Verdes universales

 

La Tierra no canta, ni encanta sólo a quienes han leído a Marta Harnecker, visten camiseta del Ché o compraron bonos para la enésima revuelta leninista. Lo hace a todos/as por igual. Igualmente la bandera de la defensa de la Tierra no tiene por qué estar en España vinculada por más tiempo al extremismo político. Son agendas diferentes. La alternativa natural a este sistema individualista, consumista y desarrollista no puede situarse en el espectro político de la derecha, pero tampoco en el de la izquierda. La izquierda no ha generado un nuevo orden civilizacional, ni ha manifestado voluntad de ello. Nos habla de la misma civilización desarrollista pintada de rojo y con poco sugerentes “mamotretos” de hormigón. Allí donde triunfó la “revolución socialista” no observamos ningún paso de retorno a la tierra, a lo sencillo, a lo humano, a lo natural.

 

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Un mismo mensaje

 

Están dejando la carne. Están pasando página a su excelsa misión en la Tierra. No olvidemos nunca su misiva sin tiempo. Fueron entre nosotros/as para que no perdiéramos la memoria. Fueron para que tuviéramos bien presente el mismo y universal mensaje, el mismo y colosal trabajo, la misma y multicolor humanidad.

No olvidemos que el tono, la voz, la expresión pudo ser variada, pero el mensaje con sus matices, inequívocamente uno. Diferentes los contextos, la geografía, la lengua, la tradición…, pero una misma esencia: la proclamación del alto ideal de fraternidad humana y de unión con todo lo que es y late. Lo dieron todo y ya están agitando las alas de merecido Vuelo. No olvidemos por lo tanto su silente clamor para que volvamos a ser un solo corazón.

 

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Comenzar a sumar

Vivimos estos días una natural indignación ciudadana con respecto a una clase política española que se ha manifestado incapaz de superar sus diferencias y llegar a un acuerdo para gobernar el país. Por más que esperada, la noticia no deja de ser triste. Transcurrido, no obstante, el inicial y difícilmente evitable enfado, podremos preguntarnos en sinceridad: ¿Son sólo ellos los incapaces? ¿Habla su sonrojante y dolorosa dificultad para ponerse de acuerdo de algo de la colectiva?

No es posible construir país con los que exclusivamente piensan y sienten como uno/a. Cargamos con sobredosis de belicosidad con respecto a quien no observa el mundo desde la misma atalaya, sin embargo, necesitamos de las otras miradas, siempre que se lancen desde el respeto, la tolerancia y el anhelo de sumar. Estamos sobrados de telepolémicas y espíritu de confrontación. Arrastramos un déficit de cultura de diálogo y entente; desentrenamiento en el imprescindible arte de acoger el disenso, de compartir y cooperar.

 

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Peregrinación por el camino baztanés

Baiona-Olague. 9-15 de Septiembre

Los amigos se encierran a menudo en largos vipassanas y retiros. A menudo también me tientan. Se ríen fraternalmente de mi “culo inquieto”. Cierta disciplina me convendría. Yo también debiera y sin embargo me asfixio entre paredes. Hay tanta y sublime Creación por descubrir, por contemplar y ensalzar ahí fuera. Hay tanta vida palpitando más allá de las paredes inciensadas.

Es con la mochila al hombro que la oración y la alabanza me brota más vívida. Es en medio de la Madre Naturaleza que el alma cobra todo el gobierno. Afloran las más altas emociones y las lágrimas resbalan incontenidas. Es en verdad cuando me quedo sin palabras y lleno de cándida poesía los cuadernos. Cada mirada es reverencia, cada paso agradecimiento.

 

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La parroquia no se defiende

El mismo y humano corazón que el Hijo de Dios vino a abrir y desbordar es el que los obispos se empeñan en cerrar. El miedo es el peor consejero. ¿Quién si no él ha redactado el reciente documento, publicado por la Comisión para la Doctrina de la Fe en el que los obispos arremeten contra el “mindfulnes” y la meditación zen? Juzgan sin tapujos que estas prácticas, felizmente ya muy extendidas, son “incompatibles” con la fe cristiana. Critican que “ciertos planteamientos dentro de la Iglesia han podido favorecer la acogida acrítica de métodos de oración y meditación extraños a la fe cristiana”, y “equiparar a Jesús” con otros maestros fundadores de religiones.

