Sobre el fracaso

 

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El fracaso es imprescindible, tanto o más que los laureles. El fracaso forja en nuestro interior esa suerte de imprescindible acero. Hay un abismo entre fracaso y desesperación. El fracaso es sólo una coma, las desesperación tantas veces un punto final. El fracaso es necesario, la desesperación nunca. Cada día se alza el sol y el Misterio jamás nos abandona. El fracaso abre los ojos, nos detiene, nos permite dar con lo que erramos. La desesperación nos ofusca, nos ciega; no ayuda a nada, ni a nadie.

Ser feliz

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No hay vuelta para atrás. Hoy he decidido no esperar a nada, ni a nadie, sobre todo no esperarme a mí mismo para ser feliz. He decidido solemnemente no aguardar a que luzca el sol, a que calle la lluvia, a que broten las flores y llegue la primavera, para ser feliz. Mi felicidad no depende de los campos de nuevo perfumados y coloreados.

No me otorgaré nuevas y engañosas prórrogas. No retrasaré más un instante que puedo inaugurar ahora. No he de tomar lujoso crucero, no he de volar a las playas de Balí, no he de moverme de donde me hallo para ser feliz. He decidido no aguardar a que me toque una lotería que no juego, no esperar a disfrutar de jacuzzi, a conducir un deportivo, a ser millonario…, para ser feliz.

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Sabiduría compartida

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Cuando estudio me sumerjo en una sabiduría compartida y en mi interior no puede brotar sino un sentimiento de profundo agradecimiento para quienes sumaron a esa sabiduría de todos y de nadie, para quienes contribuyeron desde tantas escuelas, circunstancias y geografías a engrandecer nuestro acerbo colectivo, para quienes en definitiva lo dieron todo para que no se apagara jamás la llama del Conocimiento y el amor fraterno.
En mi voluntad no puede estar sino el alentar hoy también esa sabiduría sin dueño. En mi ánimo pujaré igualmente por el principio de socializar, de compartir, de incluir, que subyace a esa sabiduría sin tiempo. He conocido muchas escuelas serias, muchos grupos, muchos maestros. Siempre he deseado y desearé fervientemente que sumen, que dejen de trabajar para su particular progreso, que atiendan al llamado superior de empezar a trabajar unidos. Cada vez somos más los que no nos adherimos a una escuela concreta, pero sí nos casamos, si estamos firmemente comprometidos con la suma, con las diversidades que conforman unidad.

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Por una democracia verdadera

 

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Un político auténticamente demócrata, con el que, dicho sea de paso, no comparto sus aspiraciones independentistas, va a ser juzgado hoy en Barcelona. Su “delito”: consultar a la ciudadanía, sacar las urnas a la calle. Para muchos poderes fácticos no es suficiente el mayúsculo atropello de sentar a Artur Mas en el banquillo. El segundo periódico de el país, “El Mundo”, demanda hoy lunes en su lamentable editorial medidas más drásticas. Es difícil a estas alturas entender tanta nostalgia de la Brunete y sus tristes tanques…

Estamos por supuesto por la unión humana fraterna y al mismo tiempo libre, no por la retención forzada. La fábrica centralista de independentistas no para de auspiciar separación con su actitud represiva. Siempre, siempre el diálogo, jamás la imposición es el camino. Sólo un Estado con serias deficiencias democráticas juzga a todo un presidente democráticamente elegido de una Comunidad por haber consultado a la ciudadanía.

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Nunca a la contra

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Nunca a la contra de nada, siempre a favor. No pelearé contra el cáncer, ni siquiera en el día de su lucha. No prima tanto lanzar campañas contra enfermedades que creamos nosotros con un modo de vida insalubre, prima más bien afanarnos en crear una sociedad armoniosa, saludable, cada vez más en contacto con la Madre Tierra, cada vez más cuidadosa de la alimentación y los hábitos equilibrados. Nos aplicaremos en mantener un cuerpo vigoroso, fuerte, alcalino en el que no quiera anidar la metástasis. No podemos luchar contra el cáncer y dejar sin cuestionar la agroindustria, las macrociudades, la invasión del coche, la cultura del sedentarismo, del pastillazo…

Ya está aquí

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Ya ha llegado donde pensamos que nunca llegaría. Se ha sentado en el despacho que nunca creímos conquistaría. Ya está gobernando, ya asoma la mano de hierro por las mangas de seda. Trump, presidente de la nación más poderosa del mundo. El día que pensamos que nunca amanecería ya nos ha alcanzado. Ya ha jurado, sobre dos Biblias a falta de una y los cielos no se han abierto. Sólo una fina lluvia, nada de diluvio, nada de granizo. Sonaron hasta las músicas que tocan el alma, se agitaron todas las banderas. Los cañones dispararon sin catarro, ni rubor las “salvas”.

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Ofrendar el dolor

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Siempre podemos ser útiles al mundo. Aún hundidos entre las sábanas, aún tiritando de escalofríos, podemos ser factor de bien en favor de la humanidad. Cada mañana podemos ofrendar nuestros superiores deseos, aspiraciones, sentimientos…, podemos ser antena de irradiación de elevadas vibraciones. Sin embargo también podemos ofrendar nuestro sufrimiento, nuestro dolor, nuestra enfermedad. Somos ofrenda. Por encima de todo, somos donación. Todo es susceptible de ser ofrendado, si está debidamente enfocado y dirigido. Basta detrás del objeto de la ofrenda un empuje altruista, generoso.

