempre el alfabeto del alma el que graba las imágenes más bellas en nosotros y las confía a la memoria del Invisible…” (Testamento de las “Tres Marías”. Daniel Meurois)

Nace claraluz.org. No hay alarde en la cabecera de este blog recién estrenado. Llamamos a la luz, por qué el barro nos llegó arriba de las rodillas. Presentamos lo que no somos, lo que anhelamos, lo que un día encarnaremos. Presentamos nuestra herencia, nuestro  destino, nuestro suspiro. ¿Por qué no hacer de un ideal una cabecera? Anunciamos  lo que carecemos…

La palabra nos persigue todo el día y no podíamos abandonarla. ¿Podremos purificarla, elevarla, aclararla… confiarla a “memoria del Invisible”? Esa es la apuesta, ninguna otra. La palabra nos persigue y era preciso volcarla de la mejor manera. El alma se va abriendo tímidamente paso, va ganando espacios en la mente, conquistando pedazos de los días… ¿Querrá ahora garabatear? Había que prepararle el terreno, regalarle páginas en blanco. ¿Cuándo escribe ella, cuando es  echada a un lado? No será fácil distinguir el trazo recto del torcido, los renglones de la personalidad y los del alma. Podríamos pasar la vida entera intentando responder al interrogante. Seguramente los dos garabatean, seguramente van de la mano. No podíamos holgar la vida entera ante una entelequia indescifrable. Por eso inauguramos blog. A conciencia de que siembra el alma y siembra el orgullo. Distinga el lector lo que aún no alcanza a descubrir quien suscribe.

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Más allá de la hipoteca

 

Siempre habrá un sitio para todo humano bajo el sol. Nadie puede privarnos de nuestra heredad como hijos de la Tierra. Nadie puede deshauciarnos en medio de un planeta tan fértil, de una casa común tan ancha. Otra cosa será el blindaje de la puerta o el grosor de las paredes, la luz de los cristales o el color de las flores en el alféizar… El cobijo debiera depender del esfuerzo y ahorro metido en el ladrillo, de la destreza y aplicación de unas manos…, no de la voluntad de un banco impaciente. El cobijo debiera ser a medida de la naturaleza y de las necesidades, de la latitud y su cielo, no de la hipoteca que somos capaces de soportar hasta el último aliento.

El problema surge cuando pensamos que sólo hay un refugio, sólo un lugar para extender nuestros días, sólo una vivienda de concurrido asfalto, garaje y portero automático. Cuesta reinventarnos. Queremos seguir con la misma vida de antes, con la misma lastrante hipoteca de siempre, comprando los mismos productos refinados en el mismo supermercado de la esquina, plantando la sombrilla en nuestro mismo coto de arena en el verano…

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“Volveremos a ese fuego…”

 

Nuevos comentarios al libro “El Testamento de las Tres Marías”*  

Hay libros que se subrayan enteros, en los que el lápiz deja su huella de vívido e insistente color en cada una de sus páginas. Subrayar una y otra vez para rogarle al alma que no olvide la lección a menudo tan cercana como escondida entre los párrafos; subrayar para no dejar pasar nada inadvertido, para lograr un día encarnar hasta la última de las  letras.

Hay libros que hablan tan adentro, tan oportuno, tan a propósito que desearíamos llevarlos siempre con nosotros/as, cual recetario en las siempre bien preparadas encrucijadas de la vida. Jesús nos vuelve en el “Testamento de las Tres Marías” de Daniel Meurois Givaudan, con una palabra tan directa, tan plenamente actualizada que quisiéramos no nos dejara nunca. El problema se torna  cuando se acaban las páginas, cuando se cierra el volumen y reparas en que no es un libro lo que has leído o devorado, sino una invitación, una instancia para el alma. El problema se torna cuando ya no eres el mismo y no te puedes parapetar en las mismas excusas de siempre para eludir lo que, ahora más que nunca, somos llamados a Ser. Lo difícil será encontrar la fuerza para levantarse de ese fuego que han encendido Salomé, Jacobea y María de Magdala en esa  playa que es ya un poco de todos. Lo difícil será encender más y más fuegos de fraterno amor en otras playas, en otros montes, en otras geografías…, con la Fuerza de Su Recuerdo siempre vivo en nuestros corazones.

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Eterno latido

En un mundo ciego la verdad sale cara, en un mundo sin alma la mera mención de ésta puede generar sarcasmo. Pobre destino el que se nos traza tragados por la tierra, carcomidos por los gusanos, sin postrero latido y sin embargo pocos se revelan ante ese sí, “fatal desenlace”. Galopa la noción de que todo se acaba con la mayor mentira de todos los tiempos, por nombre “muerte”. A lo sumo, si nos adherimos a Roma y sus purpurados, nos concederán feliz estancia encima de una nube en la que suena el mismo y monótono arpa por toda la eternidad. Únicamente una vida, una sola oportunidad para ganar plaza más o menos cerca del Origen de toda vida, de todo Amor y Verdad. Pareciera que somos sólo un saco de huesos y de órganos más o menos inteligente y sin embargo desierto de rebeldía ante tan lúgubre panorama, ante tan efímero destino que nos traza la ciencia sin alma. ¿Dónde entonces ese alma? Y si la atribulada presentadora de televisión tuviera alguna razón…

Amamos las “causas perdidas” y echamos un cable a la protagonista de las “Mañanas de TVE” que no tiene quien la defienda. El ser humano no es más por sacar el corazón de un cuerpo y ponérselo a otro. El ser humano será más cuando ningún congénere pase hambre, cuando los campos sean liberados de química y las granjas se hayan vaciado de animales torturados, cuando la última bala del último fúsil se haya agotado y hayamos alcanzado las costas anheladas de la fraternidad universal, cuando hayamos reparado algo en nuestra condición trascendente… Sigue leyendo

Son costuras, no remiendos

Ella regalaba sonrisas indiscriminadas, de paso vendía agujas e hilos de costura. Él permanecía encerrado, estudiaba leyes y leyes. Ella atendía en un mostrador de una pequeña mercería, él se ensayaba en un bufet como abogado, memorizaba los mil y un latinajos del derecho romano. Tras ella, cajas y cajas de cartón con hilos, de todos los colores, algodones y tamaños. Las modistillas de Balenciaga tocaban a su puerta para abastecerse. Tras él los innumerables “Aranzadis” de color rojo llenos de leyes en una letra muy pequeña.

Mucho más importante que todas las sentencias de los romanos era la cita diaria con aquella sonrisa. Los domingos cogían la barca en el viejo puerto y remaban hasta la isla de Santa Clara. Entre semana, al atardecer se sentaban en una terraza, no lejos del mar, a preparar una boda siempre, siempre aplazada. Tras ocho años de terraza y remos, de caminos cerrados y de un amor terco no dispuesto a ceder, llegaron por fin al altar. Atrás quedaban los lutos y sus severos protocolos, las múltiples objeciones de la familia del letrado para con la sencilla dependienta.

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