 

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Vulnerables

El sentimiento de vulnerabilidad nos acerca al Alma. No hay nada que sea más importante que acercamos a nuestra Esencia. La vulnerabilidad tiene a bien revelarnos nuestra verdadera identidad, nos aproxima a lo que realmente somos. Hace caer nuestras capas más superfluas, nos familiariza con nuestra Real Presencia.

La vulnerabilidad ralentiza la vida de fuera y sin embargo acelera la de dentro, acelera los procesos interiores. Es importante reconocernos vulnerables, pues así nos estamos acercando a la Fuente que nos habita, que todo lo habita. Reconocernos vulnerables, no es reconocernos heridos. Nada, ni nadie nos puede herir, sólo nosotros mismos. Cuando reconocemos que nada externo nos hiere, es que hemos iniciado ese Sendero que ya no tiene vuelta atrás, ese Sendero al que nos entregaremos en cuerpo y alma durante vidas.

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Tú puedes descansar

Volveremos. La Aurora necesita un poco de todos nosotros. Sólo un respiro, sólo un tomar aire, siquiera con la ayuda de mascarilla. Volveremos a sumar con los/as que suman, a cantar con los que cantan, a construir con cuantos construyen silentes un mundo nuevo y fraterno en todos los continentes, en todas las geografías.

Si Dios quiere aún atraparemos verano. Volveremos a reír y llorar, a amasar y regar, a a escalar y volar… Volveremos, el Cielo siempre por delante, para las dos importantes citas que nos aguardan, campamento de conciencia (www.pirinea.org) y peregrinación en comunión (www.peregrinea.org). Ojalá por algún sitio alcance de nuevo la fuerza y nosotros la disfrutemos. ¡Bismilah!

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Pureza

 

En ese lugar donde anidan silenciosos los fuegos y se citan las mayores pruebas; en ese punto tan a menudo intocable; en esos órganos en los que la Creación ha concentrado tanto y tan irrefrenable deseo, ha colocado también la simiente, el futuro. Ha depositado la garantía del mañana, la perpetuidad de la especie. Sin amorosa cópula no hay porvenir, ni Plan, ni Trama divina. Somos al fin y al cabo para empujar esa Vida de la que nada sabemos.

¿Cómo trascender el deseo, cómo gobernar plenamente el cuerpo y a la vez traer sollozo, milagro, nuevas y benditas almas probatorias al mundo…? Seguimos desnudos y desarmados ante un “pathos” tozudo. Dominar ese deseo en pleno furor antes de que balbucee, debe ser algo de la santidad. ¿Cómo ser esa entera pureza, cómo arrancar el dolor insoportable de la mácula y a la vez contribuir a que perdure el linaje y la condición humana?

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Cacos

Las puertas siempre abiertas tienen su precio. La libertad y la confianza en la humanidad también. En los pueblos pequeños lo hemos venido pagando a gusto. A veces sin embargo llega abultada factura de repente; a veces cuesta asumir que alguien haga mal a otro con tanta ligereza, que le prive sin razón mayor de herramientas y materiales que le son de gran utilidad. Es entonces cuando se hace imprescindible recordar que libremente hemos asumido venir a un mundo de muy dispares evoluciones en el que es “natural” que ocurran estas cosas. Es preciso recordar que hemos decidido encarnar en un escenario en las que proliferan almas que recién inician recorrido de desarrollo humano.

El recuerdo habrá de ser acompañado por el desapego de las cosas materiales. En nuestro caso el robo ha consistido en material de cocina, de escritorio, iluminación, focos, proyectores y otros enseres (bancos, mesa plegable…), en su inmensa mayoría útiles que nos servían para el Foro Espiritual de Estella (www.foroespiritual.org) y el campamento que en breve iniciamos (www.pirinea.org).