Podemos ofrendar nuestro dolor para contribuir a liberar el dolor del mundo, podemos ofrendar nuestra enfermedad para contribuir a mermar la enfermedad del mundo. Ante el dolor y la enfermedad nos podemos revelar o los podemos aceptar. Por supuesto, sabedores de la ley de causa y efecto, sabedores de que nosotros mismos hemos sembrado lo que ahora cosechamos, lo positivo, liberador y sanador es aceptar. Sin embargo más allá de la mera aceptación, hay un paso ulterior que consiste en ofrendar.

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Alsasua, completar el círculo

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Escucho por televisión a la madre de uno de los guardia civiles agredidos en Alsasua y trato
de hacer mío su dolor. Escucho a los familiares y amigos de los jóvenes que están en prisión acusados de terrorismo por esa trifulca nocturna y trato de hacer mío su dolor. Ser puentes entre los dolores, entre los corazones magullados; abrazar el dolor del mundo, de los unos y de los otros, haciendo propias sus heridas…, es afronta difícil, pero de día en día más necesaria.
 
La emoción primaria nos polariza de forma inmediata con una de las partes y allí nos atrincheramos y desde ahí el conflicto se perpetúa. Superaremos la confrontación en la medida en que intentemos hacer nuestro el dolor de todas las partes; en la medida que caminemos los pasos de unos y otros, que nos asomemos con ellos a sus ventanas, que vivamos el latido de sus corazones, que sintamos el dolor en sus llagas… Sólo podremos salir del conflicto si empezamos a ver al enemigo como el “otro yo” que nació en un lugar diferente, que se crió en otras circunstancias, que cantó otras canciones y encumbró a otros héroes, que durmió otros sueños…, pero humano como yo al fin ya al cabo, con la misma nobleza y debilidades, con la misma sangre en sus venas y soplo divino en sus pulmones.
 

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Aquel Refugiado

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En su precario refugio nadie estampó las siglas de UNHCR (Acnur), pero debieron igualmente ir de puerta en puerta pidiendo acogida. No tomaron cayuco, no se apiñaron en ninguna barcaza destartalada, no se vendieron a ninguna mafia sin escrúpulos, pero huían de la violencia de los poderosos. No soñaron con una Europa, entonces aún salvaje y desintegrada, pero eran también refugiados.

La disyuntiva de las puertas abiertas o cerradas, de la acogida o el blindaje no es de nuestros días. La violencia siempre ha empujado al humano a hacer atillo o maletas y escaparse apenas con lo puesto. El desierto es ancho y Belén no dista mucho de Alepo. ¿Qué es la Navidad sino la fiesta del pequeño Refugiado que nacía a un mundo convulso para inundarlo de amor?

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Socialismo sin “ricino”

15235614_10154150009712379_8336932082088193612_o.jpgCaducaron sus revoluciones como caducan los vinos que no se mantienen frescos, como se enmohecen las casas que no se airean, como se agrieta la tierra que no se remueve… Nada nos dicen los líderes que hablaron en la Plaza de la Revolución en la despedida de Fidel Castro. Sus palabras no nos dan alas, sólo son lastre de munición para el soldado que ya se jubiló, que ya no somos, ni deseamos ya más ser… Nada nos dice esa perpetua llamada a la trinchera. Ante la multitud congregada, sólo hombres mentando enemigos que no ceden, glosando guerras que nunca se acaban…; sin embargo aquí, a este lado del mar inmenso, nuestras mujeres ya nos escondieron las armas donde jamás las encontraremos. Hace ya muchas lunas que nos susurraron dormidos que la batalla si no es florida, sin violencia está para siempre perdida.

¿Cuándo nos llamarán para construir en libertad? No nos ilusiona el bloque bolivariano. Se pudieron levantar contra el oprobio, contra el abuso y la explotación en su día, pero han instalado nuevos dominios. Sólo cambiaron el color de las paredes y fachadas. Aún no ha amanecido, por lo menos no vemos su radiante sol iluminando para todos.

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Vieja ermita gallega

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Parece que siempre hubiera estado allí, tal es su sólido anclaje, su perfecta simbiosis con el paisaje de hojas caídas. Tras largo paseo a la vera del mágico río, la ermita hizo el resto, terminó de ensanchar nuestros corazones. Las piedras cargadas de musgo y memoria nos sugieren volcar hacia el pasado. No en vano la historia quedó apresada y encerrada en el remoto lugar, entre los guardianes robustos de los árboles.

Somos también esas manos pacientes, esos callos curtidos, ese sudor antiguo, esa pasión por las piedras reunidas y sumadas en lo profundo del valle. Somos los hermanos constructores que se dieron por entero levantando el escondido templo del bosque. La talla continúa. Somos el cincel y martillo, la roca y la melopea de oración. No renegamos de nuestra tradición, menos aún cuando se abre el castañal y nos revela esa obra generosa, ese testimonio vivo de fe y entrega que encarna la vieja ermita. No renegamos de nuestra tradición, menos aún en el corazón de la arboleda, en medio de esa inmensa alfombra de hojas acalladas. A lo sumo añadimos nuevos santos sin sotana, nuevos rosarios sin viacrucis, nuevo Nazareno sin cruces… Olvidamos “vísperas” y “maitines”, mas no renegamos del cristianismo, a lo sumo una nueva canción, una palabra actualizada, una fe reinventada y sin doctrina…

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Él también descanse en paz

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Nosotros no podemos decir “hasta siempre comandante”, porque siempre es un horizonte de libertad, no sólo de justicia; un mañana en el que entraremos y saldremos de las islas a voluntad; en el que nadie nos retendrá en el trópico, en el que nadie nos perseguirá por las ideas que broten de nuestros adentros.
 