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Pescado

He de tomar conciencia de todo lo que el hermano del mar bravo me regala. He de imaginar la belleza, la sutilidad de su nado por el océano inmenso antes de llevármelo a la boca. Lo menos que puedo hacer es detenerme ante el plato, recordarle cuando surcaba libre los mares sin que nadie le cercenara el camino, sin que la luz de ningún sol golpeara en sus escamas. Lo menos que puedo hacer es un silencio antes de hacerlo trizas y tragármelo. Esbozo una oración, honro su memoria, antes de que pase a formar parte mi cuerpo.

De forma excepcional, estoy comiendo pescado estos días. Agradezco infinitamente al animal que ha muerto para que yo viva, que me ha ofrecido su carne, para que yo gane en fuerza y vitalidad. Lo ingiero despacio y en silencio, pues es la única forma de venerar su sacrificio.

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“Thermomix”

Por más que dicen que lleva altavoces y pantalla incorporada, no me veo compartiendo oración íntima con la famosa “Thermomix”, esbozando mi plegaria antes de desvainar los afilados cuchillos, en compañía de ese motor doméstico que hace furor por toda Europa.

Los robots ya han traspasado muchos umbrales. No es preciso que llamen a la puerta de la cocina. Estamos cocinando en silencio y a fuego lento. En realidad todo en nuestras vidas lo quisiéramos hacer a fuego un poco más lento. Cucharas de duro boj y ollas de más frágil barro en nuestras vidas, viejas recetas que se trasmitan de anciana boca a joven oído. La omnipresente wiffi no tiene por qué acabar con todos nuestros secretos.

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Responsabilidad de la falta de acuerdo

 

67847988_10156561882617379_4013015307336548352_n.jpg¿Quién es el responsable del fracaso en las negociaciones para elegir presidente y formar gobierno? En vez de poner siglas a esta pregunta, podemos poner examen de conciencia, ahondar en la recapitulación en tanto que alma colectiva que también constituimos. No seremos nosotros los que señalemos con el dedo hacia un color determinado, si es caso apuntaremos responsabilidad hacia a nuestro interior colectivo.

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“Complicado” collar

La muy coqueta se engalana para la sencilla y rutinaria ceremonia. Cuando el ascensor aguarda ya en nuestro piso, cuando apenas faltan unos breves minutos para el arranque de la misa, saca del joyero de cuero el temido y complicado collar. Me acerca suplicante ese mismo de gordas cuentas y aciagos recuerdos que tantas veces ha logrado acabar con mi paciencia. Los segundos se aceleran, la religiosa hora de las seis se acerca, pero yo respiro…

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Ola de calor

El frescor no acudió a su cita diaria con la mañana. Ni la oscuridad fue alivio, ni siquiera la noche trajo su debida tregua. Los sueños huyeron también a la vera de alguna astral orilla.

Aquella mañana de temprano estío, nos despertamos pronto y la tierra ardía. Sin descanso en el cuerpo, sin aire en los pulmones, sin rencor en el alma, nos acercamos a un teclado para compartir que algo habíamos hecho mal. Era preciso volver a empezar: Debíamos establecer un vínculo de mayor cuidado y respeto para con la Tierra, nuestra Madre.

El progreso desnortado, la producción y sus gases descontrolados, el expolio y la contaminación debían cesar. El futuro debía ser sobre otra base, para no volver a despertar otro día, sin descanso en el cuerpo, sin aire en los pulmones, sin esperanza en el horizonte… “Amalurra” merecía otro trato. Aún estamos a tiempo de que la suave y fresca brisa acuda a los despertares del mañana. ¡Así sea!

Artaza, Navarra, despertar del 28 de Junio de 2019

GRETA Y CAROLA

Dos valientes, dos ideales, dos iconos planetarios. Gracias hermanas, amigas, compañeras por vuestro testimonio puro, por el Norte señalado.

Nos habéis demostrado que esto ya no va de ideologías, ni intereses partidarios. Todo ello es bien antiguo y quedó atrás. Esto va de unirnos los hombres y mujeres de buena voluntad, más allá de las fronteras de cualquier orden, en torno a los mismos y superiores objetivos de cuidado de la Tierra y cuidado de nuestros hermanos.

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Cuidadora

Dos mundos muy diferentes, dos culturas, dos edades y sin embargo caminan todos los días tomadas del brazo a la orilla del mar. Lo hacen hasta que las piernas de la mayor flojean. No siempre alcanzan el monumento de la paz sobre el acantilado.

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Lo siento, no me alegro

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Los ánimos de gran parte de la población están justificadamente exasperados ante una violencia contra la mujer que no cesa, pero pareciera queremos acabar de repente, a golpe de maza, con un problema que subyace en lo profundo de la psiquis humana. ¿Son “las sentencias ejemplares” la sola arma para atajar esa gravísima lacra, o lo es sobre todo la promoción de una nueva relación entre hombres y mujeres que contribuya a desterrar el pernicioso, y a veces letal, machismo aún imperante? ¿Qué pueden hacer quince años que no hagan diez? La vía penal, sin dejar de ser necesaria, no debiera ser la única.

Llueven “whashaps” con el escueto “me alegro”, pero lo que personalmente me agradaría es el arrepentimiento, no el escarnio. No me sale alegrarme por el mal de ningún ser humano. El principio de compasión universal, al que a duras penas trato de ser fiel, me lo impide. Creo firmemente en la ley superior de la evolución, creo que en todo ser humano habita un alma más o menos desarrollada, creo que esa alma es siempre susceptible de crecer y evolucionar. Nuestro deber es auspiciar de la forma más eficaz posible ese necesario progreso.

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“Thermomix”

sabor_chuncano_chuncania.jpgPor más que dicen que lleva altavoces y pantalla incorporada, no me veo compartiendo oración íntima con la famosa “Thermomix”, esbozando mi plegaria antes de desvainar los afilados cuchillos, en compañía de ese motor doméstico que hace furor por toda Europa.

Los robots ya han traspasado muchos umbrales. No es preciso que llamen a la puerta de la cocina. Estamos cocinando en silencio y a fuego lento. En realidad todo en nuestras vidas lo quisiéramos hacer a fuego un poco más lento. Cucharas de duro boj y ollas de más frágil barro en nuestras vidas, viejas recetas que se trasmitan de anciana boca a joven oído. La omnipresente wiffi no tiene por qué acabar con todos nuestros secretos.

Deshielo

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Puedan mañana ladrar con poderoso eco, ante un sólido paisaje que retumbe por fin esperanza. Hielo debajo de sus patas, futuro delante de nuestra mirada. Debían caminar sobre una inmensidad más blanca, nosotros debíamos avanzar también sobre un terreno más firme, hacia un horizonte menos acuoso. Nos faltó cuidado entre nosotros, cuidado y ternura para con la Tierra nuestra Madre.

Deseamos chapotear sólo en las playas de fina arena. Aspiramos a un panorama menos líquido. Aún estamos a tiempo… Puedan esos perros un día volver a correr por el puro, blanco y duro hielo; puedan conocer las nuevas generaciones algo del glorioso paraíso que fue en su día este planeta querido. ¡¡Así sea!!

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“LAS DIVORCIONETAS”

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Nada de reciclar aquellos labios reunidos, aquel instante eterno. El matrimonio también era de usar y tirar. Las promesas de por vida ruedan también con el veloz carrito de la compra-venta. La felicidad que nos quieren mostrar también era de plástico. “Divorcio al alcance de todos” rezan las “divorcionetas” de Carabanchel, Leganés y Getafe. Tiempos de gangas, en los que es fácil vender nuestras más sagradas responsabilidades. Tiempos de “low cost” en los que “si te he visto ya no me acuerdo”.