No podemos decir “hasta siempre comandante” por más que no se nos haya enfriado la sangre revolucionaria, por más que el atropello y la injusticia nos sigan sublevando, por más que sigamos caminando por nuestras particulares y Maestras Sierras, alertas siempre en nuestras atalayas, en nuestras salvajes y amenazadas Bahías de Cochinos…
 

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Descanse en paz

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El mero cambio de dimensión de por sí a nadie ennoblece. Dice la sabiduría sin tiempo que si emprendemos un largo viaje, ya en destino no seremos ni mejores, ni peores personas que cuando lo iniciamos. Igualmente si dejamos el cuerpo y nuestro alma remonta vuelo hacia las moradas espirituales, ya en destino no seremos tampoco personas diferentes, seremos el mismo ser, con nuestras mismas virtudes y defectos. A uno y otro lado del velo gozaremos del mismo nivel evolutivo.

El corazón que se detiene no cambia de repente a su dueño, él es el mismo que cuando el vital músculo latía. No deberemos por lo tanto endiosar a quien abandona vestidura de carne. Sin embargo algo muy diferente es procurar siempre el acercamiento humano.

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Remendar sociedad

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Al otro lado de nuestra querida Urbasa, del inmenso hayedo ya casi desnudo que se empiezan a cargar de nieve, se encuentra Alsasua. La “capital” de la Sakana está en todos los medios de comunicación. Hablan éstos, sobre todo los que desconocen la cotidianidad y gustan de funcionar a base de barato titular, de una convivencia rota. Yo no lo creo, por más que sí que haya necesidad de algún remiendo. Tienen mucha responsabilidad esos medios en sobredimensionar un acto absolutamente deplorable, pero que representa más el estertor de un pasado convulso, que el exponente de una brecha insalvable.

En realidad por todas partes estamos cosiendo las relaciones, por todas partes estamos pidiendo hilo para sanar las heridas que dejan las confrontaciones sociales de todo tipo. En EEUU los grandes colosos de la informática son seguramente los que más original y acertadamente han tirado estos días de ese hilo restaurador de la convivencia. En eso se acercó la Navidad y ante el inmenso abeto, ante ese urgido y luminoso “totem” de la esperanza, se esfuerzan en amalgamar una sociedad que ha quedado fragmentada tras tan dura carrera electoral (anuncio de Apple).

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Nace solounhastaluego.org

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Sólo preparamos el día en que veamos partir a nuestros seres queridos con naturalidad, sin desgarramientos. No pretendemos frenar la lágrima que brota de los ojos mojados. Tiene todo el derecho de deslizarse mejilla abajo. Sólo presentamos argumento para contribuir a deshacer la angustia que pudo haberla empujado. En el futuro nuestra identificación con el alma o núcleo inmortal irá disipando el temor a la muerte; la conciencia de la inmortalidad de el alma nos reconciliará con ese sólo aparente ocaso.

 

http://www.solounhastaluego.org

Claves para la comprensión del ascenso de Trump y del populismo en general

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Tras la caída, recomponerse; después del golpe, el imprescindible análisis. Entre otras poderosas razones porque puede no ser el último golpe, porque el populismo puede tomar el gobierno de otras democracias asentadas a este lado del Atlántico. Le Pen está ya al acecho del Eliseo, como Trump lo estaba de la Casa Blanca. Vamos a intentar enumerar algunas razones más ocultas que nos pueden servir para explicar el ascenso de este fenómeno arrasador del populismo. Son ya demasiado los golpes cómo para no ahondar en él. Entre otras muchas “sorpresas”, citar las más llamativas, primero la del referéndum del Brexit, después la de la consulta de la paz en Colombia y ahora la del amargo resultado de las elecciones norteamericanas…
 
Los medios de comunicación nos sirven ya las razones evidentes de ese ascenso del populismo como puedan ser el paro, la crisis económica, la inseguridad, el aumento de la inmigración, el fenómeno creciente de la presencia de refugiados… Todas estas razones repliegan a buena parte del electorado hacia posiciones defensivas e incluso hostiles con respecto a lo que son políticas de progreso, de apertura y de solidaridad. Así buena parte del electorado se echa en brazos de quienes prometen defender sus muy particulares intereses. Hasta aquí nada nuevo. Hasta aquí las razones primeras y aparentes, vamos a intentar explorar, aún con riesgo de equivocarnos, en otras más profundas; vamos a intentar ahondar algo más allá en el análisis.
 