150 euros y volver a empezar. Barato “adiós”, barato nuevo intento… 150 euros y por fin “vía libre”. Conviene sacar a la sagrada pareja del escaparate de los saldos. Buscamos imposibles que de hallarse en algún lugar, se encuentran en lo profundo de nosotros mismos, en nuestras carencias emocionales, en nuestra falta de Centro.
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El abrazo de los muertos

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El paso del tiempo tiene la virtud de desapasionar la lectura de la historia. Los aniversarios pueden traer su recompensa en forma de análisis sosegado y balanceado, de reflexión con perspectiva de tiempo. En este conveniente repaso desapegado del acontecer colectivo, hemos contado entre nosotros con eminentes maestros, tanto en lo que se refiere a su mirada, como a su pluma.

En Euskadi también tuvimos nuestro particular Dionisio Ridruejo, esa suerte de privilegiada alma capaz de vibrar con los dolores de todos los bandos. Se llamaba José de Arteche y su libro “El abrazo de los muertos” marcó mi primera noche de adolescente insomnio. Arranqué con él porque entre sus cuestionadas páginas, aparecía mi tío. El hermano de mi padre ejerció de médico en el frente de Elgueta con el bando de los alzados. Después, ya adentrado en la vorágine de la contienda norteña, no pude soltar el relato. El libro más importante del escritor vasco tuvo un “parto difícil”, pues la censura no le permitió ver la luz hasta 1970.  Antes de “hacerse a la mar”, el biógrafo de nuestros más insignes marinos y navegantes sufrió por partida doble, por los que habían caído de uno y otro lado en nuestra guerra fraticida. No terminamos de ver un ideal en sumar al franquismo, sin embargo él, en la pura noche de la post-guerra dedicó su libro a “todos los que murieron luchando por un noble ideal”.

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No era política, era oxígeno

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No podemos comulgar con las voces que nos invitan a desentendernos de la vida política. No nos ausentaremos de su concurrida arena. Hay inmenso terreno más allá de la diaria, enconada y agotadora pugna partidaria. El Maestro Tibetano dejó soberanamente claro que es necesario permanecer en ese, a menudo, complicado escenario, que la política constituye uno de los siete campos de servicio. La actividad política, puede ser enfocada al servicio y el bien común mediante la promoción de inequívocos valores universales.
 
Solo un ejemplo nítido y plenamente actual. PP, Ciudadanos y Vox quieren volver a llenar de vehículos contaminantes la “almendra de Madrid”. “Revertir Madrid central” es el eufemismo que equivale a apostar hasta el fin por el coche y su filosofía individualista y contaminante a pesar de todos los pesares…

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Concertar la concertada

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Afirma con poesía y acierto el inspirador de la popular terapia de las “constelaciones familiares”, Bert Hellinger: “Nuestros antepasados siguen viviendo en nosotros, y por medio de nosotros quieren concluir algo que les dará a ellos y a nosotros paz.” Nuestros antepasados y sus creencias y sus sistemas de entender el mundo pueden merecer, más allá del respeto, también nuestra honra. Sin embargo, ese hueco en nuestro corazón no implica adhesión, hacer nuestro lo que ellos tan intensamente vivieron y fervientemente trasmitieron. Podemos honrar sin necesariamente adherirnos, podemos amar sin identificarnos. Nuestros grandes y pequeños conflictos sociales necesitan mucho de ese altruismo que salta y trasciende bandos, creencias y generaciones.

Euskadi reúne al mismo tiempo una importante fidelidad al pasado y a su vez una marcada cultura del rechazo. Nuestra reciente historia y lo mucho que nos ha tocado enfrentar ha fomentado el espíritu de la confrontación. Sin embargo, de su exceso también nos deberemos igualmente de liberar. A menudo no se le encuentra adecuado límite a esa cultura. Persuadir más allá de lo cabal en el reproche, implica hipotecar en buena medida el futuro. Honramos a nuestros mayores tomando de ellos lo más atemporal, lo más valido. No conviene excluirles de la noche a la mañana del futuro que nos toca gestar. La adecuación de su legado a los nuevos tiempos facilitará el ejercicio. La enseñanza religiosa puede por ejemplo mutar, desprenderse de las formas que no tienen vigencia y actualizar en lo fundamental, el sentido sagrado de la vida y la condición trascendental del humano.