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Obama

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Cuando se levanten muros en mitad del desierto y la nada, cuando a las puertas del médico pregunten por la cuenta corriente, cuando los costosos acuerdos contra el cambio climático de París sean papel mojado, cuando la Tierra nuestra Madre vuelva a estornudar, cuando los hermanos sudamericanos, musulmanes… deban de ir en masa a los grandes almacenes a comprar maletas, cuando el improperio sustituya a la mesura, el ataque a la voluntad integradora, la amenaza a la diplomacia, cuando Cuba, Irán… vuelvan a ser antojadizos enemigos y se engrasen las lanzaderas…, entonces nos acordaremos de ese presidente de color al que tan poco apoyamos, al que llegamos a vilipendiar, al que negamos el merecido honor de Nobel de la Paz. A menudo sólo la sonada ausencia es capaz de delatar el error antiguo.

No todo estaba perdido…

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¿Quién dijo que todo estaba perdido…? En las horas más difíciles venimos a ofrecer nuestro corazón, nuestras manos, nuestra fe, nuestra esperanza… Nunca pensamos que el luctuoso titular de “Trump presidente” osaría ocupar una tormentosa mañana nuestra pantalla.

Pienso en los contextos de crisis y conflictos donde la diplomacia sostiene delicados acuerdos como en Irán. Pienso en ese pretendido e ignominioso muro del Sur donde la nada arenosa, la valiente osadía y la alambrada. Pienso en las minorías, en los hermanos musulmanes, homosexuales, “ilegales”…, pienso en quienes en medio del apuro echarán mano al bolsillo y se encontrarán sin seguro médico…; pienso sobre todo en la Tierra nuestra Madre que no tiene boca, ni voto, ni manos para llevar pancarta, ni piernas para patear, ni estómago para dejar de comer en señal de desacuerdo. Pienso en Quien nos nutre y nos sostiene de nuevo devuelta a la condición de simple objeto de explotación y depósito de contaminación y basuras. Los acuerdos de París contra el cambio climático ya son cuestionados desde las filas del magnate. Hay quienes a duras penas aún pueden esperar, pero la Tierra era precisamente la que necesitaba más apremiado tratamiento.

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No sonará órgano en nuestra hora

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Esta vez nos falló el Santo Padre. La Iglesia nos  va a negar  funeral a quienes  expresamente  hemos pedido que se  esparzan nuestras  cenizas al llegar la hora. No nos duele  quedarnos  sin funeral, nos apena que la Iglesia de Francisco, la que tanta esperanza ha suscitado, imponga en su seno estos anacrónicos dictados.  Nos apena que este papado, que tanto hemos apoyado con tantas  letras, tome esas medidas, esté detrás de tan desafortunada condena.

No nos duele que no haya exequias católicas en nuestro nombre, nos duele esa desaprobación de lo diferente, ese culto cerrado a la tradición que rechaza a quien opta por otras prácticas. Lamentamos que Francisco sea partícipe de tan penoso retroceso. No sonará el órgano en nuestro funeral, pero sonará un día la hora de la libertad en que todos respetemos escrupulosamente las decisiones del otro, sobre todo cuando vienen avaladas por poderoso argumentario, cuando son defendidas por muy dignas tradiciones espirituales, por todo un elenco de grandes seres.

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Ser ofrenda

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Ningún pasillo me conduce a “caja” después de haber llenado mi cesta de setas, nueces y castañas. No veo la etiqueta en ninguno de los frutos de otoño que las ramas me ofrendan a la vera de casa. Por más que busco, nada en la naturaleza encuentro con código de barras. La Divinidad no puso ninguna aduana a la salida de ningún valle. Todos los peajes son invención, argucia humana. El universo entero es un acto supremo de infinito amor; toda la creación es donación, servicio sin medida. ¿Cómo poder ser nosotros igualmente donación, cómo universo generoso, cómo entrega sin fin? Como es en grande sea en pequeño, ¿cómo vivir dándonos sin medida, ni proporción?, ¿cómo no renunciar a estos ideales en un mundo de acumulación desigual y sin medida, de mutuos codazos y férrea competición?

Llega un otoño especialmente maduro en que la Vida nos acorrala con todos sus frutos, con todos sus gestos dadivosos y nos pregunta si ya nos hemos por fin enterado, si hemos alcanzado a comprender la razón última de nuestra presencia en la tierra. Acostumbrados a sacar la billetera en establecimientos y supermercados, podemos llegar a olvidar que todo está y estuvo a nuestra disposición. La Creación entera, todos los Reinos mineral, vegetal y animal se rinden a nuestros pies en un gesto de infinito altruismo. Cierto, todo era gratis, todo era “duty free”, pero a la vez todo era una invitación a ser nosotros también gratuidad.

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Latidos

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¿De qué estamos colmados? ¿Qué pensamientos llenan nuestra mente, qué sentimientos nuestro corazón? ¿Late el mundo en nuestro interior? ¿El latido de mis hermanos es mi latido? ¿Mi latido es el latido del mundo o bombeo por mi lado…? Sumemos latidos a otros latidos, al latido de la Madre Tierra, al latido de los hermanos animales, de los árboles, las plantas, las rocas… Sólo un latido, sólo un corazón, sólo una tierra, una humanidad…

Podamos decir que ningún latido nos es ajeno, sobre todo el latido de los hermanos que están bajo las bombas. Alepo, Mosul no nos son ajenos. Ningún dolor nos es ajeno. Está brotando un latido nuevo altruista, solidario. Si mi latido no es con tu latido, ¿dónde irá mi latido? Si mi suerte no es tu suerte, ¿qué será de mi suerte…? Ninguna bomba, por lejana que se desplome, nos es ajena. Caen las bombas sobre nuestras ciudades, sobre nuestros barrios y tejados. Ninguna guerra nos es ajena, en primer lugar porque todas las guerras de fuera son reflejo de nuestros conflictos de adentro, de nuestras cuestiones no resueltas.

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Un orden evolucionante, no cristalizado

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Sí, necesitamos un orden. No lo sabíamos antes, cuando todo nuestro interés estaba en tumbarlo, cuando salíamos a las calles para echarlo cuanto antes abajo,  cuando  reuníamos toda nuestra ira para golpearlo. ¡Cuán equivocados estábamos…!

Han pasado los años y ya nos hemos puesto el debido casco de bomberos, ya no somos  incendiarios. Reparamos por fin en que el orden es un valor superior, imprescindible para la perpetuación de la vida y su armonía. El orden está a la altura de otros valores que llenan nuestra boca con más facilidad como libertad, justicia y hermandad. Si  no hay orden, no quedará ni rastro de los otros valores superiores.

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Cal muerta

14725661_10154032306507379_6658530581086013787_n.jpgCada tramo próspero, feliz de la historia se sustenta sobre una base de sana convivencia y mutuo perdón. No es posible edificar un mañana grande sin sólido cimiento de reconciliación. De eso sabemos algo las dos España que convenimos en el difícil, exigente, pero siempre necesario abrazo. El abrazo de los setenta debiera perpetuarse. No es nostalgia del “espíritu de la transición”, es convencimiento de que la cultura del acuerdo ha de extenderse y renovarse cada día. No es que la transición fuera modélica, es como mejor lo supimos hacer. No debiéramos perder memoria de los abrazos. Tendremos que renovarlos, mientras que la convivencia no se termine de armonizar.

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Monstruos

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No dormiremos tranquilos la noche del cinco de noviembre. No podemos. Hay un monstruo a las puertas de la Casa Blanca. No sabemos cómo ha saltado todos los obstáculos, cómo ha podido llegar hasta ahí, pero el caso es que está a su vera, aguardando el asalto final. Puede ser el siguiente presidente de los EEUU. Ya hay otros monstruos a la cabeza de las más poderosas naciones. Al frente del Kremlin hay otro monstruo que ni le tiembla la mano al ordenar día a tras día el bombardeo de las mujeres, lo niños y ancianos de Alepo…

Como es arriba es abajo. Han vuelto los tiempos de los monstruos e indudablemente nos tendremos que preguntar por nuestra falta de humanidad, por nuestro coeficiente de barbarie en sangre. Si fuera han llegado tan lejos, si se pueden hacer con los resortes del poder mundial, ¿qué nos habrá sucedido por dentro?

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Los límites de la amabilidad

2_200.jpgShimon Peres fue protagonista de la política israelí durante seis décadas. Ocupó los cargos de primer ministro y presidente y le dio tiempo a ir a Oslo a recoger el Nobel de la Paz por sus esfuerzos por sellar un acuerdo con los palestinos. Acaba de morir a los 93 años, dejando a Israel sin el último de sus padres fundadores.
Es cierto que con la partida de Shimon Peres se esfuma la faz más diplomática del Israel de nuestros días. El anciano político estaba a favor de los dos Estados y apostó por ceder territorios a cambio de paz. Es de ley reconocer sus aciertos en la intentos de acordar una paz definitiva con los palestinos, sin embargo, hay momentos en los que la amabilidad se queda corta si no la habita también generosidad y valentía para crear bases sólidas de entendimiento. El líder laborista fue la cara amable, pero quizás hacia falta algo más que amabilidad para reconducir una reciente historia, en alguna medida, fallida.

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Alepo olvidada

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Siempre hay que temer de los mandatarios que quieren hacer “grandes” a sus naciones. Trump así lo quiere, Putin ya lo está haciendo… “Make great America again” es su lema fundamental de campaña. Con él desea encandilar a los americanos que aún no han digerido Vietnam y que desean sumar nuevas “victorias” imperiales. El problema de los populismos nacionalistas, hoy lamentablemente tan en alza a uno y otro lado del Atlántico, es que quieren hacer “grandes” a sus naciones a toda costa, aún a costa de un terrible sufrimiento ajeno, aún a costa de ciudades destrozadas y población civil masacrada… Esa es la “grandeza” de Putin. Hay un pueblo mayoritario que gusta de esa exhibición de músculo belicista, no importa a quién aplaste la maquinaria, no importa para qué se utilice el poderío. Rusia no se entera o ha perdido el alma. Rusia ha perdido la memoria o ha perdido la dignidad, la memoria de cuando eran ellos los que estaban bajo las bombas, de cuando eran sus madres las que sollozaban…

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En defensa de la familia, en defensa de la comunidad

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No está de moda defender a la familia, no es precisamente lo más “in”, lo más “progre”, pero nosotros no pretendemos ir con las modas, ganar moderna feligresía, sino acompañar los valores que no caducan, argüir en favor de conceptos y sistemas que consideramos, si no eternos, sí cuanto menos de muy largo recorrido.