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Enamorar de la vida

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La luz, la conciencia de lo positivo y evolucionante, así como el absurdo, el dislate tienen hoy la posibilidad de engullir todas las barreras, todos los límites. Las nuevas tecnologías no son a menudo neutras en medio de esta eterna contienda. La muerte se actualiza y digitaliza, ya ni siquiera se acicala. No se molesta en salir de casa. Elude astutamente cansinas tribunas. Hace prosélitos con el mínimo esfuerzo, gana adeptos con el simple pulsar de una tecla.

En la soledad de sus habitaciones millones de jóvenes de todas las latitudes y geografías están dando en estos momentos el “play” a unos vídeos que quitan o restan las ganas de vivir. El nihilismo histórico de los Pavese y los Maiakovski estaría ufano al constatar la artillería mediática de la que hoy goza. La globalización trae también sus contrapartidas, sus sorpresas “non gratas”. La universalización de la sinrazón, a través de la pequeña pantalla, es una de ellas.

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Sed de luz

XVMb33799ae-604a-11e9-8734-715cc24237b7.jpgHabía sed de luz. Había que desbordar esas pequeñas y oscuras atmósferas que apenas se clareaban con la mínima luz que permitían los alabastros. Era ya otro humano. Éste comenzaba a sentir cierta claustrofobia en medio de la reducida ermita del medioevo. Todo fue en realidad una cadena de acontecimientos que permitiría atrapar más luz en la tierra. El avance de las técnicas agrícolas permitió excedentes en la cosecha. Se inauguraba el comercio de la mano de una nueva clase social, la burguesía y con ella, un nuevo espacio, el burgo.

La ciudad ya no cabría en la estrecha ermita. El románico ya no resistía, no lograba contener todo lo que nacía en el interior humano. La “Nueva Jerusalem” no se podía encajar en esa atmósfera tan limitada que posibilitaba el arco de medio punto. Los compañeros constructores del románico, dieron paso a unas fraternidades más jerarquizadas. Hacían falta albañiles y maestros albañiles (maçons) para el nuevo y glorioso templo con el que ya soñaba la cristiandad y sus incipientes ciudades. La antigua fraternidad de los francmasones fue la encargada de dar vida al concepto de catedral. Dicen que fueron los templarios quienes pusieron la pasta. Los muros se ensanchaban y crecían. La luz entraba a raudales a través de esos grandes rosetones que de paso nos contaban historias sagradas. Las nuevas técnicas arquitectónicas con sus arcos ojivales, arbotantes y grandes arcadas nos sacaron de la claustrofobia de la Edad Media. La piedra tallada nos introdujo en el misterio, su símbolo y su aprendizaje sin límite. Quedaba inaugurado aquel libro colosal desbordado de oculta enseñanza.   

 

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¿Inyección amiga?

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El pasado de estricta moral y el presente de creciente nihilismo que batalla por deshacerse de ella, pareciera no querer dejar espacios a opciones intermedias, al mismo tiempo ponderadas y esperanzadas. El tema de la eutanasia ha irrumpido abruptamente en la campaña electoral, pero quizás éste no sea el marco más adecuado para encarar unas cuestiones tan fundamentales. Prima una reflexión más sosegada, liberada de ideología y de intereses banderizos, sobre grandes cuestiones como la eutanasia, el derecho a morir, la dignidad de la muerte… Estos temas gordianos han vivido a lo largo de la historia el secuestro de la tradición religiosa y hoy, en buena medida, el de la asepsia nihilista.