¿Cómo abordar el tema de la familia y hacerlo desde una posición abierta, respetuosa, integradora? ¿Cómo defender esta institución tan cuestionada desde diferentes frentes y a la vez no echarnos en brazos de la fuerzas conservadoras, de las que pretenden infructuosamente detener la historia? Es cierto que la Iglesia es un de los pilares más importantes de la familia en los tiempos en que ésta ha entrado en crisis, sin embargo hay familia también fuera del ámbito de la Iglesia.

La familia va unida a los valores de fidelidad y de compromiso, pero estos valores no son privativos de esas fuerzas sociales conservadoras. Estos valores tienen el recorrido que les queramos dar cada uno, tienen el recorrido que les quieran dar también las fuerzas progresistas, los movimientos emancipadores. La fidelidad es la que permite que el linaje perdure, que el eslabón de amor trasmitido de generación en generación se perpetúe. Sin compromiso y por lo tanto fidelidad, no hay sistema, no hay familia. La fidelidad no cotiza al alza en los “parkets” de valores de nuestros días, pero seguramente nosotros tampoco somos buenos vendedores.

La evolución humana se afianza con el servicio, el compromiso y la responsabilidad. Hay muchas áreas de servicio a nuestra disposición, pero sin duda uno de los más elevados servicios que puede acometer el humano es el de crear una familia, el de formar una pareja que permita que nuevas almas puedan tomar cuerpo en el mundo. Los hijos no pertenecen a los padres, de hecho son ellos los que eligen a los padres entre un elenco de posibilidades que les son presentados. Sin embargo los padres encuentran en los hijos una oportunidad de plena realización.

Lo mejor que unos padres pueden ofrecer al hijo reencarnante es un entorno de paz, armonía y cariño. Es en ese espacio cuidado en el que los hijos pueden crecer y desarrollarse, es en ese marco protegido donde los hijos pueden a su vez llenarse de espíritu de servicio y voluntad para luego derrocharlos en el mundo. Es igualmente en ese entorno, cuando llegada la hora, los padres ya convertidos en abuelos, encuentran su protección y acompañamiento garantizado, encuentran igualmente su posibilidad de transmitir sabiduría y buen hacer a las nuevas generaciones. Hemos inventado el concepto de familia desestructurada porque no sabíamos cómo llamar a esa falta o merma de compromiso, a esos desarreglos que tan a menudo surgen de forma inevitable entre las parejas de hoy.

 Orden

Estamos habituados a contestar el orden en general y por lo tanto también a criticar a la familia que constituye el primer sistema basado en ese orden. Agobiados por un orden tradicional impuesto que mermaba nuestras libertades, hemos abrazado el libertarismo y la anarquía, sin reparar en que una suerte de orden es inherente a la existencia. Agobiados por un orden que cercenaba nuestras libertades, nos hemos echado a los brazos del caos, creyendo ingenuamente que ahí íbamos a encontrar una clave de futuro. Sin embargo sin orden no hay futuro, apenas hay presente.

Somos porque crecemos y nos desarrollamos en el marco de un infinito orden cósmico, en el marco de unos sistemas perfectamente organizados y armonizados. Somos gracias a ese orden y armonía que el Misterio ha impreso a su creación. Sin ese orden, sin esa armonía no nos podríamos desarrollar. La familia es parte de ese orden superior, su primer eslabón humano. La familia no es creación humana. No es invento de un creativo en una larga y aburrida noche de verano.

Hay un orden que subyace a todo lo creado, aunque a menudo ese orden no se nos manifieste a primera vista. En tanto que continuadores de la labor creadora divina, somos invitados a extender ese orden imprescindible. En la familia subyace ese orden superior. Ésta no deja de ser un sistema, una pequeña galaxia. Alrededor de los padres gira la descendencia. Crear familia es crear un sistema donde el sol de los progenitores acoge, irradia, alimenta, viste, educa, protege…

El orden cósmico se instaura en el marco íntimo de la familia. La familia lo perpetúa. Las galaxias más o menos grandes se complementan entre sí, se ajustan unas con otras. Somos porque nuestros antepasados se comprometieron, porque generación tras generación quisieron, de forma más o menos inconsciente, sumar al orden, al progreso, a la vida. Así hasta nuestros días de gran desorientación, en que se cuestionan los compromisos y pretendemos amoldar todo a nuestros intereses. Así hasta en que se nos antoja inventar lo que no existe en el orden cósmico, lo que no hallaremos en la naturaleza. La vida quiere seguir, perpetuarse y nosotros estamos llamados a darle continuidad, por eso hemos de sumar a ese orden si queremos garantizar su continuidad.

A menudo ocurre que decimos sí a la vida, que queremos darle continuidad y sin embargo nos resistimos a asumir el valor de orden. Ello simplemente no es posible. Vida y orden van indisolublemente unidos. El orden de las sociedades desarrolladas no es un orden impuesto, sino por el contrario libremente asumido. Cierta alergia al orden deriva de que, tan a menudo, éste ha venido de fuera y ha sido impuesto de forma forzada, cuando no violenta. Nuestro reto evolutivo es generar un nuevo orden libremente asumido.

Decir que la familia es de Dios, inmediatamente ello nos puede retrotraer a la época del nacionalcatolicismo, pero intentemos por un momento abstraernos de contextos históricos y seguramente concluiremos que hay algo de verdad en esa afirmación. Queremos decir con ello que la familia pertenece al orden de la creación y es su primer eslabón, su pilar. Si falla este primer eslabón de la familia, el resto se tambaleará. Nos estamos refiriendo a la comunidad (tribu), la biorregión, la nación, la confederación de naciones…

Decir que la familia es de Dios es afirmar que ésta no pertenece a un tiempo, a una geografía, a una coyuntura concreta, sino que es inherente a nuestra condición humana. El individuo nace de la unión de un hombre y de una mujer y es ese marco de unión, de protección, de estabilidad, de amor que proporcionan los padres que posibilita el feliz desarrollo de la criatura. Así lo ha dispuesto la ley, así progresa la vida, así deseamos vivirlo.

 Otras familias

La familia tradicional, no está llamada a criticar, menos aún juzgar otro tipo de familias. Ése no es para nada su cometido. Por lo demás las familias diferentes están llamadas a coexistir. El principio de libertad está por encima de la ética subjetiva. Cada quien es muy libre de establecer el tipo de relaciones, de conformar el tipo de familia que desea mientras que no se cause ningún perjuicio a nadie. Por eso nunca nos podremos identificar con las modernas “cruzadas” que emprende la Iglesia en favor de la familia. En estos momentos una de esas grandes cruzadas está teniendo lugar en México, donde todas las fuerzas conservadoras, se han unido, no para defender a la familia, sino para condenar a las otras maneras de hacer familia. La familia tradicional en lo que se refiere a su composición no habrá de batallar con las otras familias a fin de perpetuarse. La familia no puede hallar su identidad contra nada, ni nadie, sino por lo que ella misma representa. Si la familia confronta, la familia muere porque por su naturaleza la familia es amor y ese nicho nunca puede ser trinchera.

En España tampoco han comprendido las fuerzas de la reacción, la Iglesia recalcitrante que el nido no puede ser barricada. Flaco favor hacen a la familia tradicional quienes a toda costa tratan de imponer su modelo. Nada impuesto puede prosperar, porque la evolución sólo es de los seres y las colectividades libres.

Hemos de ser exquisitamente respetuosos en lo que respecta a la libertad del humano de organizarse como desea. Sólo la evolución y el tiempo que ella entraña presentarán un panorama de mayor claridad al respecto. Cada quien somos hijos de nuestra naturaleza particular, de nuestras circunstancias, en base a ello diseñamos también nuestros sistemas. Así ha de ser. Por más que nosotros estemos convencidos que la familia tradicional se ajusta más a la ley natural, deberemos apurar respeto al extremo. Eso es lo que adolece nuestro mundo, acogida al otro aunque se exprese, se relacione o vea el mundo de forma diferente. Este es el escenario humano en el que estamos llamados a convivir. No se trata simplemente de tolerar, se trata de abrazar al otro y su opción aunque sea diferente a la nuestra, aunque su forma de relacionarse y organizarse humanamente no nos parezca lo más adecuada.

Su opción es tan legítima como la nuestra. La civilización se eleva cuando alcanza la capacidad de integrar y acoger a lo diferente. La civilización se hunde cuando no es capaz de hacerlo. La familia tradicional se fortalece cuando convive, se reúne, coopera, festeja… con otro tipo de familias. La familia tradicional se hunde cuando se cierra en banda y no es capaz de dar acogida a otro tipo de familias. El creernos en la senda de lo verdadero no nos da, de ninguna de las maneras, derecho para arremeter contra otras opciones tan legítimas como la nuestra. El problema de la verdad es que tan amenudo se ha aliado con quienes se han creído en el derecho de imponerla. Ya de eso hemos aprendido mucho, ya estamos de vuelta de ello.

Seguramente uno de los mayores daños que se pueden infligir a la familia tradicional es el querer imponer su modelo a toda costa. No creemos en el futuro a largo plazo de otro tipo de matrimonios, no pensamos que se ajustan a la ley de género que nos habla de la necesaria unión de los polos opuestos, de lo femenino y lo masculino, de la mujer y el hombre para engendrar la vida y por lo tanto para crear la familia. No pensamos que el marco de la familia que forma una pareja homosexual sea el más adecuado para el desarrollo integral de los niños, pero sin embargo estamos dispuestos a “batallar” todo lo necesario, por el derecho de dos hombres o dos mujeres para formar pareja, matrimonio o familia.

Familia y comunidad

Hay una importante corriente de progreso que no considera a la familia como primer eslabón sistémico sino que interpreta que lo es la comunidad o la tribu. En esta línea encontramos a comunidades tan grandes, influyentes y significativas como son Tamera en Portugal y Damanhur en Italia. En nuestra humilde opinión no son dos sistemas excluyentes, sino por el contrario complementarios, no obstante primero ha de ser la familia, para que después el conjunto de familias puedan dar vida a la comunidad. Olvidamos que la tribu, la comunidad es porque lo es primero la familia.

Una vez más hemos de buscar en el maravilloso libro de la naturaleza claves imprescindibles para dirimir nuestras dudas. La naturaleza nos muestra que es el conjunto de células el que da vida al órgano. Ambos son parte de un todo, ambos son imprescindibles. Por eso nos cuesta comprender cuando los líderes de esas comunidades en sus textos, restan o anulan la importancia del primer eslabón. Es como si dijéramos que en nuestro cuerpo lo importante son los órganos, olvidando que éstos han sido creados a partir de las células.