En la actualidad nuestro código penal castiga con de dos a cinco años el caso del suicidio asistido y de seis a 10 años el de la eutanasia. Dicen las crónicas que ya hace tiempo que el piano que tocaba María José Carrasco había enmudecido, que los pinceles con los que pintaba se habían secado. A sus 61 años tenía esclerosis múltiple desde hacía 30 años. Albergaba su derecho a morir, sin embargo, defender ese derecho, no significa necesariamente comulgar con el gesto.

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Nunca sobra el perdón

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El presidente de México, López Obrador, independientemente de su mayor o menor acierto en la solicitud de que el rey Felipe VI pida perdón por la conquista de México hace 500 años, nos ha acercado una reflexión necesaria. Nos ha dado la oportunidad de recapitular colectivamente, de repasar y repensar la asignatura del pasado. Nos ha predispuesto a reconciliarnos con nuestra propia historia. El máximo mandatario de la nación hermana nos ha presentado la oportunidad de rescatar nuestra responsabilidad en el tiempo en que fuimos los más poderosos. Pero, ¿hasta qué punto somos responsables de los errores de nuestros antepasados?

La tradición oculta nos habla de que existe un “karma” o responsabilidad personal, pero también de que existe un “karma” o responsabilidad colectiva. La responsabilidad colectiva se adquiriría desde el momento en que constituiríamos un alma colectiva diferenciada. A partir de esta premisa no sobraría el perdón, la oportunidad de acercarnos a otra alma colectiva, otrora adversaria. Avanzaríamos en conciencia admitiendo que no utilizamos acertadamente ese mayor poderío, reconociendo excesos, no eludiéndolos. La humanidad gana con plus de perdones, pierde con su déficit.

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CONSTELAR

Constelar es un permanente ejercicio de rendición, reconocer el mundo sagrado que es el otro con su órbita ya acertada y elíptica, ya caótica y desordenada.

Constelar es acercarnos a un centro capaz de abrazar las conciencias, los planetas, los universos. Es abrirnos a la Vida sin discriminación de ningún orden.

Constelar es observar la superficie soleada y luminoso de las tierras cercanas, saber en un momento perdonar sus cráteres más profundos y lunares.

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Una Rosa de todos

 

A los cien años de la muerte de Rosa Luxemburgo

Eran los albores de la Primera Gran Conflagración mundial. Europa comenzaba a desangrase como nunca hasta entonces. La sangre la ponían los campesinos y obreros de unas y otras naciones, los asalariados que padecían similares abusos en uno y otro bando, aquellos proletarios que comenzaban a soñar más allá de sus propias y limitadoras fronteras.

Quién sino ella, en medio de la furia patriótica germana, tuvo el valor de gritar firmando su sentencia de prisión primero, de muerte después. “No subáis a esos trenes…”.“Los soldados franceses son vuestros hermanos…” clamaba Rosa Luxemburgo a los soldados alemanes que partían a aquellas horribles trincheras de la Gran Guerra. Hoy hace cien años esta líder espartaquista fue ejecutada junto su amigo y también líder, Karl Liebknecht. Después de haber sido encarcelada y torturada, pagó con su propia vida el precio de la utopía.

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“Más lejos, siempre más lejos…”

enamorados.jpgNo necesitó sumarse a ningún manifiesto, ni enarbolar ninguna bandera lila. Su feminismo era “avant la lettre”. Él no quería a su mujer, él la veneraba. Aprovechaba la mínima ocasión para colmarla de sinceros elogios, de los más puros halagos. Con su hija cuidó igualmente que tuviera las mismas posibilidades y por supuesto derechos que sus hijos. El tema ni siquiera se mentó. Nadie lo podía poner en cuestión.

Esa veneración caló en ellos. Simone Beauvoir no les confesó nada que no supieran. Nadie les debió enseñar que la mujer es sagrada, que merece el mayor de los respetos, que debían cuidarla, amarla y por supuesto ahorrarse todo comentario vejatorio. Nadie les tuvo que leer la cartilla por whasap. Por eso les sorprende cuando se la leen hoy y enseguida piensan si no deberemos ir más lejos…

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