Defendemos firmemente la comunidad, es el eslabón perdido que estamos llamados a recuperar. La comunidad ensancha a la familia, la aleja del peligro de su endogamia, del riesgo de enroscarse en sí misma. La familia urge de la comunidad, pues en algún lugar se ha de volcar cuanto en ella se aprende. La comunidad crea un espacio más amplio para el compartir y el colaborar, pero el primer espacio de ese compartir y colaborar, la primera escuela de esos valores superiores sería la familia.

La familia proporciona suelo, da base a la comunidad, le posibilita asiento, raíz imprescindible. La comunidad proporciona aire, espacio a una familia que puede deteriorarse o incluso morir de asfixia, si no se abre a un sistema más abarcante. En la comunidad la familia vuelca su aprendizaje, su fuerza acumulada. En la familia la comunidad halla su fundamento, su origen. Por eso nuestra defensa es de las dos por igual. No concebimos la una sin la otra y viceversa.

Reconozco que encierra su considerable paradoja que escriba sobre la familia quien no la ha creado. Seguramente sería más certera la visión de quien la ha alumbrado. No lo niego. Yo no la he formado. Mi visión puede ser más irreal, pero contemplemos también que un ideal no marchitado pueda mantener de esa manera su original fuerza irradiadora. No he formado familia, pero he vivido en ella. La fuerza en la defensa de la familia la debo en exclusiva a mis progenitores. Crearon sin manual, ancha, alegre y unida familia. Lo hicieron sin pistas, pero con mucho amor, entrega y dedicación. Por eso salieron más que airosos de la prueba, por eso puedo ahora escribir estas líneas.

 

Bergondo a 24 de Septiembre de 2016

 

Soledad colmada

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Lo he puesto al mínimo, pero yo creo que terminaré apagándolo. Sólo oigo el motor del frigorífico. ¿Será esto algo de la soledad habitada, de la soledad colmada… ? Estoy en una cabaña humilde. He estado todo el verano rodeado de gente, pero ahora estoy solo en una pequeña casita de campo en mitad de la verde Galicia. Estuvo maravilloso entonces, está maravilloso ahora. Los cantos del verano no se han ido, tampoco todo el calor de fraternidad acumulado. Seguimos unidos aunque el otoño ya acorte los días y cargue con su dicha tantas ramas…

En realidad no estoy solo. ¿Cómo, si estoy junto la higuera que me proporciona el más dulce fruto cada mañana? ¿Si estoy junto al castaño que ya empieza a rodar su carne con espinas por toda la pradera, si estoy junto a la huerta desbordada de puerros y calabazas? ¿Cómo, si estoy junto a una creación que especialmente nos colma con su generosidad estos días? Un perro ladra muy lejos recordando una alianza que se extiende por supuesto a los hermanos que no leen, ni teclean.

¿Cómo estaré solo, si ella puede venir en cualquier momento y abrazarnos con cariño y traer noticias de los amigos e inundar la cabañita con su sonrisa? ¿Cómo estar solo, si escribo en el teclado y puedo hablar contigo y nos podemos comunicar de alma a alma, que en definitiva es lo que importa?

¿Cómo estar solos si tratamos de servir al mundo, si formamos parte de una familia enorme, maravillosa, multicolor, sin siglas, ni marca, que trabaja por unir a toda la humanidad, por encarnar el supremo espíritu de la fraternidad, por traer el Reino de Dios a esta bendita Tierra…? Es en realidad en la soledad cuando estamos más acompañados, más cerca de todo. Es la llamada soledad la que nos permite respirar a fondo, sentir con intensidad, acariciar esa ancha Comunión que no tiene nombre, que no conoce fronteras.

Paz para Siria

with.jpg¿Qué haremos con tantas ruinas bajo los drones? ¿Cómo evitar mañana tanta destrucción sobre la tierra? ¿Cómo tornar ese panorama desolado para siempre historia? ¿Cómo legar una Tierra entera en paz a las nuevas generaciones?

Pudor de jugar con las olas, de tirarme en la arena aún templada, de correr feliz por la orilla, pudor de no poder detener tanto odio; pudor de maravilloso día de tardía playa cuando la guerra… Los dictadores son fruto de nuestra inconsciencia, los Al Asad son consecuencia de nuestra conciencia no madurada. ¿Cómo impedir que nuevos criminales lleguen a la jefatura de las naciones del futuro? ¿Qué podemos hacer por la paz a la vera de estas rabiosas mareas de Septiembre? Pregunto a la ola fresca, poderosa, a la mar brava…

Si ese dron no hubiera volado sobre esas ruinas, si no nos hubiera mostrado la gran ciudad convertida en polvo y esqueletos… ¿Qué podemos hacer para que nadie vuelva a destruir ninguna ciudad y sus escuelas y sus hospitales y sus esperanzas; para que nadie vuelva a bombardear una población indefensa? ¿Qué podemos hacer desde nuestras arenas y playas, desde nuestros pueblos y ciudades para evitar nuevos Alepos? Pregunto al Cielo inmenso y sagrado; te pregunto a ti, mi querido/a hermano/a…